Sin suba de boleto, Fetap advierte problemas con pagos

Pese a maratónicas reuniones con funcionarios municipales, no habría voluntad política de incrementar tarifas en lo inmediato. Los empresarios aseguran que no podrán enfrentar el cronograma de pagos de este mes y analizan medidas drásticas para achicar costos. Invitación abierta a la UTA.

IMG_4747Los concesionarios del sistema de transporte urbano realizan un simple, pero efectivo análisis: si el intendente Ramón Mestre gestiona con funcionarios nacionales una partida especial de subsidios para el sector es porque reconoce que el servicio tiene mayores costos y es necesaria una suba del precio del boleto. “Falta voluntad política”, rematan con cierto fastidio. No sólo el responsable del Palacio 6 de Julio sino cualquier productor, pequeño comerciante o vecino sabe que la inflación en alza hace de las suyas sin mirar a quien.
La gestión radical no niega que es una prioridad el incremento de uno de los servicios que utilizan las clases medias y bajas de la población, pero no quiere enfrentar el costo político por una decisión impopular, aunque necesaria. Son las empresas quienes tienen un margen mayor para soportar la escalada de precios, si se los compara con un simple trabajador. Ahora bien, así funciona en el plano ideal y la ecuación debe mantenerse equilibrada para que una prestación clave no corra riesgos.
El municipio subirá el boleto, aunque intenta consensuar con los responsables de las prestadoras el momento y los tramos. Desde la tarde del miércoles y durante toda la jornada de ayer, funcionarios del área de Servicios debaten salidas intermedias con los gerentes de Coniferal, Ersa y Autobuses Santa Fe. Claro que los tiempos de unos, no son iguales a los de otros.
Mestre quiere incrementar el boleto en noviembre, cuando se cumpla un año de la suba que fijó el precio actual del pasaje. Fetap quiere la reactualización ya. Un cronograma de pagos de varias escalas fundamenta la petición, si sólo se detienen en la partida de recursos destinada al sostenimiento de la masa salarial.
Rechazados los extremos, se analizaban otras posibilidades que sin duda afectarán el bolsillo de los vecinos. Una de ellas es quitar la bonificación que realiza la Municipalidad al pasajero apenas recarga su tarjeta Red Bus. El 10% de descuento que fijó la tarifa en 8,25 pesos para el usuario y 9,15 para las empresas persiguió morigerar el incremento del año pasado, aunque también compensar al vecino por primera vez, en lugar de las siempre auxiliadas transportistas. Si bien no hay nada definido, el corrimiento del beneficiario elevaría el precio del viaje a 10,06 pesos.
Una suba aceptable para los resignados ciudadanos; también en términos políticos para el Intendente que intenta relanzar la gestión después de un verano difícil que dejó al descubierto problemas de infraestructura urbana e inversiones. Igual, el paliativo no conforma. Las empresas no quieren menos de 12,60 pesos.
Como las reuniones siguen en fase de exploración y no hay definiciones concretas –sobre todo porque aún no hay precisiones de la Secretaría de Transporte de la Nación por 75 millones de pesos de subsidios extra para cubrir el costo total del aumento salarial de toda la planta de personal- desde la Fetap sacar a relucir sus mejores armas de presión. Fuentes calificadas anticiparon a Alfil que no podrán enfrentar un apretado cronograma de pagos sin fondos frescos.
En concreto, el 20 de junio es la fecha límite para el desembolso de los dos mil pesos no remunerativos que la nueva escala salarial. Dos días después, los choferes percibirán el anticipo salarial del mes y el 30 el medio aguinaldo. El 4 de julio se completa el salario. Si bien la Nación acompañará con fondos el incremento salarial, cabe recordar que 600 choferes quedan por fuera del cálculo de las partidas. El sistema local tiene 3,8 choferes por coche, cuando Transporte contempla sólo tres.
Con este panorama, las empresas advierten que tendrán serias dificultades para enfrentar sus compromisos. La frase puede interpretarse como una invitación abierta al juego a la UTA, que no tardará en sacar de circulación los coches apenas constaten problemas con sus liquidaciones. La alternativa es la más drástica, aunque también analizan otras medidas para reducir costos. Las frecuencias, no siempre las deseadas, podrían sufrir las consecuencias.



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