Quedarse atrás

Contra todos los pronósticos agoreros, la venta de entradas anticipadas indica que la mayor demanda hasta el momento corresponde al último domingo del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, en el que se han agrupado a varias de las viejas glorias del género.

Por J.C. Maraddón

los manseros santiagueñosSin exagerar en la iniciativa, la apuesta del Festival Nacional de Folklore de Cosquín en la edición que comienza el sábado es una especie de regreso a las raíces, que se corresponde con la austeridad que pretende imponer la nueva Comisión Municipal de Folklore. El famoso “duende del festival”, al que se ha apelado tantas veces, será invocado con mayor fuerza en esta ocasión, para que obre el milagro de que cierren tanto los números de la economía como los números artísticos. Y que el público asista a la Plaza Próspero Molina sin que la motivación esencial sea ver a su artista favorito.

En realidad, lo que se ha buscado es subrayar aquellos nombres tradicionales que hasta la edición 2015 habían quedado ocultos dentro de una programación larguísima y plagada de estrellas del crossover, esos músicos como Abel Pintos, León Gieco o Víctor Heredia, que ingresan el amplio campo del folklore de la misma que podrían hacerlo en el rock, el pop o en la música melódica. La decisión de los organizadores podría implicar un salto al vacío, un retroceso peligroso o un saludable retorno a las raíces, según desde el lugar político/cultural que se la mire.

Y así como habrá noches atractivas para un público de todas las edades, se ha determinado que el último día de la programación reúna a varios de los patriarcas del género, que durante las últimas décadas vieron cómo todos los aplausos iban para los representantes de la nueva horneada, mientras para ellos sólo quedaba el reconocimiento a la trayectoria. La del 31 de enero será, entonces, una velada clave para determinar hasta qué punto las sucesivas renovaciones de folklore han prosperado. Y cuánto hay de cierto en eso de que se trata de un estilo que necesita volver cada tanto a sus orígenes para revivificarse.



Los primeros de la vieja guardia en ser rescatados de los segundos planos fueron Los Manseros Santiagueños,  protagonistas de un curioso fenómeno masivo en los últimos años. Ellos serán, justamente, el número central de esa última noche coscoína, en la también han sido programados Los Cuatro de Córdoba, Los Cuatro de Salta, Las Voces de Orán, Por Siempre Tucu y Vitillo Ábalos. Gente de probado suceso en la música nativa durante muchísimo tiempo, hasta que se renovó el público, aparecieron nuevos ídolos y… debieron resignarse a quedar fuera de los horarios centrales de la transmisión televisiva.

Contra todos los pronósticos agoreros, la venta de entradas anticipadas indica que la mayor demanda hasta el momento ha sido para esa jornada. Y todo lleva entonces a pensar que la decisión de la nueva Comisión de Folklore ha sido correcta y que esta reivindicación minimalista de los sones tradicionales es tan oportuna como loable. Pero, claro, no todo se mide en cifras de recaudación ni en cantidad de butacas ocupadas. Y entonces surge la inquietud de que esta restauración no signifique una barrera que impida al género evolucionar hacia un futuro en el que la música nativa logre cautivar los oídos juveniles.

Porque si todo queda inundado por la nostalgia de los tiempos idos, entonces será corto el camino que quede por recorrer. Ni el público ni los artistas son inmortales. Y una vez que ellos no estén, el espacio en el que habitaba el folklore será ocupado por sonidos más modernos. No está para nada mal expresar el respeto que se merecen los referentes históricos. Pero sin descuidar a aquellos que, cimentados en esas bases, se disponen a construir una carrera que traccione hacia adelante a aquello que se obstina en quedarse atrás.



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