Maestro de los maestros

Paul McCartney publicó ayer una emotiva despedida a George Martin, el productor artístico de los Beatles fallecido el martes a los 90 años de edad, quien facilitó el acceso de ese hijo de trabajadores, embelesado por el rock, al Olimpo de los más destacados autores contemporáneos.

Por J.C. Maraddón
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ilustra george martin y mc cartenyQue hoy Paul McCartney sea una de las personas más adineradas del mundo, no significa que en su niñez y adolescencia haya vivido en la opulencia. Más bien todo lo contrario, los principales ingresos de su familia provenían del trabajo de su mamá, que era enfermera, mientras que su padre tenía un empleo bastante inestable en el comercio de algodón y tocando la trompeta y el piano en bandas de jazz de Liverpool. Tras el fallecimiento de la madre de Paul en 1956, los McCartney debieron ajustarse el cinturón hasta que hacia 1964 el hijo Beatle los sacara de la pobreza.
Como muchacho emergente de la clase obrera, Paul tenía mayor información musical que el resto de sus pares debido a que su papá era instrumentista. Pero desistió de ir a aprender música y empezó a tocar de oído con una guitarra a la que hubo que cambiarle el orden de las cuerdas para que le resultara menos incómodo ejecutarla, porque era zurdo. El rocanrol le alteró el ritmo cardiaco en su adolescencia y rápidamente se inclinó hacia esa síncopa que parecía hecho a la medida de su generación. En el colegio, encontró compinches como George Harrison y John Lennon, junto a los que iba a formar una sociedad con derivaciones extraordinarias.
Además de la influencia jazzera recibida como herencia paterna, el joven Paul mostraba cierta sensibilidad hacia ritmos latinos como el bolero. De hecho, el repertorio de su grupo en la etapa fundacional incluía una versión del clásico “Bésame mucho”, de Consuelo Velázquez. Mientras John Lennon abrevaba en las fuentes más puras del rockabilly, Paul esbozaba una tendencia a este tipo de géneros menos ortodoxos y tenía una innata facilidad para componer y entonar baladas, aunque su fanatismo por Little Richard no dejaba lugar a dudas acerca de su prosapia rockera.
Lo que en esos años de formación no había mostrado Paul, era una proximidad a los exigentes vericuetos de la música clásica, que tan familiares resultaban para aquellos instrumentistas que habían perfeccionado su técnica en el conservatorio. El que, tras el apartamiento del bajista original, sería el dueño de ese puesto hasta la separación del grupo, tenía un talento natural para construir canciones y vocalizarlas, pero siempre dentro de los márgenes que marcaban las tendencias de esa época, limitadas al fenómeno de Elvis Presley y su secuela de solistas y grupos enrolados en el por entonces flamante rocanrol.
Sin embargo, desde la primera sesión de grabación de los Beatles en los EMI Studios en junio de 1962, Paul encontró en el productor artístico George Martin alguien que fue capaz de moldear su precoz talento creativo sin forzarlo hacia una dirección no deseada. Y aunque Martin trabajó en cada tema beatle sin importarle el autor, tal vez fue Paul el que asimiló con mayor entusiasmo el bagaje de conocimientos que, en más de diez años de experiencia, había adquirido ya el responsable de que el sonido de la banda se encaminara definitivamente con rumbo al infinito.
Por eso, Paul escribió ayer en su perfil de Facebook una emotiva despedida a George Martin, quien falleció el martes a los 90 años de edad. Allí Paul detalla cómo fue que, gracias a una idea del productor, se grabaron los arreglos de cuerdas para “Yesterday” que transformaron en indestructible a esa canción. El hijo de trabajadores embelesado por el rock, accedía así a un nuevo universo compositivo que lo consagraría entre los más destacados autores contemporáneos. La generosidad y el empeño de George Martin pulieron esa gema en bruto que eran los cuatro pibes venidos de Liverpool, hasta que su brillo tomó una intensidad que encandiló al mundo.