Carta Abierta y la Teoría Oswald

Sin pudor alguno, Carta Abierta la emprende contra el nuevo gobierno, sugiriendo… ¡corrupción! ¿No es increíble?

Por Gonzalo Neidal
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2016-06-28_GONZALEZ_LOPEZ¡Qué situación incómoda la de Carta Abierta! ¡Tener que ocuparse de José López, el hombrecillo de los bolsos y el convento!
Imaginamos el fastidio de los intelectuales kirchneristas que tienen que sobrellevar la lejanía del poder y la creciente evidencia judicial acerca de la naturaleza del gobierno que integraron y que aún defienden.
¿Qué hacer ahora ante un personaje que es pillado revoleando bolsos con la respetable suma de 9 millones de dólares? ¡Si al menos este hombre le hubiese hecho caso a Cristina y hubiese tenido sus ahorros en pesos!
Pero, además… ¡tener que ocuparse de algo tan pedestre como un ladrón!, algo tan lejano de los temas a que están acostumbrados, tales como la marcha de la humanidad o el reflujo de las ideas marxistas en Occidente.
¿Cómo abordar semejante tema que, además, no puede ser eludido, dejado a un costado?
Muy sencillo: con la teoría de Oswald.
Todos recuerdan que cuando asesinaron a Kennedy en 1963, rápidamente se capturó al presunto asesino: Lee Harvey Oswald. Él y sólo él mató al presidente. Sin conexión alguna con ninguna otra persona, organización, mafia o pandilla. Se trataba de un asesino solitario. Aislado del universo, una mañana se levantó y dijo: “voy a matar al Presidente Kennedy”. Y lo hizo. Punto.
Para Carta Abierta, López es un ladronzuelo suelto que lo único que hizo fue estampar una mácula al sólido prestigio de honestidad que contaban los gobiernos de Néstor y Cristina. Y, por supuesto, darle elementos a la derecha para que ahora salga a echar sombras de duda sobre la líder del proletariado en América Latina.
Lo primero que hace Carta Abierta es, lógicamente, separar los tantos. Una cosa es un funcionario ladrón y otra muy distinta es el gobierno kirchnersita. Entre ambos hay, como se sabe, una Muralla China. Además, ridiculiza a quienes acusan a López, se enoja con los K que salieron a indignarse y se ríe del exceso de moral de los que sienten bronca contra los ladrones. Por supuesto, todo esto de López es una mentira (“aparatosos procedimientos, cuyos resultados se van instalando como ciertos”) y que esto debe “ser denunciado por su corrosivo efecto manipulador sobre la mirada de la sociedad”.
Sin pudor alguno, Carta Abierta la emprende contra el nuevo gobierno, sugiriendo… ¡corrupción! ¿No es increíble? Ignora que esgrimir ese tema le está vedado desde la ética más elemental, en razón del prolongado y tesonero silencio que toda la intelectualidad K guardó en estos años de desfalco bochornoso.
Los ímpetus de protesta afloran en modo automático, sin correspondencia con la realidad. Alude a “una parte importantísima de la sociedad que se ve despojada súbitamente de tantos derechos adquiridos en estos años”. Linda frase pero no acierta a enumerar a qué derechos conculcados se refieren. Cuestiona la politización (ciertamente indebida y que hemos criticado en esta columna) que hizo Macri del Acto del Día de la Bandera… cuando durante años silenciaron las desmesuras de Néstor y Cristina en cada fecha patria.
También Carta Abierta deplora “un panorama de pasajes y veloces constricciones ampara nuevas mayorías en Diputados y Senadores, con el vértigo forzado que le otorgan las almas recientemente catequizadas y quizá hasta arrepentidas”. Quejarse de los abandonos que sufre Cristina es no entender cómo funciona el poder, lo que resulta asaz grave tratándose de intelectuales y consejeros del Príncipe, muchos de ellos setentistas y adherentes de cuanta revolución anda dando vuelta por el mundo.
La confesión del final es reveladora de los temores de los pensadores K: “…nos reconocemos como defensores delas políticas transformadoras de los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, políticas que deben predominar en el juicio justiciero sobre los demás aspectos que deben merecer agudas consideraciones autocríticas”.
O sea, esperemos que los gobiernos de Néstor y Cristina no queden en la memoria popular como los de una banda de ladrones.
Si ésta es su lucha, les espera una ardua tarea.
Y, por lo que puede verse hasta ahora, se trata de una batalla perdida.



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