Fadea no despega y achica más su planta

La firma empieza el mes con 300 empleados menos y con suspensión de actividades los días viernes, con el fin de evitar costos innecesarios. Mientras, la nueva conducción busca negocios para paliar el déficit de $ 1.400 millones que se generó sólo en el 2015.

2016-05-31_FELIPPAEn sintonía con los anuncios que el nuevo titular de la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea), Ércole Felippa, hizo a principios de abril, la empresa arranca el mes con 300 trabajadores menos.
Los ex dependientes dejaron la planta por jubilaciones anticipadas, por el vencimiento de sus contratos o por despido.
Además, la dirección de la compañía resolvió que la suspensión de actividad los días viernes continuará durante junio.
La medida, que se dispuso a partir del 22 de abril, estaba prevista para implementarse durante mayo, pero se prorrogó con el fin de evitar costos innecesarios mientras se buscan nuevos negocios.
Alrededor de 1500 empleados -entre los que figuran directivos, mandos medios y personal administrativo- quedarán afectados por la decisión, mediante la cual se busca un ahorro de 1,2 millón de pesos durante cada jornada. Ese monto está integrado por la reducción de haberes (en un 75 por ciento) y por la merma en el uso de insumos.
La ex Lockheed Martin está siendo investigada por un pasivo de $1.400 millones sólo en el 2015 y por no haber fabricado nada en años.
A principios de abril, Felippa anunció que para subsistir la fábrica necesitaba bajar su déficit en el corto plazo y dio un número concreto: 50 por ciento, mínimo. Antes, en una asamblea, Luis Heredia, delegado de la Asociación de Personal Aeronáutico, denunció que los trabajadores quedaron “salpicados” por las denuncias por inactividad, pero admitió que había “superpoblación de trabajadores”.
A partir de ese momento, Felippa le dio continuidad al plan de retiros voluntarios que abrió la directora “de transición” Cristina Salzwedel, quien implementó la iniciativa como un paso para disminuir lo que consideró un “sobredimensionamiento” de personal.
A poco de aceptar su cargo, en diciembre del año pasado, Salzwedel declaró que la empresa se hallaba “en estado de parálisis”.
Cuando el ex directivo de Manfrey confirmó la gravedad de la situación, dijo que sólo se necesitaban 500 empleados para las actividades que se desarrollaban y puso en duda la continuidad laboral de más de 1.000 personas, en un contexto de productividad muy baja o nula.
No obstante, manifestó que la intención era hacer “mucho más” y que el objetivo era lograr “darle trabajo” a Fadea.
Felippa habló de la posibilidad de explotar “nuevos negocios” con la tecnología ya existente, como el mantenimiento de aeronaves.
Los anuncios no sorprenden. La firma Lockheed Martin fue estatizada en agosto del 2009 y un año después los empleados denunciaron que estaban inactivos y que la Nación no había cumplido sus promesas.
El proceso que llevó a la situación actual incluye tres factores: demasiados empleados, poca o nula producción y pago de “horas extras”.
En el 2011, Fadea había aumentado un 45 por ciento su planta de personal y tenía los 1.600 dependientes con los que se encontró la nueva conducción.
En abril de 2011, cuando su productividad ya era crítica, contaba con 1.100 trabajadores, según información oficial.
Fuentes de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (Apta) señalaron que la mayor parte de los nuevos empleados se incorporaron durante la gestión del anterior presidente de la fábrica, el ultrakirchnerista Raúl Argañaraz, quien la condujo entre junio de 2011 y el 20 de diciembre del año pasado, cuando fue relevado de sus funciones por el actual Gobierno.
Al ingresar a Fadea, los “nuevos” tenían entre 22 y 26 años. La mayoría milita en La Cámpora, Kolina y Agrupación Evita.
El futuro de la empresa es incierto. Si bien hasta ahora tiene como único cliente a la Fuerza Aérea, mientras intenta reordenar la “herencia”, el directorio busca firmar nuevos contratos. Entre ellos, figura uno con la Policía Federal, para proveerle chalecos antibalas.
También hay conversaciones para que Fadea tome el mantenimiento de los aviones del Ejército y de la Armada y se están renegociando los términos del acuerdo con la brasileña Embraer, no sólo para “poner al día” lo pactado por el avión KC 390, sino para ampliar la provisión de partes de aviones.

Compañías deficitarias

En el 2009, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner estatizó el paquete accionario de la multinacional Lockheed Martin Aircraft Argentina SA, que había tomado el control de la Fábrica Militar de Aviones en 1995.
La Administración anterior argumentó que “los estadounidenses habían transformado la fábrica en un mero taller de mantenimiento de la Fuerza Aérea”.
Más de seis años después, integra la lista de compañías estatales deficitarias, junto a YPF y Aerolíneas Argentinas.
Pese a los discursos, la firma no fabricó nada: el último avión que salió de sus líneas de producción fue un Pampa que entregó la Lockheed, en el 2008.
Además, tomó personal en exceso (en general, militantes del “modelo”); dejó proyectos sin cumplir y sus únicos ingresos derivaron, casualmente, del mantenimiento de aviones a la Fuerza Aérea.
Ahora, pese a los problemas, se detectan discursos que plantean la necesidad de generar dinero, de activar la producción o, en su defecto, plantear actividades alternativas. Ya no hay funcionarios negando la realidad y opinando que las palabras “clima de negocios” son horribles.