La Ley Sáenz Peña hoy

Hay dos elementos novedosos que introdujo la Ley 8871 de Reforma Electoral, sancionada el 10 de febrero de 1912 y mayormente conocida como Ley Sáenz Peña: el secreto y la obligatoriedad.

Por Nicolás Cereijo(*)

ley-roque-saenz-votoEl proyecto de reforma política que el gobierno nacional enviará al Congreso rememora lo ocurrido un siglo atrás con la Ley Saenz Peña. ¿Cuáles son algunos de los puntos en común? Historiadores como Luciano De Privitellio o Hilda Sábato se han abocado a estudiar la práctica del voto con la mira puesta en romper con la ilusión de una historia progresiva del sufragio y así quitar la idea de la perfección, para centrar más bien el análisis en los mitos, rituales, debates y significados que atraviesan a la práctica electoral.
En relación a las reformas electorales de principios del siglo XX (la de 1902 y la de 1912), De Privitellio dice que “el imperativo reformista nace de la convicción de que una poderosa brecha se ha abierto entre la sociedad y la política, lo que a su vez derivaba en la existencia de una vida política irremediablemente corrupta, artificiosa e irreal”. Nótese la presencia de la “corrupción” como elemento que impulsa a la necesidad de una reforma.
Hay dos elementos novedosos que introdujo la Ley 8871 de Reforma Electoral, sancionada el 10 de febrero de 1912 y mayormente conocida como Ley Sáenz Peña: el secreto y la obligatoriedad.
El primero inauguró en la práctica del voto el cuarto oscuro cuyo último objetivo fue representar la idea de igualdad, garantizando cierto respaldo para el votante frente a la exposición a la que estaba sometido con anterioridad. Al respecto, vale decir que si bien en los centros urbanos se registraron avances, no ocurrió lo mismo en muchas zonas rurales y del interior del país donde la intimidación siguió estando a la orden del día. Debido a la escasez de votantes, muchas veces la preferencia era difícil de disimular con el agravante de que las autoridades de mesa solían conocían a patrones, caudillos y funcionarios, lo cual hacía realmente difícil el secreto. En otros casos se apelaba a la viveza criolla, con inventos como voto en cadena el cual lamentablemente sigue teniendo vigencia.
Con la obligatoriedad pasó algo similar. Su objetivo de base era alentar la participación, más que nada con la gran afluencia de inmigrantes desde finales del siglo XIX que inevitablemente exigía a las elites políticas comenzar a incluir a más gente. Pero nuevamente la diferencia fue notoria entre las ciudades y los pueblos chicos.
Si nos trasladamos a la actualidad, partamos del elemento que se mencionó al principio: la corrupción. Episodios vividos el año pasado evidenciaron cierto agotamiento de usos y costumbres vinculados a las operaciones de los “aparatos” partidarios, que escandalizaron a buena parte de la sociedad. Justamente, el estudio de las prácticas del sufragio nos enseña, en primer lugar, que no hay que caer en la cómoda tentación de creer que el clientelismo político es propio de una fuerza política. En Argentina todas las fuerzas políticas que llegaron al ejecutivo han hecho uso del aparato del estado con la finalidad de ganar elecciones. Las vivencias documentadas muestran que su articulación fue moldeándose con el paso del tiempo.
En concreto, se cree que la Boleta Única Electrónica vino para ser el remedio final contra el germen llamado clientelismo. Pero más allá de lo risueño de la afirmación, es tan solo un paso en el avance a favor de la transparencia. Pero no más que eso, por ahora. De nada sirve el sistema de la BUE con listas espejos o acoples, así como en su momento poco efecto real tuvo el secreto en lugares donde los caudillos locales seguían dominando el escenario con la complicidad de funcionarios del pueblo. Como de manera precisa señala De Privitellio: “La historia de las prácticas electorales concretas no parece someterse a estas visiones en que la normativa alcanza para describir las prácticas”.
Para cerrar, considero importante seguir investigando acerca de las prácticas y los mitos, para entender que no hay soluciones mágicas ni un progreso lineal en cuanto a la modalidad de votación. Lo que antes fue el secreto y la obligatoriedad, hoy es la búsqueda de mayor trasparencia. Siempre hay motivos para mejorar. Al menos celebro el consenso general acerca de la sustitución de la lista sábana por la boleta única – electrónica o de papel – y lo veo como un avance frente a prácticas maliciosas. De la historia aprendemos a no quedarnos solo en la normativa, habrá que poner el ojo también en las prácticas.

(*)Director de Argentina Elections
Licenciado en Ciencia Política (UBA) y Maestrando en Ciencia Política y Sociología (FLACSO). Investigador en el Grupo Coaliciones Electorales perteneciente a la Carrera de Ciencia Política de la UBA.
Licenciado por Bastión Digital
www.bastiondigital.com.ar



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