Ajuste con apoyo

El margen de respaldo de que goza el gobierno quizá signifique un hartazgo de las políticas populistas y del estilo peronista/kirchnerista de gobernar. Pero, claro, todo gobierno necesita resultados para que el respaldo pueda continuar a los largo del tiempo.

Por Gonzalo Neidal
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2016-06-05_MACRI (1)Encuestas conocidas ayer, de varias consultoras, dan cuenta de un fenómeno poco habitual: el gobierno y el presidente tienen niveles de adhesión iguales o superiores a los de noviembre pasado, momento del ballotage. Inusual porque desde entonces las noticias en el plano económico, a las que siempre se les atribuye un peso decisivo, no han sido buenas y han golpeado muy especialmente a los sectores de menores ingresos.

Claro que estos niveles de adhesión no permanecerán para siempre pero, a seis meses de su asunción, constituyen un dato a tener en cuenta y un hándicap estimable hacia Mauricio Macri.

También Alfonsín contó con un margen de expectativas que duró varios años. Podría decirse que hasta la rebelión “carapintada” de 1987. Había superado con relativo éxito las elecciones legislativas de 1985 (“No le ate las manos al Presidente”) pero en 1987 las cosas cambiaron completamente: el peronismo recuperó Buenos Aires y ganó en casi todo el país.



Menem también tuvo algunos meses de tolerancia tras su triunfo de 1989. Pero su nivel de adhesión popular comenzó a caer al no poder dominar la inflación. Recién casi dos años después de asumido, logró estabilizar la economía gracias, entre otros factores, a la presencia de Domingo Cavallo y su equipo que diseñaron el programa económico que pasó a la historia como “convertibilidad” y pudo lograrse una estabilidad monetaria que duró una década, el mayor período desde la posguerra.

Lo de Néstor Kirchner fue mucho más sencillo, aunque durante años se haya intentado instar lo contrario. Ya el gobierno de Eduardo Duhalde había hecho todo el trabajo “sucio” de los ajustes: devaluación, en primer lugar. Además, y decisivo: los precios de nuestros productos de exportación comenzaron a crecer en el mercado mundial y no pararon hasta mediados de 2008.

Lo de Macri, en cambio, ha sido bien complicado. Y lo sigue siendo. Un desastre económico sin estallido que concediera margen político para cirugía de fondo. Una economía al borde del abismo con prerrogativas completamente alocadas e insostenibles a lo largo del tiempo. Una economía que se encaminaba hacia una situación venezolana, sostenida por un discurso que la pintaba mejor que a Alemania. La corrupción desparramada por cada área, acompañada por la ineficiencia. Elevados niveles de pobreza e indigencia. Déficit en el presupuesto. Inflación altísima, para estos tiempos. Estancamiento que lleva años. Sindicatos que reclaman soluciones inmediatas, con gran intolerancia. Y un Partido Justicialista que apoya al gobierno sólo en aquello en que no tiene más remedio.

El margen de respaldo de que goza el gobierno quizá signifique un hartazgo de las políticas populistas y del estilo peronista/kirchnerista de gobernar. Pero, claro, todo gobierno necesita resultados para que el respaldo pueda continuar a los largo del tiempo. Resultados económicos. Porque, convengamos, los éxitos políticos e institucionales no despiertan excesivos fervores. Que se instale la decencia en el gobierno, que exista el diálogo, que el gobierno rectifique errores, que hayan cesado las agresiones desde la cima del poder, que los funcionarios ladrones paguen con cárcel, que exista la más plena libertad de prensa y expresión, son hechos muy importantes pero insuficientes.

Lo que parece decidir el voto popular es la economía, no la calidad institucional. Al menos, esto es así para una parte importante de la ciudadanía.

Como fuere, resulta alentador que pese al ajuste, Macri conserve aún altos niveles de adhesión.