El costo de los discursos populistas

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

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El nuevo presidente no puede gobernar con eslóganes. La falta de realismo del gobierno de Cristina Kirchner fue costoso para el país pues llevó la deuda a una cifra cercana a los 12.000 millones de dólares.

La hora de la verdad se empecina en presentarse, con tozudez. Más tarde o más temprano, siempre llega.

Todos sabíamos que en algún momento había que arreglar con los acreedores que no entraron en el canje, los llamados “holdouts”. Lo sabía Cristina, que intentó arreglar pero desistió a último momento para robustecer su imagen de líder intransigente contra el imperialismo financiero. Lo sabía Daniel Scioli, que en sus tiempos de candidato presidencial envió emisarios para que fueran allanando el camino de una futura negociación. Y lo sabe también Mauricio Macri, que es quien tiene que gobernar estos años.

Repasemos. Cuando se realizó el canje hacia 2005 hubo un grupo de bonistas que no aceptó las condiciones de Argentina. Eligieron el camino de quedarse con los bonos y esperar. Para amenazarlos, el gobierno argentino hizo aprobar una ley que los dejaba afuera en el caso de que no aceptaran las condiciones del gobierno argentino. Tampoco así se los convenció.

Luego iniciaron un juicio en los tribunales de Nueva York, los establecidos en los títulos. Argentina se defendió y obtuvo un fallo adverso. Apeló y nuevamente la justicia norteamericana falló en contra. Fue a la Corte y también: el máximo tribunal no aceptó el caso, lo que equivale a la confirmación de la sentencia anterior, adversa.

En el medio, el gobierno, pese a que había aceptado someterse a los tribunales y a acatar la sentencia que resultare, hizo hincapié en los aspectos políticos del problema. Atacó al Juez Griesa y cuestionó la justicia de los Estados Unidos. Como era de esperar, eso añadió leña al fuego sin ningún resultado favorable al país. Al contrario.

El gobierno que asumiera debía solucionar el problema para remover la principal traba que se interpone a la realización de inversiones y préstamos que nos permitan tonificar la economía.

El nuevo presidente no puede gobernar con eslóganes. La falta de realismo del gobierno de Cristina Kirchner fue costoso para el país pues llevó la deuda a una cifra cercana a los 12.000 millones de dólares.

La justicia norteamericana y el mercado mundial de capitales demostraron un alto grado de inmunidad a los discursos de Cristina y a los cánticos de la estudiantina de La Cámpora.

Gobernar con discursos y caprichos inconducentes lleva a estos problemas. Lo que viene, ya lo conocemos. Declaraciones de repudio al entreguista Macri y a su Ministro Prat Gay. Indignación kirchnerista por pagar una deuda que dejó Cristina y que traba cualquier negociación del país con inversores externos.

Críticas, en definitiva, por negarnos a ser Venezuela



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