Un tren llamado corrupción

Tras 22 meses de juicio, ayer se conoció la sentencia. Fueron condenados, con distinto grado de responsabilidad, los ex secretarios de transporte Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi además de los empresarios

Por Gonzalo Neidal
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diapason 2015-12-29_JAIME_SCHIAVI_webHace casi cuatro años, una formación del ferrocarril Sarmiento chocó contra la cabecera de un andén de la Estación Once. El tren tenía ocho coches y transportaba unos 1.200 pasajeros. Murieron 51 más un bebé por nacer. Quedaron heridos otros 789. Tras 22 meses de juicio, ayer se conoció la sentencia.
Fueron condenados, con distinto grado de responsabilidad, los ex secretarios de transporte Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi además de los empresarios concesionarios del servicio. Incluso el maquinista recibió una pena de tres años y medio de prisión.
La sentencia era aguardada con gran expectativa. Era un verdadero test para la Justicia. Finalmente las condenas fueron extensas y abarcaron a funcionarios y empresarios, además del propio conductor. Aún no se conocen los fundamentos pero la sentencia indica que el tribunal penalizó el conjunto de la red y entrelazamientos de desidia, corrupción, irresponsabilidad e ineptitud que culminaron en el grave siniestro al que la palabra “accidente” no le cabe en absoluto.
Enriquecimiento vertiginoso de los funcionarios encargados de controlar, coimas, venalidad, empresarios ladrones. Toda la gama de corrupción imaginable en un tiempo de abundancia de recursos, de despilfarro de los fondos públicos y desaprensión generalizada.
Es curioso: los años de la “década ganada” estuvieron gobernados por un concepto levantado a la categoría de bandera suprema: la necesidad de un estado presente y regulador, que participe con fuerza y amplitud en la economía y en cada uno de los servicios que son de su responsabilidad.
Pero todo terminó en mamarracho y muerte. Los encargados de controlar eran coimeros. Y, todo lo indica, con la anuencia de la cúspide del poder ejecutivo. La sentencia ordenó investigar al responsable del área Julio De Vido. En impensable que el desfalco que comprobó el tribunal pueda haber sido perpetrado sin su conocimiento y el de los más altos niveles del poder político.
Los partidarios de la presencia del estado, miraban para otro lado y embolsaban coimas en vez de cumplir su función de control. Esto nos hace pensar que, en muchos casos, las argumentaciones políticas y técnicas no son más que un ardid para robar.
Todo esto es lo que debe ser cambiado de raíz si es que queremos emerger de la pobre condición económica y moral que transitamos después de una extensa década de desfalcos y desidia en nombre de una revolución imaginaria.