La mala suerte de Francisco

Definitivamente, el Papa no tiene suerte. López podría haber elegido otro lugar para ponerse a revolear bolsos.

Por Gonzalo Neidal
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Papa-FranciscoComo Messi, Francisco goza de fama y prestigio mundial.
Como Messi, Francisco es cuestionado por gente de su propio país.
Como Messi, Francisco no parece tener la suerte de su lado.
Francisco actúa con severidad en el Vaticano, combate la corrupción, denuncia a los curas pedófilos, separa a los malos sacerdotes. Pero por algún motivo que no alcanzamos a entender completamente, en la Argentina se toma un descanso en su apego a los mandamientos al momento de elegir sus amigos. Cada día aparece una novedad respecto de la fraternidad entre la Iglesia católica y algunos personajes de la política local hacia los cuales Francisco se ha mostrado amistoso y simpático.
El episodio de los bolsos de José López y el convento, es para un capítulo del Decamerón, casi. Un hombre que regala chocolatines a un par de monjas ancianas a cambio de que le franqueen la entrada para esconder plata robada.
Para colmo, por estos días apareció Mario Rotundo, heredero de los bienes del General Perón y contó una curiosa historia. Relató que hace algunos años, el Obispo Rubén Di Monte (fallecido en abril pasado), que estaba a cargo del convento en cuestión, le ofreció US$ 100 millones por los bienes de Perón, que él administra. Lo hizo en nombre de funcionarios públicos de alto nivel entre los que mencionó a Néstor Kirchner y Julio de Vido.
Semejante cantidad de dinero asombró a Rotundo. Pero más lo sacudió la otra parte de la propuesta del obispo: debía devolver (retorno) 70 de esos 100 millones.
Todos suponemos que Di Monte habrá verificado en la Summa Teológica que con su propuesta no incurría en pecado. O, si efectivamente lo hacía, estamos seguros que habrá confesado su falta. Lo cierto es que el heredero de Perón no aceptó la propuesta y ahora se animó a relatar el episodio a la prensa.
Tuvo que aparecer el Obispo Emérito de San Isidro, Jorge Casaretto, para confesar su perplejidad marca Paenza: “nosotros no sabíamos nada; Di Monte se cortaba solo”. Casaretto reconoce que este hecho de corrupción “salpica a la Iglesia”. Y estamos de acuerdo con él.
Y en el medio de todo, aparecen fotos de Su Santidad muy sonriente con personajes de esta y otras historias similares, impregnadas de corrupción. A las ya conocidas se suma ahora Omar El Caballo Suárez, un sindicalista procesado y que no goza de gran prestigio.
Definitivamente, el Papa no tiene suerte. López podría haber elegido otro lugar para ponerse a revolear bolsos. La cancha de Boca, por ejemplo. O la Quinta de Olivos. Lugares tales habrían justificado la severidad del gesto con que Francisco recibe al Presidente, haciéndole saber su fastidio. Pero tuvo la mala suerte de que fueran tirados por encima de la tapia de un convento.
Es probable que el Papa deba dedicar un poco de su precioso tiempo a educar a su propia gente y explicarles que deben mantenerse distantes del dinero porque no es otra cosa que “el estiércol del diablo”, como Su Santidad ha revelado. O bien, que en caso de hacer transacciones, no pidan retornos. O, finalmente, si se ven obligados a reclamarlos, que al menos lo hagan en dinero nacional.
Porque la patria, es lo primero.



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