El hombre de los bolsos

Si Federico Fellini viviera, podría hacerse un picnic con el paisaje que ofrece la Argentina. Ayer, por ejemplo, un auto de alta gama llega hasta un convento casi abandonado.

Por Gonzalo Neidal
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jose lopez detenidoSi Federico Fellini viviera, podría hacerse un picnic con el paisaje que ofrece la Argentina. Ayer, por ejemplo, un auto de alta gama llega hasta un convento casi abandonado. Era casi la madrugada. Un hombre baja del auto y comienza a arrojar bolsos llenos de dólares al interior del convento mientras explica a las monjas que la policía lo perseguía para robarle el dinero que él quería donarles. Luego intentó una explicación inspirada en Robin Hood: “Yo robé para venir a donar acá”, le dijo a una de las monjas.
El personaje de los bolsos con dinero no era un desconocido que pasaba de casualidad por el lugar. No, era José López, importante funcionario del Ministerio de Obras Públicas durante la gestión de Julio De Vido. El inventario del dinero llevó varias horas y se habla del equivalente a varios millones de dólares, sumados los billetes de todas las monedas encontradas.
La escena, por su carácter grotesco e impensado, con abundancia de dinero, también nos remite a la serie Braking Bad donde los billetes de origen delictivo desbordaban cualquier tesoro y se necesitaban lugares no convencionales para amontonarlos.
De todos modos, el hallazgo no fue producto de investigaciones, escuchas, seguimientos ni de una ardua y sistemática labor policial sino del puro azar sumado a la torpeza del presunto delincuente. Un vecino llamó al 911 y un patrullero acertó a llegar rápidamente, sorprendiendo al ex funcionario en la incómoda situación de no saber qué hacer con tanto dinero. Como no podía ser de otro modo, el hombre de los bolsos intentó sobornar a la policía. Afortunadamente no lo logró y fue detenido.Este hecho, por sus características y volúmenes, quizá sea uno de los más representativos de los años recientes, la década obscena. Todo hace presumir que se trata de apenas una mínima porción emergente de situaciones similares que todavía desconocemos y de las que muy probablemente jamás podremos llegar a enterarnos. En su empeño por donar dinero al convento, López pasó por alto que últimamente Su Santidad viene rechazando las donaciones que se le ofrecen.
La abundancia de recursos, el consenso tácito del coro de aplaudidores (legisladores, gobernadores, militancia, PJ en general), la ausencia de controles crearon un contexto propicio para que el país quedara a merced de una banda de saqueadores que, además, invocaba su vocación popular y la defensa de los pobres para perpetrar y justificar sus desmanes.
Pero esa fuerza que nos gobernaba no era más que una suerte de Armada Brancaleone, desbordante de torpeza y desmesura.
Queda por ver qué hará la Justicia. Porque existe la sensación generalizada de que en este país los delincuentes no son condenados aunque sean pescados con las manos en la masa.
En esto también hace falta un ajuste.



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