Nacionalidades

En Santiago de Chile se ensaya a toda máquina la obra titulada “Cerati, Nada Personal”, un espectáculo musical escrito, dirigido y actuado por chilenos, cuyo estreno está previsto para los primeros días de junio y que ha generado grandes expectativas del otro lado de la Cordillera.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-ceratti-y-amenabar-bailandoMientras el domingo pasado se presentaba en la feria porteña el libro “Yo conozco ese lugar”, la autobiografía de Zeta Bosio publicada por editorial Planeta, en Santiago de Chile se ensaya a toda máquina la obra titulada “Cerati, Nada Personal”, un espectáculo musical cuyo estreno está previsto para los primeros días de junio. Escrita, dirigida y actuada por trasandinos, esta propuesta teatral ha generado una gran expectativa en el vecino país, donde Gustavo Cerati residió por un tiempo y donde nacieron sus hijos Benito y Lisa, producto de su relación con la modelo y artista chilena Cecilia Amenábar.
Sabido es que los argentinos no somos objeto de grandes bienvenidas del otro de lado de la Cordillera de los Andes, de la misma manera que no existe aquí un afecto generalizado hacia el pueblo chileno. Han sido demasiados los años que hemos transcurrido entre conflictos limítrofes y rivalidades deportivas, que han acentuado nuestras diferencias en vez de resaltar las similitudes. Porque, si bien podemos no coincidir en la idiosincrasia, desde lo más profundo de la historia compartimos una región continental, un sustrato aborigen parecido y una misma corriente colonizadora, por citar apenas tres de los nexos más sobresalientes que nos unen.
Como siempre, es la cultura la que puede mediar en este tipo de relaciones conflictivas entre naciones. Pero en la geopolítica de la industria del entretenimiento, el vértice por donde pasan todos los flujos de intercambio se encuentra en el hemisferio norte. Y en el caso de la música latinoamericana, ese nudo donde se cruzan todos los caminos se sitúa desde hace años en Miami. Por eso, resulta difícil establecer puentes que eludan ese circuito ya establecido y que posibiliten un ida y vuelta artístico directo, que no requiera la intermediación siempre interesada de las multinacionales que se arrogan el derecho de regular el mercado.
En los años ochenta, cuando el rock argentino transformó en acto todo lo que había mantenido en potencia, la expansión hacia los países limítrofes se volvió imparable y Soda Stéreo era una de las bandas que tenía un perfil más exportable. Su repercusión en Chile fue tan rotunda, que derivó en un inédito proceso de adopción. Para Gustavo Cerati, Chile pudo haber representado en un principio tan sólo un nuevo mercado a conquistar. Pero, con el correr del tiempo, pasó a ser un campo abierto para su crecimiento profesional e individual, habitado incluso por sus seres queridos.
Por eso, es absolutamente entendible que haya sido en Santiago donde surgiera esta iniciativa de montar un musical sobre el artista argentino fallecido en 2014, tras haber permanecido más de cuatro años en coma por un ACV. Este tributo chileno a la memoria del ídolo rockero no hace sino reflejar cuánto afecto supo ganarse Cerati en un lugar donde, generalmente, quienes vamos desde acá no somos recibidos con simpatía. Es evidente que el guitarrista y cantante supo ganarse el corazón del público trasandino, no sólo con sus canciones, sino también con su carisma y su respeto hacia nuestros vecinos del cono sur.
No faltarán los que, ante la noticia de que allá planean retratar a Cerati en un musical, pondrán el grito en el cielo y contemplarán la posibilidad de emitir declaraciones de repudio que reparen semejante afrenta. Peor aún si se enteran de que, en la obra, hay un actor que asume el rol del Flaco Spinetta. Porque nunca faltan los que se irritan frente a cualquier estímulo, sin reflexionar acerca de si se trata de una simple provocación o de un homenaje. Habría que esperar el estreno y asistir a alguna de las funciones, para que recién entonces, con todos los elementos necesarios, podamos emitir nuestra opinión sobre un acontecimiento en el que muy poco tienen que ver las nacionalidades.