Los Mugas a codazos con la muerte

No es la primera vez que atraviesan esta página “los gauchos Mugas”, bandidos rurales de fines del ochocientos que delinquieron en la zona del Departamento San Justo, al noreste de la provincia de Córdoba y en el límite con Santa Fe.

Por Víctor Ramés
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Retrato a lápiz de Jesús Mugas publicado por Los Principios en 1897
Retrato a lápiz de Jesús Mugas publicado por Los Principios en 1897

Eran tres hermanos, Lindor, Pedro y Jesús Mugas. Según algunos testimonios, Pedro Mugas cayó bajo las balas de la policía en 1890, en la Villa Concepción del Tío, en un procedimiento en el que Lindor y Jesús Mugas se trenzaron a facón limpio con los uniformados, dejando un tendal de policías heridos antes de que lograran prenderlos y encarcelarlos. Los dos hermanos se fugaron al poco tiempo y tomaron rumbos diferentes para salvar sus vidas. En noviembre de 1892, el diario El Porvenir publicó la noticia de la muerte de Lindor Mugas a manos del comisario de Quebracho Herrado, Eugenio Cueva. El diario concluía lamentando el triste destino de Lindor: “Así ha concluido la borrascosa vida de este extraviado joven a quien no le faltaron disposiciones naturales para haber desempeñado un buen papel en la sociedad, si en vez de seguir las huellas manchadas del crimen, hubiera cultivado sus facultades o tomado otro rumbo más corregido en el mar proceloso de la existencia.”
De “los gauchos Mugas” sólo quedaba vivo Jesús, quien prosiguió agitando el apellido en hazañas delictivas que brindaron temas de conversación a los cordobeses. Su especialidad fueron las fugas carcelarias, ya que en otras tres ocasiones logró huir de prisión. La penúltima ocurrió en 1897, al escapar de la Penitenciaría, pero fue recapturado tras un enfrentamiento en que murieron compañeros suyos y él mismo recibió 14 balazos en el cuerpo y uno en el cráneo. Pese a las graves heridas sobrevivió y seis años después volvió a fugarse, desapareciendo esta vez de la escena por algún tiempo.
Sobre Jesús Mugas hay dos publicaciones interesantes para compartir. La primera de ellas es de 1897, poco después de su fuga de la Penitenciaría. En realidad, el diario Los Principios improvisa un epígrafe largo para realzar un retrato a grafito de Mugas, cedido por el director de la Revista Policial, Miguel Rodríguez:

“Jesús Mugas
Jesús Mugas es ya toda una celebridad.
Su nombre ha cundido por toda la república; y durante mucho tiempo ha estado en los labios de los habitantes todos de la provincia.
Y su nombradía no data de su fuga reciente de la Penitenciaría en la que las crónicas le asignan el rol principal. Antes de ese hecho que con tanta razón conmovió profundamente al público, Mugas era ya mentado.
Siempre ha dado muy mucho que hacer a las autoridades de San Justo, el lugar de su nacimiento; y últimamente ha sido menester que fuera contra él toda una gruesa partida armada y que penetraran en su cuerpo de fierro catorce proyectiles para prenderlo.
Esta celebridad de Mugas y el deseo general que hay por conocerlo, autoriza la aparición de su retrato en estas columnas.
Por lo demás al recordarlo nuevamente, nosotros debemos presentar a Mugas como una lección: ese desgraciado, bien encaminado y bien dirigido, no estaría hoy en una celdilla de la penitenciaría, sino que habría sido un ciudadano útil para la sociedad.
Mugas es uno de tantos frutos producidos irremisiblemente por la mala educación; y él debe servir de ejemplo a los padres para educar bien a sus hijos y a los gobiernos para no pervertir a los pueblos con el influjo de las malas doctrinas.
Mugas tiene 37 años próximamente y su fisonomía es simpática.
Sus modales son bastante correctos, lo mismo que su conversación que es suelta y expresiva.
No es él como pudiera creerse, el tipo de un paisano incivil.”

Tras su siguiente y definitiva fuga, en abril de 1903, el diario La Libertad de mayo de ese año publicaba una carta recibida por el repórter policial del matutino, y fechada en Brasil unas semanas antes. Aunque firmada con un alias, Jesús Mugas no disimulaba su identidad al escribirla.



“Mugas en el Brasil (…)
La autoridad policial acaba de recibir aviso de que el terrible bandolero Jesús Mugas, que entre otros penados escapó de la penitenciaría hace un mes, se halla en territorio brasileño.
Aunque se duda de la veracidad de la noticia, esta debe ser exacta a juzgar por la coincidencia de que nuestro repórter de la sección policial, el mismo que impremeditadamente reporteara hace poco al famoso criminal, ha recibido una carta fechada en Bahía, firmada por Salvador Mojón, nombre que parece haber adoptado Mugas desde que se evadió de la cárcel.
He aquí lo sustancial de la correspondencia recibida.
“Recordará Vd., señor cronista, que al despedirme le anuncié que me marchaba muy lejos: hoy me encuentra en la nueva república del Brasil, después de detenerme en el Chaco y en varios puntos del Paraguay.
No me encuentro mal en la tierra del café y de la yerba mate, por más que eche de menos los campos de San Justo donde con varios compañeros tantas veces nos hemos impuesto a las autoridades de campaña, que nos tenían miedo y nos dejaban tranquilos matar y robar.
Comprendo que las autoridades de Córdoba no han renunciado a perseguirme, siendo esta la causa de mi ausencia de allí.
Lo único que creo es que no me prenderán: andes de que esto acontezca, más fácil es que reingresen por el ojo de la llave de la caja del banco Provincial los 20 mil pesos extraviados.
Le informo desde aquí que en la penitenciaría hay un antiguo compañero de fechorías, que al parecer se ocupa en el espionaje de los demás presos, pero que día más o menos ha de fugarse, puesto que las extrañas consideraciones que con él se tienen, le han de proporcionar oportunidad de escaparse en cualquier momento… Y el amigo Cabrera volverá a asar criaturas a la parrilla, ya que sus instintos de fiera son iguales a los míos.
Mi daga está enmohecida, pero pronto tendré motivo para sacarle el herrumbre…”.
El periodista de San Francisco Fernando Luques cita en un artículo el testimonio de la hija de Jesús Mugas, según la cual –sin mención de fecha- su padre fue traicionado por un amigo, “el negro Ardiles”, quien lo guió a una emboscada donde una partida policial lo acribilló. “La única manera de terminar con ellos fue a traición, porque si iban de frente llevaban las de perder”, reflexionaba la mujer.