Todos unidos triunfaremos

La votación de la llamada Ley anti despidos en la Cámara de Senadores es un hecho que debe ser claramente registrado en nuestra memoria porque constituye un dato que no hay que perder de vista en la política nacional.

Por Gonzalo Neidal
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2016-04-28_PJLa votación de la llamada Ley anti despidos en la Cámara de Senadores es un hecho que debe ser claramente registrado en nuestra memoria porque constituye un dato que no hay que perder de vista en la política nacional.
Mucho se ha hablado y se habla acerca del carácter “no peronista” del kirchnerismo. Suele decirse que se trata de “infiltrados en el movimiento nacional”, de “izquierdistas que conquistaron el poder” y, desde ahí, lograron imponer su hegemonía en el partido creado por Perón. Se especula acerca del magro destino que le aguarda a partir de ahora, que reviste fuera del gobierno y distante de los recursos del estado nacional.
Más allá de la cuota de verdad que contengan estas afirmaciones, la votación del Senado revela claramente que las diferencias de matices existentes entre todos los sectores del peronismo de ninguna manera representan un obstáculo al momento de emprender una estrategia de debilitamiento del gobierno nacional.
Podrá decirse que se trata de la oposición y que, en consecuencia, están obligados a jugar ese rol. Podrá decirse que Macri debería ya darse por satisfecho por la aprobación del arreglo con los holdouts. Pero lo cierto es que una ley como la aprobada en el Senado (falta todavía que sea ratificada por la Cámara de Diputados) tenía el rechazo de los funcionarios y legisladores del gobierno de Cristina hace tan sólo dos años.
En efecto, en 2014 y ante una propuesta de Sergio Massa, fue el propio Héctor Recalde quien advertía que “prohibir despidos obstaculiza nuevas contrataciones”. Y toda la prensa kirchnerista lo repetía a coro. ¿Qué ha sucedido? ¿Acaso ya no es contraproducente tener una ley anti despidos? ¿O es que se la impulsa, precisamente, porque es mala para la economía y eso perjudicaría al gobierno de Macri?
Lo cierto es que todo el peronismo se juntó alrededor de este proyecto y le puso su voto. Incluso los massistas. Massa había hecho conocer su pensamiento crítico a esta ley, rectificando así su posición originaria, ante una reconvención de Roberto Lavagna. Pero los senadores de su grupo votaron a favor. El cordobés Carlos Caserio (delasotista) quizá no se animó a votar en uno u otro sentido y prefirió ausentarse, igual que el santafesino Omar Perotti y Carlos Menem.
Pero el resto votó a favor. Incluido el hermano del gobernador de Salta. Incluidos los peronistas pampeanos. Incluido “el Adolfo”. Y, por supuesto, Miguel Angel Pichetto.
Lo que antes estaba mal, porque gobernaba Cristina, ahora está bien porque gobierna Macri. Porque de lo que se trata es de incomodar al gobierno nacional sobre todo con leyes que aunque sean malas para el país al menos cuenten con la condición de hacer aparecer a los que la votan como gente solidaria y sensible a los intereses del pueblo trabajador.
Eso y no otra cosa es el peronismo.
Cuando aparece la oportunidad de hacer populismo aunque sea con leyes perjudiciales que se intenta hacer pasar por “conquistas sociales”, ahí están todos dispuestos a votar en nombre de los interese populares.
Las leyes que no se animaron a exigírselas a Cristina, ahora quieren imponérselas a Macri.
Para joderlo, está claro.