Factureros y becarios, con un pie definitivo en el municipio

Formaron parte del trato entre Ramón Mestre y Rubén Daniele en la víspera de los concursos masivos en el municipio. Con la contratación por “artículo 8”, una tanda de 80 personas dio la zancadilla fundamental para su estabilidad en la usina de empleo público del Palacio 6 de Julio.

Por Yanina Passero
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municipalidad-de-CordobaConcursos por efectivizaciones. Así fue el trato entre el intendente Ramón Mestre y el perpetuo caudillo de los empleados municipales, Rubén Daniele, cuando aún corría el primer mandato.
El radical podría así cumplir con el desoído mandato de la Carta Orgánica que exige idoneidad y el paso por un proceso de evaluación puntillosa como requisito previo para convertirse en servidor público. El sindicalista instó a sus representados a participar de cada una de las convocatorias al entender que contaría con una herramienta clave para pelear por su estabilidad laboral en el Palacio 6 de Julio y sus dos centenas de reparticiones. Nada parecía que iba a alterar la paz que asomaba entre Mestre y Daniele. El secretario general del Suoem, incluso llegó a augurar una mejor relación con el Ejecutivo una vez que la alianza radical-macrista logró un segundo período en la Municipalidad, después de dos décadas de gobiernos cuatrienales. El nacimiento del Ente de Servicios y Obra Pública se convirtió en una iniciativa de gestión que bastó para correr el eje de relaciones municipio-gremio.
Daniele abrió fuego. Mestre suspendió las efectivizaciones de personal transitorio, tocando una callosidad autoinmune del sindicalista en el epílogo de su exitosa carrera frente al Suoem. Llegaba la paritaria y la intensión de la cúpula gremial que comanda la Lista Verde de cobrarse un saldo negativo de 40 días de paro para rebatir el Ente, invertidos en vano, como se sabe. Los negociadores mestristas descomprimieron la situación con un nuevo cronograma de pases a planta.
Las bases municipales aprobaron la propuesta y agentes “artículo 9” lograron su puesto de manera permanente en la usina de empleo público en la que se convirtió la Municipalidad desde hace más de una década. Hasta allí, no se registraban costos para el municipio. El trabajador que se desempeñaba bajo aquella categoría del Estatuto de Personal gozaba de iguales beneficios que su par efectivizado. Mismo sueldo y bonificaciones; iguales derechos y obligaciones.
El turno llegó para la base de la pirámide: empleados municipales que el gremio etiqueta dentro de la zona de “precaridad laboral”. Se trata de los monotributistas y becarios, muchos de ellos cumpliendo funciones que exceden el carácter expresamente temporal y circunstancial de sus contrataciones. Un abuso no sólo gremial, a decir verdad, también del poder político.
Alrededor de 80 monotributistas y becarios ascendieron un peldaño en el escalafón municipal. Desde hace 15 días se protocolizaron los decretos de sus pases a empleados contratados por artículo 8. Quizás sea la parte más costosa de los pases, en términos económicos. Hay becarios municipales que perciben no más de $3.500, mientras que un trabajador artículo 8 que trabaja 35 horas semanales puede llegar a percibir un promedio de $10.000. Cabe recordar que en esta categoría, el municipio no abona título, antigüedad o bonificaciones.
Si bien se estima una suma de 70 factureros y becarios por Secretaría municipal, los pases se realizarán de manera gradual y conforme a las negociaciones internas entre los delegados de cada área involucrada. Según versiones circulantes, la selección de pasantes seguirá un criterio nepotista. La prioridad la tienen los hijos de empleados municipales.
Independientemente de los mecanismos internos, el Suoem tiene una buena noticia para celebrar. Con estos pases, se dio un paso más para la estabilidad de todos los afiliados de la era Daniele, si se tiene en cuenta que rara vez se cayeron contratos en el municipio.



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