El multipacto cordobés

La votación del paquete legislativo que envió el oficialismo provincial ilustra el clima político en el inicio del nuevo ciclo. El consenso de las principales fuerzas sobre las iniciativas principales de las respectivas gestiones parece augurar una etapa de diálogo institucional.

ilustra multiman (1)Con el final de la “década ganada” parece haber llegado a Córdoba un nuevo esquema de relación entre los partidos políticos. Los mutuos gestos de apoyo que se produjeron en todos los niveles del estado alrededor de las primeras iniciativas que los respectivos oficialismos impulsaron son la mejor prueba de la existencia de un avanzado nivel de acuerdo entre los principales actores políticos.
Las muestras son claras: el voto a favor del interbloque de Juntos por Córdoba (UCR-PRO-FC) a la reforma previsional propuesta por el gobernador Juan Schiaretti es un sucedáneo del acompañamiento que los concejales de Unión por Córdoba brindaron al ejecutivo municipal al momento de la aprobación del Ente de Servicios y Obras Públicas (ESyOP). Ambos episodios reflejan la voluntad de los principales jugadores de la política cordobesa de no poner palos en la rueda al comienzo de las respectivas gestiones.
La ola de consenso llegó incluso a ámbitos insospechados. El flamante intendente macrista de Villa Allende, Eduardo “Gato” Romero, acaba de aprobar un incremento en las principales tasas municipales con el apoyo de todos los grupos con representación en el concejo deliberante local.
A este intercambio de gestos de buena voluntad se suma el compromiso de la amplia mayoría del abanico político cordobés con las primeras medidas del gobierno de Mauricio Macri. Las fuerzas que integran Juntos por Córdoba son parte de la coalición Cambiemos mientras que la alianza Unión por Córdoba es considerada por el ejecutivo nacional como un aliado táctico a la hora de reunir las mayorías necesarias en el congreso nacional.
El pacto tácito sobre los principales ejes de gestión en cada nivel de gobierno parece asentarse sobre datos que el electorado cordobés confirmó durante el agitado año electoral y las pertinentes expectativas que se abrieron a partir de los resultados. En primer lugar, el enorme consenso social en oposición al liderazgo de Cristina Kirchner alineó a casi todos los sectores en un discurso crítico hacia el ejecutivo que acaba de concluir. La certeza acerca de la existencia de discriminación hacia nuestra provincia fue un factor decisivo a la hora de los posicionamientos de los principales referentes.
La derrota del kirchnerismo parece haber abierto nuevas esperanzas para los dirigentes locales con responsabilidad de gobierno. El propio Schiaretti lo expresó claramente en los últimos días ante las entidades agropecuarias: “Ahora que no hay discriminación desde la Nación para con Córdoba es hora de que desaparezca la Tasa Vial y poner un ordenamiento más natural, terminando con una distorsión obligada que tuvimos que aplicar”. En los dichos del gobernador se trasluce la percepción de que la época de la resistencia en un contexto hostil ha llegado a su fin.
Por otra parte, los principales referentes comprenden que este cambio de estación implica un desafío quizás mayor al del ciclo que concluye. El fin del enfrentamiento compromete a todos los sectores a producir las reformas necesarias para hacer viable la gestión en los distintos niveles estatales. Córdoba deja de ser la víctima y tiene que hacerse cargo de su destino parece ser la reflexión que recorre todo el espinel político. En este escenario se reducen los márgenes para el oportunismo y la distribución equitativa de los beneficios y los costos políticos se impone como regla de convivencia.
Hasta los espacios partidarios más refractarios a los acuerdos parecen inclinarse ante el nuevo clima de época. Los legisladores del Frente Cívico sorprendieron a propios y extraños acompañando la iniciativa de Juan Schiaretti en la legislatura sin desairar a sus socios radicales y macristas. Incluso dentro del Frente para la Victoria parecen existir movimientos en este sentido. Si bien sus diputados votaron en contra, Martín Gill, principal referente con responsabilidad de gestión enrolado en ese sector, se definió como un “aliado” del oficialismo provincial.
Obviamente, esta armonía política estará puesta a prueba permanentemente. El éxito de las reformas emprendidas es una condición necesaria para la mantención en el tiempo de los apoyos mutuos. Por otro lado, los desafíos electorales pondrán a los sectores con aspiraciones reales ante la compleja situación de competir sin comprometer el diálogo institucional.
El primer cruce de caminos será, seguramente, la elección municipal de la segunda ciudad de la provincia. En los comicios municipales de Río Cuarto, previstos para el primer semestre del 2016, todos los partidos juegan objetivos importantes. El radicalismo no querrá ceder una intendencia tan gravitante, mientras que el peronismo pretende darle la primera alegría del año a Scharetti y De la Sota. Por otra parte, la repercusión nacional que tendrá la elección por ser la primera luego de las elecciones presidenciales pondrá a los principales operadores de Mauricio Macri a trabajar para un triunfo que pueda ser presentado como un aval a la gestión que comienza.
Por lo pronto, todo parece indicar que ha comenzado una etapa de colaboración entre las fuerzas políticas. La próxima línea de llegada está fechada dentro de cuatro años. Recién en ese momento los principales dirigentes cordobeses deberán medir sus fuerzas por el premio mayor.



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