El peronismo carapintada

Quienes están mostrando sus uñas de resentimiento, con argumentos desopilantes, son los kirchneristas, que son apenas una parte del peronismo total, que cuenta ahora con otros referentes importantes, en tren de organizarse: Juan Manuel Urtubey, José Manuel de la Sota, Sergio Massa.

Por Gonzalo Neidal
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diapason 2015-12-28_GONZALEZ_FERNANDEZ_webLo que podíamos intuir en los días previos a la asunción de Mauricio Macri, se está confirmando plenamente: el kirchnerismo (que por estos momentos aún continúa siendo la voz más audible del peronismo en su conjunto), no le reconoce legitimidad al nuevo gobierno. Y actúa en consecuencia.
Mueve a sus militantes con un fervor de inminencias y cambios perentorios. Pretenden ser, nada menos ellos, los heroicos custodios de la Constitución Nacional. Hablan de “resistencia”, palabra prestigiada al interior del peronismo, nacida en los años de golpes de estado y proscripción política. Pretenden barnizar con rebuscados argumentos la permanencia y continuidad de sus hombres en lugares claves del poder, algo impropio de quienes perdieron los comicios.
Por encima de este conjunto de actitudes prematuramente combativas, carentes de “tempo” y desproporcionadas, reiteran una y otra vez un argumento malicioso del que pretenden extraer conclusiones políticas que legitimen su conducta.
Dicen que Macri triunfó por “una pequeña diferencia” en el ballotage, lo cual es rigurosamente cierto. Pero intenta extraer de allí que esa situación de vecindad con la mitad de los votos, otorgaría derechos al kirchnerismo más allá de los que establece la Constitución y las leyes electorales.
Lo cierto es que la de Macri fue una victoria que resultaba impensada en las semanas previas a los comicios y fue construida con un esfuerzo titánico. Sobre todo, fue inesperada para el kichnerismo. Y esto explica su combatividad actual que incluye claramente una cuota de desesperación comprensible ya que al perder en las provincias más grandes y en las ciudades más importantes, se encuentran en la situación de carecer de recursos para financiar, como estaban acostumbrados, su actividad política con fondos públicos.
No han percibido, quizá, que entre las causas de su derrota electoral se cuenta esa particular densidad militante, plagada de sinrazones y desmesuras falaces.
La premura K obedece también a otras razones. Una de ellas es la posibilidad de que, con el tiempo (ya algunas encuestas lo reflejan), Macri logre ampliar su base política de sustentación. Carente de soberbia –al menos en su versión cristinista- Macri muestra aptitud para relacionarse con “el pueblo”. La elemental presunción de que el nuevo presidente se ocuparía de “los negocios” y de “los ricos”, no se está confirmando al menos al ritmo previsto por La Cámpora y sus fogosos militantes. Macri se va ocupando de los problemas uno a uno. Y denota un cambio de actitud respecto de Cristina, que gustaba mucho de hablar en los atriles y balcones pero su eficiencia era menor al momento de enfrentar catástrofes como la del litoral y sus inundaciones. Prefería recluirse en el sur hasta que pasara todo.
Quienes están mostrando sus uñas de resentimiento, con argumentos desopilantes, son los kirchneristas, que son apenas una parte del peronismo total, que cuenta ahora con otros referentes importantes, en tren de organizarse: Juan Manuel Urtubey, José Manuel de la Sota, Sergio Massa.
Con su actitud belicosa, demostrada en el conflicto de Cresta Roja (creado y desarrollado por Scioli y Cristina), el kirchnerismo se va encontrando con nuevos aliados naturales: los pequeños grupos de izquierda amantes del conflicto y la violencia. En esa actitud, no está siendo acompañado por el grueso de sus votantes del ballotage ni por los dirigentes nombrados.
Habrá que ver qué hacen los gobernadores y dirigentes locales del conurbano. Ellos están muy lejos de la visión heroica y combativa del cristinismo: se inclinan por un realismo político dictado por sus necesidades locales.
¿Hacia dónde evolucionará el peronismo en su reorganización? ¿Continuará sometido a la conducción de Cristina o se consolidarán nuevos referentes? O, en todo caso: ¿hacia dónde conduce el belicoso esfuerzo militante carapintada que exhibe La Cámpora en estos días?
Los que cuestionaban las grandes concentraciones de cacerolas y las tildaban como “destituyentes”, tienen ahora una clara actitud que busca deslegitimar al nuevo gobierno, crear caos y generar un escenario de ingobernabilidad que lleve a una ruptura institucional.
Sueñan con que el pueblo vaya a buscar a la ex presidenta hasta El Calafate y la traiga en andas y la deposite en la Casa Rosada, pidiéndole perdón por haberla dejado partir.



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