La versión Schiaretti

El gobernador, sin renegar necesariamente de las ventajas políticas del asunto, pretende en lo inmediato cosas distintas. Por caso, su Pacto del Panal ampliado al resto de los intendentes buscaría integrarlos en una red de gestión y administración que haga más eficiente el uso de los recursos públicos. No es algo descabellado. La clase política repite, sin solución de continuidad y desde 1983, que los municipios entregan servicios mejores y más baratos a sus ciudadanos precisamente por su proximidad.



Por Pablo Esteban Dávila

El ex gobernador De la Sota en el acto del reconomiento a Angeloz por el Paicor.
El ex gobernador De la Sota en el acto del reconomiento a Angeloz por el Paicor.

A modo de émulo posmoderno de su prócer preferido (el brigadier general Juan Bautista Bustos), Juan Schiaretti se propone erigirse en el nuevo referente nacional del federalismo. No sólo por continuar reclamando por los derechos de la provincia, largamente vulnerados durante el ciclo K ante un mucho más receptivo Mauricio Macri, sino por inaugurar una nueva era política en las relaciones entre el gobierno y los municipios cordobeses.
Se trata de una iniciativa novedosa, especialmente si se lleva a cabo: federalizar la provincia en base a la descentralización de programas y fondos para obra pública y servicios que, de momento, administra la Provincia y que pasarían a manos de los municipios. El ministro Juan Carlos Massei no se anduvo con vueltas. Definió a esta decisión, nada menos, como “un nuevo pacto de gobernabilidad”.Vaya que lo sería. En forma voluntaria, el panal abdicaría de millonarias partidas que hoy se encuentran en su poder a favor de líderes territoriales que, en un futuro próximo, hasta podrían pretender disputar el gobierno. A cambio, se exigiría de los intendentes mayor eficiencia que la demostrada por la burocracia provincial para ejecutarlas. ¿Esconde alguna trampa semejante gesto?
Tal vez sí pero, en todo caso, no sería una estratagema escondida. Schiaretti es ampliamente reconocido por su capacidad de gestión. A pesar que sus antecedentes en la militancia desaconsejan adjetivarlo como un tecnócrata, se trata de un dirigente convencido que la legitimidad política deviene de hacer cosas y de ejecutarlas tan rápidamente como sea posible. Esta característica tiene, sin embargo, un potencial costado amargo. Si algún proyecto no sale como se planifica o si se verifica una demora por encima de las expectativas públicas, su prestigio como hacedor podría peligrar. Recuérdese la desagradable polémica (y, en muchos sentidos, injusta) sobre la nueva terminal de ómnibus para calibrar adecuadamente este riesgo.
Una forma de exorcizar este tipo de amenazas es, simplemente, transferir a otros actores la ejecución de asuntos que tienen que ver más con lo territorial que con lo estratégico. Si el problema a solucionar requiere de conocimientos tácticos (como el que suele predominar en los municipios), la intervención centralizadora de la provincia podría ser, como regla, ineficaz. Tal vez lo sea actualmente en muchos campos, sin que nadie lo advierta acabadamente. ¿Por qué no probar con que las soluciones queden en cabeza de los intendentes? Total, si fracasan, el gobernador siempre podría concurrir en su ayuda a la usanza de un bombero providencial. En tal caso, el héroe invariable sería Schiaretti y no el mandatario objeto del socorro.
La perspectiva de concentrarse sólo en los grandes temas de gestión es seductora. En este sentido, no es una novedad que la opinión pública suele ser veleidosa y adolecer de memoria frágil. Ejecutar pocos pero importantes asuntos suele ser más redituable que la burocrática precisión para gestionar pequeñas cosas, especialmente aquellas que ya se encuentran internalizadas como obligaciones que cualquier gobernante debe honrar. Si los intendentes pudieran hacerlo más eficientemente de lo que actualmente se hace, mejor para ellos. Como ventaja adicional deberían preocuparse más por hacer que por pedir, un respiro que la agenda del gobierno agradecería.
Un programa que sería candidato a la transferencia interjurisdiccional sería el PAICOR. Los memoriosos recuerdan que, en la década del ’80, fue una versión cordobesa del Programa Alimentario Nacional diseñado por Raúl Alfonsín. No obstante que el PAN es ya un recuerdo borroso, el PAICOR sobrevive como la única política de Estado verdadera que supo incoar la provincia en 40 años. Salvando el hecho que lo único perdurable en el país parecen ser las estrategias de emergencia (en un país desarrollado no se exigiría al Estado alimentar a los niños en edad escolar durante cuatro décadas), lo cierto es que las necesidades administrativas que entrañan estas actividades podrían ser satisfechas con mayor eficiencia desde los municipios.
La federalización de recursos y actividades que Schiaretti llevaría adelante marca una diferencia en los alcances de un estilo que, a grades rasgos, comparte con su antecesor. Como se recuerda, José Manuel de la Sota fue el impulsor del llamado “Pacto del Panal”, un acuerdo con Ramón Mestre que garantizaba obras y asistencia para la ciudad capital y el mantenimiento de una gobernabilidad sistémica en el principal distrito electoral de la provincia. No obstante, su principal objetivo no era tanto la gestión como la consolidación política del radical. De la Sota siempre advirtió en Mestre un reconstructor del bipartidismo que tanto echó de menos desde 2003. El hecho de colaborar con el Palacio 6 de Julio fue el pretexto perfecto para garantizarle un período de gobierno sin los sobresaltos que caracterizaron a los anteriores intendentes.
El gobernador, sin renegar necesariamente de las ventajas políticas del asunto, pretende en lo inmediato cosas distintas. Por caso, su Pacto del Panal ampliado al resto de los intendentes buscaría integrarlos en una red de gestión y administración que haga más eficiente el uso de los recursos públicos. No es algo descabellado. La clase política repite, sin solución de continuidad y desde 1983, que los municipios entregan servicios mejores y más baratos a sus ciudadanos precisamente por su proximidad. Tradicionalmente, para la realpolitik esta resultó ser una verdad incómoda. Se la sabía certera pero, debido a la asociación inmemorial entre recursos y poder, la descentralización siempre operó con cuentagotas. Sin embargo, la particular concepción del gobierno y de la autoridad que sostiene Schiaretti lo aconseja obrar en el sentido del desprendimiento operativo. El futuro dirá si estaba en lo cierto.



Dejar respuesta