Escritos a orillas de una grieta

Los cuentos del porteño Alejandro Güerri publicados por editorial años luz son un debut auspicioso en la escena narrativa reciente.

Por Gabriel Ábalos
gabrielabalos@gmx.com

El Interior Güerri - Publicar es la mejor forma de dejar de corregir, decía Borges.Publicar, decía Borges, es la mejor forma de dejar de corregir. Para que ello sea posible, claro, deben específicamente existir canales editoriales receptivos a ese deseo o destino de un autor.
Dada la inagotable profusión de escrituras que aspiran a ser conocidas, una joven editorial de Buenos Aires propone un recorte propio y un aporte al conocimiento y a la difusión de una generación, una región, unos enfoques que buscan anotarse en el relevo de las letras. La editorial [añosluz] es un proyecto independiente porteño que surge con la pretensión de dar a conocer una producción literaria argentina que no hallaba cabida en otras propuestas de edición. Sus responsables, vinculados al desarrollo de la literatura en relación con la crítica, la música y las artes plásticas, y expresan que el proyecto “surge del impedimento”; es decir como una respuesta hija de la necesidad de superar el estancamiento de una cierta producción editorial. Añosluz ha ido acrecentando un catálogo variado donde se hacen presentes la poesía y la narrativa en su tarea de “dar a conocer autores nóveles de calidad, así como también buscar el factor X de la escritura en autores que ya han transitado el camino literario”.
Para los tres gestores de añosluz, Juan Alberto Crasci, Florencia Piluso, Sebastián Realini, el proyecto “es un tríptico de encuentro, experiencia y construcción constante”.
Entre sus ediciones más recientes, la editorial ha incorporado un nuevo título de narrativa a su catálogo: el libro de cuentos del autor Alejandro Güerri (Buenos Aires, 1976) El interior S. A.
El libro con que este autor -quien ya había publicado tres volúmenes de poesía- hace su debut impreso en la narrativa, contiene nueve relatos y le aporta un breve prólogo Elvio E. Gandolfo, auspicioso para esta primera producción en prosa de Güerri.
El autor editó en colaboración, en 2015, un libro de entrevistas realizadas a letristas de la canción popular argentina. Alejandro Güerri halló cobijo para los primeros cuentos (al menos los primeros destinados a la edición) en este volumen, y en ellos da un retrato de sus inquietudes narrativas. Entra a la cancha con historias que eligen transcurrir en la frontera de un naturalismo cotidiano, incluso irrelevante, expuesto por proximidad a la incidencia de la zona vecina: la del imaginario, el sueño, el misterio, lo inquietante, un irreal posible. Escenas con diálogos corrientes, situaciones donde lo ordinario parecería ser la condición, el punto de partida y muchas veces el predio completo de la historia, en el que en ocasiones ocurre una transgresión hacia lo inesperado.
Uno de los cuentos, el primero (Open door), posee una carga emotiva particular y es el que revela (o recrea) un origen más vivencial, al hablar del tío loco al que la familia visita. Y si non é vero, e ven trovato. El hombre del sillón, segundo en el orden, es un cuento de pleno contenido imaginario u onírico y de final ambiguo. Trata sobre un hombre que se le aparece al protagonista, un hombre condenado a soñarse –o a vivirse- cada noche en una vivienda diferente, frente a desconocidos. El recurso al final que deja flotando la burbuja del cuento en misterio, se aplica en algunos otros relatos. En El desperfecto conviven una situación naturalista con ribetes emotivos (un hermano que se separa y viene a quedarse al departamento del otro hermano) con otra no menos cotidiana, a la que el lenguaje narrativo rodea de un halo irreal: un problema de plomería bajo la bacha de la cocina.
En Aquello, lo que se relata es un hecho para nada cotidiano, propio de las páginas policiales, pero el autor lleva el uso de la segunda persona del plural a su límite, como un velo controlado de escritura sobre lo narrado. En el cuento Colaborador, Güerri retorna a lo que posiblemente sea otra vivencia personal, o al menos de un ambiente que conoce, para recrear la entrevista que le hace un joven periodista de rock a un cantautor español, en medio de una gira.
En Las vacaciones del Dr. Castagno, la decisión del personaje lo arroja a una situación de cambio de identidad; a vivir una vida violenta que no es la propia, a desmentir la consistente naturaleza de un dentista de provincia. Por su parte Jonathan, la película, sobresale en el conjunto, por el modo de referir el achatamiento de la vida juvenil de pueblo. Esto ocurre más acá del interés por el personaje, y en el plano de la voz que enuncia el relato, la de un muchacho que trabaja en un videoclub: “¿Cómo fue que el video pasó a ser el centro de nuestras vidas? (…) Sin que nos diéramos cuenta, el aburrimiento nos iba atornillando a las banquetas que había detrás del mostrador”.
Los ojos, penúltimo relato, es lo que piensa el personaje mientras espera que le quiten las vendas luego de una operación de la vista con laser. Su monólogo repasa los problemas de vista desde que era un niño. Su vida ha estado marcada por etapas de la historia de la mala salud ocular. El final es ambiguo.
El último cuento del libro es el que le ha legado su título: El interior S. A. Es un relato irreal, onírico, breve, que en este caso incorpora un hecho inquietante aunque con una dirección optimista en lugar de oscura.
Un texto acápite que precede al conjunto de cuentos cita a Nathaniel Hawthorne, para quien “en la aparente confusión de este mundo misterioso, los individuos se ajustan con tanta perfección a un sistema (…) que con sólo dar un paso al lado cualquier hombre se expone al pavoroso riesgo de perder para siempre su lugar”. Los personajes de Alejandro Güerri se mueven en esa breve distancia entre el ajuste y el desperfecto.



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