Gobernar para los ricos

En 1953, el entonces presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower nombró como secretario de defensa a Charles Wilson, que venía de ser titular de la General Motors.

Por Gonzalo Neidal
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P10En 1953, el entonces presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower nombró como secretario de defensa a Charles Wilson, que venía de ser titular de la General Motors. En una conferencia de prensa al momento de su asunción, un periodista le preguntó cómo orientaría sus decisiones en el caso de una contradicción entre intereses de los EEUU y los de la General Motors. Wilson respondió que él no imaginaba ninguna situación en la que los intereses de uno y otro estuviesen enfrentados y redondeó: “Lo que es bueno para los Estados Unidos, es bueno para la General Motors”.
La idea de que los intereses del país van en la misma dirección que los intereses de los empresarios no tiene demasiados adeptos en la Argentina. Siempre se habla de la necesidad de la existencia de una burguesía nacional, esto es la existencia de una clase empresaria con vocación de poder y con un proyecto de país. Lo más cerca que estuvimos de lograr algo como eso fue en los años noventa, con la Fundación Mediterránea, nacida desde el interior del país para disputar espacios de poder con el empresariado portuario, algo que logró sólo a medias.
El kirchnerismo, que también coqueteó con la idea de un empresariado consolidado y ambicioso, apenas concretó el proyecto mezquino con personajes como Lázaro Báez, un torpe mecanismo de drenar recursos públicos hacia los bolsillos del poder. Y ahora, el propio kirchnerismo al que se suman otros sectores del peronismo, hacen el intento de señalar a Mauricio Macri como un presidente que “gobierna para los ricos”. Y, al contrario, el peronismo desde la oposición, sería el partido que se ocupa de defender los intereses de los pobres. Un ejemplo a mano: la ley llamada anti-despidos que en realidad es una ley anti-empleos.
El concepto peronista (y también de la izquierda, y también de la Iglesia Católica) no es otro que ese: o se gobierna para los ricos o se gobierna para los pobres. Disyuntiva de hierro. De tal modo, cualquier medida efectista, que produzca un momentáneo alivio para “los pobres”, es aplaudida con beneplácito aun cuando en un plazo mayor, genere graves problemas que, en todo caso, ya se verá cómo se solucionan a quien le toque enfrentarlos.
Pero a su vez todos coinciden (o dicen hacerlo) en que la verdadera solución al flagelo de la pobreza es la consolidación de la economía en el camino del crecimiento y, en consecuencia, de la generación de empleo. Empleos genuinos y no dádivas es la verdadera forma de combatir la pobreza.
De tal manera, entonces que el estímulo a los empresarios privados (“los ricos”), que son los que invierten y generan empleo, se integra de este modo como parte de la solución. Para decirlo más crudamente: el empresariado no es un enemigo de la patria sino un aliado de los gobiernos en la construcción del país, en la generación de empleo y, como consecuencia, en la solución del problema de la pobreza de un modo permanente y estructural.
No es que los políticos no sepan que este es el camino verdadero. Lo que sucede es que siempre resulta más fácil y tentador tirar frases que denoten una gran preocupación por los pobres pues eso acarrea votos y apoyos en los sectores populares.
En su marcha partidaria, el peronismo incluyó la consigna “combatiendo al capital”, que siempre era cantada con especial énfasis y vigor por los sectores de izquierda, que buscaban señalar de ese modo la importancia que le daban. Luego, en tiempos de Menem, se aclaró que el capital que se mencionaba en la marcha aludía al capital financiero e improductivo y que de ninguna manera se impugnaba al capital reproductivo.
Pero el acoso al capital siempre está presente. Ahora se intenta identificar a la gestión de Macri como un gobierno preocupado por los ricos y desentendido del destino de los pobres.
La creación de una muralla entre unos y otros es un enunciado demagógico que no facilita la solución al problema de la pobreza ni, por supuesto, al del desarrollo económico.
A esta altura, el peronismo ya debería entenderlo.



1 Comentario

  1. No sé si el autor de la nota es ingenuo o es cínico…o peor, nos quiere vender humo. Por supuesto que la economía de un país se basa en sus empresas, industriales, agropecuarias, de servicios, etc. Pero no se puede ser tan tendencioso de desconocer que, en el capitalismo vernáculo, la tradición siempre ha sido ajustar a los pobres, reducir sus beneficios y subsidios, y simultáneamente, quitarles peso impositivo a los empresarios y beneficiarlos con medidas sectoriales…
    La teoría del «derrame», sostenida arteramente por los gobiernos neoliberales, es descreída por ellos mismos. Las experiencias vividas a través de los años de aventuras bajo la tutela del dios Mercado han demostrado que el incremento de la riqueza de los «elegidos» jamás sirvió para el desarrollo del país y mucho menos para aliviar la pobreza, sino para abultar los depósitos en el exterior.
    En consecuencia, por lo menos en nuestro cuatrereado país, la disyuntiva planteada es absolutamente válida.

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