Famosos por un rato

Dos chicos de la secundaria protagonizan el suceso viral del momento: Joshua Holz, de 15 años, grabó una serie de brevísimos videos en los que se ve a su amigo Daniel Lara, de 14 años, luciendo unas zapatillas Van, mientras se escucha de fondo la voz de Joshua que le dice “Damn, Daniel!”.

Por J.C. Maraddón
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Dos chicos de la secundaria protagonizan el suceso viral del momento: Joshua Holz, de 15 años, grabó una serie de brevísimos videos en los que se ve a su amigo Daniel Lara, de 14 años, luciendo unas zapatillas Van, mientras se escucha de fondo la voz de Joshua que le dice “Damn, Daniel!”.

Desde hace unos cuatro años y medio, en esta columna venimos cronicando, entre otras cosas, la evolución de los contenidos que se difunden a través del soporte de la web (o de los teléfonos móviles) y que de alguna manera admiten ser insertados en el amplísimo universo de la cultura. Productos que miden su popularidad por la cantidad de veces que son reproducidos, compartidos o megusteados, y que generalmente son elaborados por (y para) gente de no más de 30 años, es decir, personas cuyos recuerdos de una época sin computadoras ni celulares son escasos o, directamente, nulos.
Los grandes hitos en la historia de estos contenidos digitales tienen que ver con la aparición de Youtube, el auge de las redes sociales y, más recientemente, la adopción del WhatsApp como forma de comunicación más utilizada. A través de estos canales, las expresiones (espontáneas o no) de esta raza de creativos del siglo veintiuno adquieren carácter masivo y consiguen impulsar a sus autores hacia una popularidad inesperada, que en muy pocos casos se prolonga en el tiempo más allá de lo justo y necesario. Como cumpliendo la profecía de Andy Warhol, esta fama virtual suele no extenderse más allá de los citados “15 minutos”.
Por estos días, mientras los malabares financieros de Twitter quedan en evidencia en las páginas de las revistas de economía y las estrategias de Facebook para entretener a sus usuarios empiezan a rayar en el absurdo, otras redes sociales se esfuerzan en ganar adeptos y en presentar especificidades en las que centran su atractivo. La táctica parece ser similar: dirigirse primero a algún segmento muy concreto con alguna necesidad específica, proponer una satisfacción para ese requerimiento y desde allí ampliar luego su llegada, hasta alcanzar a públicos que originalmente no habían registrado la existencia de este flamante descubrimiento.
Aunque lleva más de cinco años disponible, Snapchat es una de las aplicaciones que mejor se perfila hoy entre los adolescentes. Sus desarrolladores partieron de la sensación que les queda muchas veces a quienes suben contenidos, de los cuales después se arrepienten. Snapchat permite enviar textos, fotos y videos que, en cuestión de segundos, desaparecerán sin dejar rastros en los dispositivos de sus destinatarios. Con este simple y maquiavélico argumento, la herramienta es actualmente la favorita para millones de personas que la utilizan de manera cotidiana en ese intercambio permanente de archivos en el que se ha convertido la vida para muchos de nosotros.
Y ha sido Snapchat el escenario en el que se ha verificado hace poco más de un mes la intrusión de dos estrellas virales que primero han sido noticia en los grandes medios de comunicación estadounidenses y que, por la lógica global de internet, ya han llegado con su travesura a los confines del planeta. Joshua Holz, de 15 años, grabó una serie de brevísimos videos en los que se ve a su amigo Daniel Lara, de 14 años, luciendo unas zapatillas Van, mientras se escucha de fondo la voz de Joshua que le dice “Damn, Daniel!”, como burlándose de su calzado.
La broma de Snapchat se trasladó a Twitter, donde Joshua compiló todos los videos en un Vine de 30 segundos que en pocas semanas se ha transformado en un suceso de todas las redes sociales. A esta altura, el dúo de amigos ha pasado a ser una dupla de celebridades. Y el “Damn Daniel!” es una expresión tan repetida en los Estados Unidos, como lo fue en su momento el “Ve vo” en Córdoba. Cosas que pasan en esta era de pantallas calientes, donde dos pibes de la secundaria pueden asomarse al éxito, aunque más no sea por un rato.



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