El Gran Arquitecto en la ciudad católica

La fobia hacia la masonería era un tópico recurrente en los periódicos cordobeses de las últimas tres décadas del siglo XX. Si se quiere vislumbrar la mentalidad de la época no hace falta imaginar, allí están los discursos elocuentes que la expresaban.

Por Víctor Ramés
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Masonic-3aLa amenaza denunciada durante el siglo XIX por la Iglesia católica sobre la masonería –que hoy lleva dos siglos en la Argentina-, inculcó en el pueblo católico una urticaria particular ante cualquier manifestación presuntamente masónica. La Encíclica In Eminente dada por el Papa Clemente XII en 1738 había prohibido “muy expresamente y en virtud de la santa obediencia, a todos los fieles, sean laicos o clérigos, seculares o regulares (…) de cualquier estado grado, condición, dignidad o preeminencia que disfruten, cualesquiera que fuesen, que entren por cualquier causa y bajo ningún pretexto en tales centros, reuniones, agrupaciones, agregaciones o conventículos (…), ni favorecer su progreso, recibirlos u ocultarlos en sus casas, ni tampoco asociarse a los mismos, ni asistir, ni facilitar sus asambleas, ni proporcionarles nada, ni ayudarles con consejos, ni prestarles ayuda o favores en público o en secreto, ni obrar directa o indirectamente por. sí mismo o por otra persona, ni exhortar, solicitar, inducir ni comprometerse con nadie para hacerse adoptar en estas sociedades, asistir a ellas ni prestarles ninguna clase de ayuda o fomentarlas; les ordenamos por el contrario, abstenerse completamente de estas asociaciones o asambleas, bajo la pena de excomunión..:”.
Se pueden encontrar huellas bastante nítidas del choque de mentalidades que provocaba intolerancia y violencia contra personas de credos disidentes, a lo largo de los últimos treinta años del ochocientos en la ciudad de Córdoba. Una señal clara de esto se manifiesta en 1867, cuando el diario El Progreso relata que una turba de muchachos apedreó y casi linchó a un vendedor de estampas, llamándolo masón. El mismo periódico liberal, en franco enfrentamiento con el diario católico El Eco de Córdoba, publica en 1870 un extenso editorial en el que acusa al Eco de favorecer, fomentar y apañar actos de intolerancia y de violencia contra extranjeros masones. El Progreso defiende la libertad de los últimos:
“Esa intolerancia que comienza por insultar al extranjero o al disidente que discute y escribe en defensa de sus ideas, acaba por atacar la constitución misma, que al establecer la libertad de cultos, ha establecido la libertad de pensamiento y de conciencia.” En los hechos, señala el artículo, “con cualquier pretexto, y a la más pequeña discusión que se entabla sobre algún punto religioso, se despierta de nuevo y con más acritud la intolerancia para la creencia de disidente, y bajo una faz u otra se viene a parar a la hostilización que se ha hecho y se hace de gringos masones.
Sobre la particular intolerancia que se incuba en Córdoba, dice el articulista: “En Buenos Aires está la silla del Arzobispado y la cabeza de esta Iglesia, y allí no se apedrea a masones. (…) Allí sus cadáveres no se arrojan al campo y los diarios católicos no llaman murciélagos, viciosos, ignorantes o perdidos, a los que se atreven a sostener por la prensa sus ideas. (…) Las noticias de haberse apedreado aquí un vendedor de estampas creyéndolo masón, y de haberse arrojado a pedradas un ministro protestante y un maestro de escuela, puede llegar a los centros europeos, y a los Estados Unidos que nos envían u emigración, y entones esa corriente extranjera puede mirar a Córdoba como un país inhospitalario…”.
Cinco años más tarde, en 1875, es precisamente el diario que se enfrentaba ideológicamente al Progreso, es decir El Eco de Córdoba “de los hermanos Vélez”, el que sigue ondeando la bandera antimásonica, al comentar un libro del Obispo de Orleans sobre la francmasonería:
“La francmasonería es la llaga que nos descubre este médico del orden moral; él ha sondeado, examinado, revelado, combatido todos los males de la sociedad, llega al foco principal de nuestra enfermedad, le descubre y nos la muestra.
Pero, y bien, qué es la francmasonería?
Es algo muy sencillo y honestísimo, se nos contesta. Hay algunos buenos amigos, se reúnen en logias; hacen juntos agradables comidas; se prestan servicios los unos a los otros; hacen al mismo tiempo todo el bien que puedan a los indigentes, a los hermanos desgraciados. Qué mal hay en todo esto?
(…)
Pero puesto que no hay mal, por qué se ocultan? ¿Por qué esos secretos? Por qué esos signos misteriosos de reconocimiento? ¿Por qué esas pruebas que hacen estremecer si son serias, que deben hacer reír, si no lo son?”
La transcripción final es de cinco años después, 1880. El diario La Carcajada comenta el “destape” que vive la masonería en Córdoba. En cierto modo, es el efecto del asentamiento de las ideas liberales en el proceso de construcción y modernización social de la Argentina, en el que tuvieron un papel determinante los masones.
“He aquí la asociación que acaba de salir a luz, causando una verdadera alarma en el pueblo católico.
La cosa no es para menos.
Una asociación de esta clase, establecida en un pueblo tan cristiano como Córdoba, es una cosa que da lugar a pensar.
Se dirá sin duda que esto no implica nada, puesto que la constitución nacional permite que se establezcan tales asociaciones; más los que conocemos lo que ocurría ahora diez años en materia de tolerancia religiosa, no podemos dejar de comprender que algo hemos avanzado en el sentido de descatolizarnos un poco.
Antes, el nombre solo de la masonería nos crispaba los cabellos y sus miembros tenían que celebrar las reuniones de la logia en subterráneos o lugares ocultos; mas ahora la decoración ha cambiado, una vez que los vemos, no ya como los murciélagos en las tinieblas, sino como las aves que sólo esperan la luz del día para extender sus alas y dejarse ver en el horizonte.
Con razón el beaterío se ha alarmado y celebrado conciliábulos para conjurar este mal que tan de cerca nos amenaza. (…) No obstante que la cuestión no la consideramos tan importante, puesto que en esta tierra todo el mundo tiene derecho para pensar como mejor le parezca.
¿Acaso porque exista la masonería es una razón para que el catolicismo se venga al suelo?”