La inflación, el verdadero enemigo

Si bien en los años setenta y ochenta se discutía mucho acerca de las verdaderas causas de la inflación, ese debate parece haber cesado.



Por Gonzalo Neidal
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“Es bueno que haya un poco de inflación”, es una frase típicamente argentina. Y populista.“Es bueno que haya un poco de inflación”, es una frase típicamente argentina. Y populista.
Resume la escasa inclinación que tenemos hacia el rigor monetario y el control de los gastos. Entonces, para fundamentar nuestra propensión a la molicie, decimos que la inflación es buena. Claro que siempre que sea “un poquito”. ¿Y cuánto es “un poquito”? Nunca se sabe. ¿5% por ciento anual? Eso es ciertamente razonable. Incluso el 10%, que debería ya alarmarnos en razón de la historia que cargamos, nos parece un bajo porcentaje, algo aceptable.
Pero el problema es que la propia inflación no reconoce los límites. No los acepta. Del 10% se pasa imperceptiblemente al 20% y de ahí al 40%. Y así, ya estamos en el 45% anual.
Está claro que es éste y no otro el problema más grave que recibió el gobierno. Por en él se sintetizan los demás: exceso de gasto público, descontrol del déficit del presupuesto, emisión monetaria en abundancia. Y controlar el gasto, ya se está viendo, no es nada sencillo. Siempre se afecta intereses y surgen protestas. Nadie quiere perder su posición en la distribución del ingreso y, de ese modo, todos contribuyen a la inflación que, si avanza, hace saltar todo por los aires, con pérdidas generales.
El INDEC acaba de informar el 3,1% para el mes de junio. Por segundo mes consecutivo, las mediciones privadas, arrojan una cifra menor que la del ente oficial. Esto robustece el prestigio del INDEC y nos da gran seguridad acerca de que las cifras no se están mintiendo. La inflación va en baja pero está en el nivel del 45% anual, lo que coloca a la Argentina entre los cuatro o cinco países con mayor suba en el nivel general de precios.
Si bien en los años setenta y ochenta se discutía mucho acerca de las verdaderas causas de la inflación, ese debate parece haber cesado. Los fracasos del populismo muestran que la emisión monetaria descontrolada está en la raíz misma del problema inflacionario. La dinámica del populismo lleva al país siempre en esa dirección: gasto, déficit y emisión es su combo preferido. Y siempre en nombre del pueblo. Ahí está Venezuela para atestiguarlo. Un país completamente destruido y al borde de la disolución.
Lo peor de todo es que quien desencadena el proceso a fuerza de gasto público, logra engañar a anchas capas de población, que son los beneficiarios del gasto, y conquistan su apoyo. Y quien debe corregir el problema, es condenado por someter a dieta a toda la población con medidas restrictivas y ominosas. Aunque, hay que reconocerlo, cada vez son más los que vislumbran el verdadero mecanismo generador del flagelo.
¿Qué está haciendo el gobierno? Tratando de parar la inflación pero sin generar conflictos sociales que hagan el país ingobernable. Y no lo logra del todo, como puede verse en el caso del gas.
En definitiva, la verdadera bomba de tiempo dejada por el kirchnerismo, se llama inflación. Y es un desafío complicado que en los setenta años que transcurrieron desde mediados del siglo pasado, cuando se desató, apenas pudo ser controlada durante los diez años de la convertibilidad y de un modo que ya sabemos cómo terminó.
Este y no otro es el verdadero enemigo que enfrenta el gobierno.



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