Otra vez el baile de las tarifas

El gobierno fue y volvió con el tarifazo del gas. Calculó mal tiempos y subas. Las tarifas son una manera fácil y riesgosa de querer sumar votos. Los peligros del endeudamiento sin condiciones.

Por Gabriela Origlia

DYN02aEl debate empezó antes de que Mauricio Macri asumiera. Shock o gradualismo era la dicotomía en discusión. Todos coincidían en que ajuste habría, más allá del nombre que tomara, porque la herencia que dejó el kirchnerismo era campo minado. La incógnita era si todas las medidas llegarían de una sola vez o por goteo.

Hubo una mezcla. La salida del cepo y la devaluación –cuyos buenos resultados ya nadie discute- se tomaron rápidamente. Lo más duro que era el inevitable achicamiento de los subsidios empezó a demorarse. Cada paso terminó coincidiendo con la época en que la factura, por razones climáticas, vendría engordada.

A la luz se los quitaron en pleno verano y en vez de usar el mismo golpe para el gas y ahorrarse el gradualismo en el costo político esperaron hasta que bajaran las temperaturas. Pero eso fue lo de menos; el paso del tiempo –como sucede en cualquier proceso político que recién empieza- significa también la licuación de apoyo popular. Y hay, todavía, una más,



Está claro –aunque los argentinos seamos reacios a aceptarlo- que las tarifas que se pagaban eran insostenibles porque lo que no ponían unos lo ponía el Estado. Pero también es obvio que de un día para el otro no se puede multiplicar por diez una factura, sobretodo en una economía parada y en la que la mitad de las paritarias todavía no cerró. Precios actualizados e ingresos de un año atrás.

El rojo fiscal heredado es un problema mayúsculo pero los arreglos que requiere la economía –además de ese- son determinantes para que no se pueda resolver de una vez, salvo que se opte por empujar a la gente a reclamar a la calle. No es la primera vez que un gobierno debe consentir que la economía no sólo son números que cierran.

Con decenas de amparos en la justicia y fallos frenando los aumentos de tarifas el gobierno dio un paso atrás. El costo será de $2200 millones, más allá del político. El tema ya se lo habían planteado al ministro Rogelio Frigerio los gobernadores en la reunión de Córdoba, donde la Nación terminó negociando las condicionalidades fiscales que había puesto para el acuerdo por la restitución del 15 por ciento de la coparticipación. Ahí, tal vez, necesita menos gradualismo.

Después de años de precios mentirosos, el pago de los servicios en Argentina es una pieza clave para sumar votos. Un ejemplo es Córdoba. Viajar en colectivo y mirar quiénes pagan es una experiencia interesante; son los menos y, los que lo hacen, siguen afrontando uno de los boletos más caros del país. Con algunas tasas e impuestos la historia es parecida, muchos no pasan por caja y el resto  recibe cedulones por servicios que están lejos de tener correlación con esos valores.

Claro que la diferencia la pone el Estado con los riesgos que eso implica. Si debe transferir a privados, la acumulación de deuda suele terminar con un corte de protesta y sino, se renuncia a ingresos propios.

Cruzar base de datos, analizar a quién se le da y para qué es la receta que se aplica en países desarrollados y con prestaciones de calidad. El método implica tener información actualizada y detallada para no poner en la misma franja a quienes no son iguales aunque compartan la categoría, por ejemplo de estudiantes o jubilados.

La vuelta a los mercados financieros –Córdoba colocó el viernes US$725 millones a cinco años a 7,1%, la tasa más baja desde el arreglo con los holdouts- no debería implicar para ninguna jurisdicción una suerte de jubileo. El país ya tiene experiencia en lo que significa endeudarse sin que quede nada a cambio.

En el segundo semestre no habrá otro país. Puede que algunos indicadores mejoren, pero no habrá mucho para festejar. La economía no estalló (por lo que el kirchnerismo en términos políticos todavía sigue sacando réditos) pero quedó a punto. Acomodarla requiere decisión pero también ser tiempistas.



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