Suba de exportaciones, ¿el camino para volver a crecer?

Un informe del Ieral plantea que hay que ganar en exportabilidad porque el endeudamiento sólo puede ser una transición.

origlia exportacionesPara el economista del Ieral Jorge Vasconcelos, ganar en exportabilidad es una de las claves para que la economía argentina avance y retorne al crecimiento ya que hay poco margen para una recuperación cíclica -basada en alta capacidad ociosa- como pasó en el 2003.
Enfatiza que ese el camino porque Argentina no tiene opciones, ya que la vía del endeudamiento externo sólo está disponible para la transición: “Cuando se termine de exteriorizar todo lo que falta contabilizar, más las presumibles emisiones de 2016, entonces la deuda pública externa del país será equivalente a dos años de exportaciones. Un ratio bastante superior al de Brasil o México, dónde esos pasivos representan menos de un año de ventas al exterior”.
Por supuesto no todos los bienes producidos en el país son exportables. Los costos elevados o la falta de actualización tecnológica y de diseño constituyen un problema. Vasconcelos plantea que hay una gama amplia de otros casos: un alimento que no cumple con requisitos sanitarios, una pieza fabricada en una pyme que no ha logrado las certificaciones correspondientes (normas ISO), una prenda elaborada en un taller que funciona fuera del circuito bancario e impositivo, son todos ejemplos de productos que tienen “cero chance de lograr compradores” en el mercado internacional.
El presidente Mauricio Mauricio ya está en el Foro Económico de Davos. Es un paso para volver al mundo. Según el World Economic Forum, Argentina ocupa el lugar 106 entre 140, mientras Brasil y Chile, por ejemplo, se ubican en los puestos 57 y 35; Corea en el 26 y Finlandia en el 8. El Banco Mundial en su trabajo sobre la “facilidad para hacer negocios”, ubica a la Argentina 121 entre 189 países, en tanto que Brasil y Chile están en los puestos 116 y 48, bastante lejos de Finlandia (10°) y Corea (4°).
Para Vasconcelos, estas comparaciones sirven para explicar bastante bien porqué algunos países, como Corea o Finlandia, supieron “utilizar a la globalización como una oportunidad, mientras aquí se la sigue viendo como una amenaza”.
Insiste que en la Argentina existe la tentación de focalizar el problema (y la solución) en la cuestión de la gestión. Aunque admite que hay mucho terreno en ese plano, existe un verdadero círculo vicioso en el que se retroalimentan una economía demasiado cerrada al comercio exterior y una elevada ponderación de la informalidad, lo que ha derivado en un persistente sesgo antiexportador.
La economía informal opera como un verdadero “perro del hortelano” sobre la exportación, ya que “no come ni deja comer”. Las empresas que están fuera del sistema bancario e impositivo no califican para vender al exterior, pero al mismo tiempo son un pesado lastre (que varía según los sectores) sobre las firmas que sí podrían exportar pero que se enfrentan a dos severas restricciones como son la presión impositiva que recae sobre ellas es mucho mayor que si la carga tributaria estuviera mejor repartida y que la rentabilidad es menor en el mercado interno por la “competencia desleal” de las firmas que actúan en negro.
Vasconcelos explica que hay una correlación visible entre el componente tributario y el comercio exterior (a menor carga se logra mayor volumen de intercambio con el resto del mundo): “En la Argentina, una política fiscal siempre apremiada por lo estrecho de la base sobre la que se apoya la recaudación, junto a una mínima ponderación del comercio exterior sobre el PIB es el caldo de cultivo ideal para la acentuada volatilidad del tipo de cambio real”.
A su entender no puede romperse este círculo vicioso con medidas parciales, ni de una sola jurisdicción. La política fiscal es clave, para asegurar que en el futuro el tipo de cambio ya no habrá de ser usado como ancla antiinflacionaria.
“Esto obliga a controlar el gasto público, ya que hace falta seguir reduciendo impuestos distorsivos, en línea con lo que ya se implementó en materia de retenciones. La siguiente prioridad debería ser Ingresos Brutos, pero éste es un tributo provincial, por lo que se hace imprescindible un pacto fiscal”, señala.
El trabajo del economista indica que en la medida en que se desmonten los impuestos más distorsivos y se simplifiquen los trámites, las empresas informales tendrán menos excusas y menos “pruritos” los gobiernos.



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