De la Sota expectante ante implosión del PJ nacional

El caso López puede modificar los alineamientos en el justicialismo nacional. Los sectores moderados buscan despegarse del kirchnerismo y reagrupar a los disidentes.



Por Marcos Duarte

de-la-sota-peronismoEl cinematográfico episodio del ex funcionario kirchnerista cayó como una bomba en la precaria “pax armada” que reinaba en el peronismo nacional. Más allá de las derivaciones judiciales, el rocambolesco hecho puede ser el factor de acelere procesos que hasta el momento solo se insinuaban.
El Partido Justicialista, principal fuerza de oposición, se mantenía hasta hace unos días en una tensa calma que había conseguido, trabajosamente, luego de la salida de Cristina Kirchner del ejecutivo nacional. La hoja de ruta que los principales referentes parecían haber acordado preveía un lento proceso de reorganización en busca de un nuevo liderazgo.
La conducción nacional definida a principio de año era un emergente de esa situación política. José Luis Gioja, el elegido para encabezar la transición reunía en su persona todos los matices del abanico peronista. Es un ex gobernador, peronista clásico, leal al kirchnerismo durante sus doce años de hegemonía y con dialogo abierto con todos las tribus partidarias.
Los caciques provinciales del peronismo encontraron en el sanjuanino la persona justa para transitar el desierto sin producir una purga de los sectores intransigentes del kirchnerismo. Al mismo tiempo, pretendían que el líder partidario facilitara el dialogo con el gobierno de Mauricio Macri. En particular, buscaban un interlocutor que condensara la negociación sobre el financiamiento de sus ávidas administraciones provinciales utilizando como moneda de cambio el poder de fuego del PJ en el congreso nacional.
Las expectativas se cumplieron a medias. El protagonismo de Cristina Kirchner en el debate público y el riesgo permanente de rupturas en los bloques legislativos con los que amenazaban sus legisladores afines no permitió que el diálogo con el gobierno fuera lo fluido y organizado que pretendían los gobernadores del PJ. El gobierno nacional desplegó una estrategia de negociación individualizada con los mandatarios que licuó todavía más la referencia partidaria.
Como consecuencia de esto, el sector que conduce formalmente el PJ tuvo que lanzar la ofensiva legislativa que encarnó la llamada “ley antidespidos”. En términos políticos, la iniciativa implicó una reacción a los cuestionamientos que surgieron desde el kirchnerismo a la conducción política de Miguel Pichetto, mano derecha de Gioja y representante de los gobernadores, en el bloque de senadores luego de la votación favorable al proyecto oficialista de acuerdo con los holdouts.
En realidad, estas idas y vueltas dentro del universo peronista fueron una consecuencia del modelo de conducción por elegido. Gioja tiene todos los componentes para ser un nombre contenedor de todos los sectores pero carece de un valor que es invaluable para el paladar justicialista: liderazgo político.
El sanjuanino no es un conductor carismático y carece de toda esperanza de convertirse en una figura electoralmente atractiva. Su presidencia tuvo en sus inicios la función de aglutinar a las distintas tendencias internas en el largo peregrinar en busca de un candidato expectable.
Además, la alianza encabezada por Sergio Massa y José Manuel de la Sota decidió mantenerse al margen de la estructura formal del partido. En un principio, el tigrense lanzó el nombre del ex gobernador de Córdoba, pero esa jugada se diluyó en poco tiempo cuando los sectores moderados del PJ oficial decidieron marginar sin romper lanzas con los sectores del krichnerismo duro.
El caso López hizo añicos este delicado equilibrio. Los ribetes casi obscenos del episodio han puesto al peronismo en estado de debate y el vacío de un liderazgo que sustituya al de Cristina Kirchner se siente cada vez más. La fragilidad de los bloques parlamentarios fruto de las discusiones internas sobre la situación judicial de algunos de sus miembros corroen los cimientos de la principal fortaleza en la que el PJ pensaba refugiarse hasta que mejore el escenario.
En este contexto, el nombre de José Manuel de la Sota volvió a sonar en los corrillos justicialistas. Un día antes de la incursión del ex funcionario de Julio De Vido por el monasterio bonaerense, un dirigente del riñon del ex gobernador desalojaba a Cambiemos de una de sus plazas fuertes en nuestra provincia.
Los emocionados saludos de los dirigentes del justicialismo de todo el país a Juan Manuel Llamosas acompañados de sentidas referencias a la unidad del partido fueron señales claras de que los ojos de los principales dirigentes peronistas se posaban nuevamente en Córdoba.
Sin embargo, De la Sota fue contundente. “El peronismo cordobés es distinto del nacional, por eso no lo integramos. No atacamos a los adversarios, no somos opositores cerrados, apoyamos y criticamos, y hacemos propuestas” dijo en declaraciones radiales. Además, sostuvo que la conducción nacional del PJ no es representativa y abogó por una “refundación” partidaria sobre bases más institucionales.
Por otra parte, su sociedad política con Sergio Massa parece más sólida que nunca y el tigrense no parece estar interesado en encorsetarse en la estructura partidaria. Pero en política nada es tan absoluto. Si el raid de José López termina de provocar una ruptura definitiva entre los grupos kirchenristas y el peronismo clásico, hay quienes están dispuestos a poner una ficha en el nombre de De la Sota.



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