El sueño africano

Hace 20 años, ganaba el Oscar al mejor documental “When We Were Kings”, un excelente portal de acceso al panorama que se vivía en 1974, como marco del match en el que Muhammad Ali (fallecido el viernes a los 74 años) le arrebató el título de peso completo a George Foreman, en Zaire.

Por J.C. Maraddón

ilustra-cassius-clayTras haber perdido su libertad y haber sido trasladados al continente americano para trabajar como esclavos, miles de africanos sufrieron terribles penurias, entre las que se contaba una nostalgia interminable por la vida que habían debido abandonar a la fuerza. Ese sentimiento, junto con numerosos rituales y costumbres, se transmitieron de generación en generación, atravesando los siglos y las humillaciones de la esclavitud. Aun cuando esta inhumana explotación fue abolida por ley, los afroamericanos residentes en los Estados Unidos siguieron padeciendo una atroz discriminación, que les impedía acceder a derechos y a posibilidades de ascenso social que eran prerrogativa de los ciudadanos blancos.

En lo cultural, sin embargo, la influencia negra se había entronizado de forma tan rotunda, que algunas de las expresiones artísticas más representativas de los Estados Unidos estaban impregnadas por ella. El blues y el jazz, que tenían esa raíz, se ubicaron en el foco de la atención popular en la primera mitad del siglo veinte, más allá de que desde la industria del entretenimiento se promovían versiones edulcoradas de estos estilos, que a su vez eran exportadas a través de las grandes producciones de Hollywood, principales vías de difusión para los crooners y las grandes orquestas.

Otro ámbito en el que los afroamericanos ganaron notoriedad fue el deporte, donde tuvieron destacados representantes en las más diversas disciplinas. Tal vez haya sido el boxeo la práctica en la que mejor desempeño tuvieron, o por lo menos el que mayor repercusión les otorgó, a partir de la consideración masiva que obtenían aquellos que se lucían sobre el ring. No pocos de los ídolos del pugilato eran negros, en un tiempo en el que todavía eran consentidas las actividades de sectas como el Ku Klux Klan, pese a que en los papeles todos los ciudadanos eran iguales ante la ley.



Fue en los años sesenta cuando esta importante porción de los habitantes de Estados Unidos se lanzó de lleno a luchar por el respeto a sus derechos, ya de manera pacífica, como predicaba Martin Luther King, o en forma más violenta, como lo hacían los seguidores de Malcolm X. Precisamente en ese contexto es que surge uno de los mayores astros que ha dado el boxeo internacional: Cassius Clay, al que luego de su conversión musulmana se lo conoció como Muhammad Ali, fallecido el sábado a los 74 años. La figura de Ali excede largamente lo deportivo: sus puños fueron, junto a su proverbial verborragia y su histrionismo, un condimento insustituible de los reclamos por la igualdad racial.

Hace 20 años, el filme “When We Were Kings” (Cuando éramos reyes), de Leon Gast, ganaba el premio Oscar al mejor documental. La película es un excelente portal de acceso al panorama que se vivía en 1974, como marco del match en el que Muhammad Ali le arrebató el título de peso completo a George Foreman, en Kinshasa, Zaire. Fue, literalmente, un regreso al África de aquellos que varios siglos antes habían sido capturados y enviados a América. El arribo a Zaire, para formar parte del espectáculo, de músicos negros emblemáticos como James Brown y B.B. King, convirtió a esta misión en ese retorno que había sido añorado por decenas de generaciones.

Tal vez el episodio quedó desdibujado en el recuerdo por los millones de dólares que estaban en juego, aportados por el dictador Mobutu Sese Seko, que había llegado al poder mediante un golpe de estado que apoyaba la CIA. Mobutu necesitaba lavar la cara de su régimen, salpicado por denuncias de violaciones a los derechos humanos. Pero la magnitud del carisma de Ali se posaba por encima de todas estas eventualidades. Su victoria fue saludada como el advenimiento de un nuevo tiempo, en el que nadie iba a ser segregado por el color de su piel.



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