El “testigo estrella” Viarnes devela una gran mentira

Juan Viarnes es un gran mentiroso. No hay dudas de ello. Pero, si se confirman sus declaraciones reproducidas ayer por el matutino La Voz del Interior (o al menos, parte de ellas), puede transformarse en el protagonista central de una enorme felonía contra el exgobernador José Manuel de la Sota, urdida desde las entrañas del kirchnerismo.

Por Pablo Esteban Dávila

ilustra-senestreri-Viarnes-y-berniJuan Viarnes es un gran mentiroso. No hay dudas de ello. Pero, si se confirman sus declaraciones reproducidas ayer por el matutino La Voz del Interior (o al menos, parte de ellas), puede transformarse en el protagonista central de una enorme felonía contra el exgobernador José Manuel de la Sota, urdida desde las entrañas del kirchnerismo.
Vale la pena reproducir textualmente los conceptos centrales que expresó desde una cárcel en Paraguay. Afirmó que no quiere ser extraditado a la Argentina porque teme por su vida; especialmente, porque sabe mucho del “Gobierno nacional que se fue” (de Cristina Fernández de Kirchner) y para el que aseguró haber trabajado. Respecto a su rol dentro del “narcoescándalo”, dijo que fue mandado a hacer el trabajo por “ellos” (el gobierno K) y que luego le soltaron la mano porque “no quiso ir contra De la Sota”, como le “habían pedido”. Finalmente, aseguró que se “reportaba directamente a Sergio Berni”, el ex secretario de Seguridad de la Nación, que dejó el cargo en diciembre.
En otras palabras: Según Viarnes, fue un agente del gobierno de Cristina Fernández para desestabilizar al gobierno de Córdoba.
El asunto es particularmente grave. No solamente porque a raíz de la novela de “el Francés” seis personas estuvieron presas por más de dos años sin que hubiera motivos suficientes para su detención, sino porque Viarnes contó con la complicidad (o la estupidez o una combinación de ambas) de la Justicia Federal de Córdoba y de los Servicios de Radio y Televisión (SRT) de la Universidad Nacional.
Esta combinación dio origen, como se recuerda, al sonado “narcoescándalo”, que finalmente resultó ser una enorme fábula, tal como terminó comprobándose.
Para Alfil, el asunto siempre fue poco claro, pero fue el único medio que lo dijo sin medias tintas. La mayor parte del periodismo cordobés aceptó acríticamente la versión de Viarnes, hecha suya por el fiscal Enrique Senestrari y propagada con enorme irresponsabilidad por el programa ADN conducido por el actual concejal Tomás Méndez.
Durante buena parte del segundo semestre de 2013, para muchos sectores de la opinión pública De la Sota y la Policía de Córdoba estaban coaligados con el narcotráfico.
Ahora, todo esto se cae, como una vulgar mascarada de carnaval. Viarnes dejó en claro, por si quedaba alguna duda, que Berni estuvo detrás de la jugada y que, al final del túnel, el propio Carlos Zaninni asomaba su nariz. No hace falta ser muy sagaz para adivinar la maniobra. El propio Berni afirmó en el programa “Intratables” el año pasado: “Tuvimos que detener a un montón de policías (cordobeses) acusados de narcotráfico”, en el medio de un duro cruce con De la Sota. A confesión de partes relevo de pruebas: El mentiroso ha revelado una colosal mentira.
Todo esto es escandaloso por donde se lo mire. El gobierno nacional, con recursos públicos, compró a un informante para que desparramara una versión trucha sobre un adversario político. Luego un programa de televisión, emitido por un canal universitario desembozadamente kirchnerista, difundió la especie y produjo, entre otros efectos, un suicidio, renuncias políticas y un terremoto en la cúpula policial de Córdoba. Finalmente, un fiscal de Justicia Legítima terminó cerrando el círculo, acusando a los oficiales señalados por Viarnes y llevándolos a prisión.
En cualquier país serio esta cadena de mentiras tendría consecuencias muy serias. Berni y compañía deberían ser investigados a fondo por esta operación, destinada a desestabilizar a un gobernador legítimo. El kirchnerismo no sólo privó a los cordobeses de los fondos que les correspondían por una represalia contra De la Sota, sino que utilizó los recursos del bajo mundo para inventar un episodio delictivo y amplificarlo con dineros públicos.
Lo lamentable de todo esto fue que, en el medio de la crisis, los que hoy se escandalizan por las revelaciones de Viarnes prefirieron entonces sospechar de las autoridades provinciales. Para ellos, quienes señalaban a la Casa Rosada por lo que estaba ocurrido apelaban a vulgares coartadas para escapar de sus responsabilidades. ¿Reconocerán ahora el yerro?
La falta de escrúpulos del kirchnerismo ya era legendaria pero, con esta revelación, se transforma en una conducta antidemocrática y delictiva. ¿Hasta dónde estaban dispuestos a llegar los funcionarios de la señora de Kirchner con tal de esmerilar al gobierno provincial? ¿Qué hubiera sucedido de haber triunfado Daniel Scioli? Son preguntas de cuyas respuestas es preferible no imaginar.
Quién seguramente no haya previsto este giro ha sido Méndez. Diez días atrás, al conocerse la detención de “el francés” en Paraguay, el periodista afirmó, enigmático: “Se acabó la impunidad si es que Viarnes cuenta todo lo que tiene que contar”. Ya dijo algo y, la verdad sea dicha, no lo deja bien parado. El conductor de ADN aparece como un cazador cazado, un mero instrumento del plan urdido por Berni y centro de todas las sospechas.
Viarnes ha mentido una vez y puede que esté haciéndolo ahora. Nada puede descartarse. Pero son muchas casualidades juntas, y todas apuntan al kirchnerismo. El eje Berni – Justicia Legítima (Senestrari) – ADN (Méndez) es suficientemente revelador sobre la trama oculta detrás de todo lo sucedido que, nunca debe olvidarse, costó la vida a un policía, arruinó la reputación de otros cinco y permitió que los narcotraficantes gozaran de un veranito fantástico, bonificado alegremente desde la Casa Rosada gracias a la tirria contra De la Sota y el peronismo cordobés.



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