Macri, Comandante en Jefe

El maltrato hacia los militares estaba permitido. Quien osara defenderlos quedaba incluido en el calificativo de simpatizante de la represión ilegial.

Por Gonzalo Neidal
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2016-05-30_MACRIEn su primer discurso como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, con motivo de celebrarse un nuevo aniversario de la creación del Ejército Argentino, el Presidente mostró que tiene plena conciencia del destrato sufrido por los militares durante los gobiernos kirchneristas.
El rechazo de Néstor y Cristina -si no odio liso y llano- hacia las FFAA tuvo una fuente robusta y clara: el resentimiento por la dura derrota infligida a la guerrilla durante los años setenta. En el fuego cruzado entre unos y otros, no hubo duda acerca de quien resultó el vencedor y quien el vencido en el terreno militar. Y de qué lado estaba el corazón de los Kirchner.
Aunque en el Ejército ya no queden rastros de los protagonistas de los años de plomo, el odio guerrillero hacia la institución sobrevivió en las mentes y los corazones de los movimientos de la izquierda peronista, que Néstor y Cristina decidieron encarnar, no sin una gran cuota de impostura.
El maltrato hacia los militares estaba permitido. Quien osara defenderlos quedaba incluido en el calificativo de simpatizante de la represión ilegial. O cosas peores. Y el maltrato incluía los sueldos y jubilaciones, hasta hacerlos llegar a valores ridículos. Un militante de La Cámpora, que no realizaba tareas efectivas, ganaba mucho más que un militar de alta graduación, con décadas de carrera militar. Era el odio hacia los vencedores. Una situación completamente injusta y ofensiva, cuyo final acaba de anunciar el Presidente Macri.
Claro que no se trata sólo de los sueldos y jubilaciones. El Ejército y las FFAA en su conjunto deberían recuperar su lugar entre las instituciones que son pilares de la república. Eso supone recursos, presupuesto, dinero, pero también un gesto político que jerarquice la tarea y que haga recuperar el orgullo a quienes canalizan su vocación en la carrera militar.
Pero si los Kirchner pudieron ejercer tanto desdén hacia los militares, fue porque amplias franjas de la sociedad argentina compartía en términos generales esa visión sobre las FFAA y su comportamiento durante los años setenta.
La sociedad argentina aceptó y aprobó silenciosamente la represión hacia la guerrilla y luego la participación en la Guerra de Malvinas. Sobrevino la democracia, el Juicio a las Juntas, las sublevaciones carapintada, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y luego su anulación y el encarcelamiento de centenares de militares que, ahora ancianos, ni siquiera pueden beneficiarse con la prisión domiciliaria ni la aplicación del Pacto de San José de Costa Rica, respecto del tiempo de permanencia en prisión sin condena.
No se trata, pues, solamente de los sueldos y jubilaciones. Quedan muchas iniquidades para corregir en este plano. Esperemos que el discurso de Macri signifique que comienzan a darse los primeros pasos en un camino que es preciso recorrer para cerrar una de las grietas más antiguas y estruendosas.



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