Cresta Roja, una perla del populismo

La solución permanente de esta situación no puede provenir de aportes estatales que despejen la ruta en este momento pero hagan que el problema permanezca a lo largo del tiempo. Se trata de una empresa privada, quebrada por una política de raigambre chavista, completamente inviable a lo largo del tiempo.

Por Gonzalo Neidal
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diapason cris cresta rojaLa historia de la productora avícola Cresta Roja es un buen botón de muestra de la economía de estos años.

Este caso tiene todas las chances de ser motivo de estudio por los especialistas: cómo hacer que una empresa de alimentos, fundada hace 60 años, pueda quebrar en un país altamente eficiente en la producción de granos.

No es magia. El populismo lo hizo.



Toda la gama de herramientas populistas fue utilizada en este caso. Y fueron ellas las que llevaron a la quiebra a una empresa completamente viable en un rubro en el que, en Argentina, es muy difícil fracasar.

Primero, el control de precios a cambio de subsidios millonarios. Luego, exportaciones a Venezuela, país con el que el gobierno anterior mantenía relaciones carnales. Más tarde, en septiembre pasado, intervención estatal por parte de Daniel Scioli a fines de que el estallido no ocurriera durante la campaña electoral y perjudicara al candidato oficialista. Fue nombrado un interventor amigo de Aníbal Fernández.

Ocurrió lo que sucede siempre en estos casos. El dinero de los subsidios (cuya cifra es incierta pero que llegaría a 2.000 millones de pesos), se despilfarró. Los subsidios, todos los sabemos, abren la puerta a la corrupción, incluidos retornos a los funcionarios que los autorizan.

La empresa se sobre expandió incentivada con dinero público, sobre la base de negocios efímeros y dudosos, determinados por razones políticas, con débil fundamento económico.

Así llegamos a la desesperación y los cortes de ruta. Una de las tantas bombas de tiempo dejadas por el gobierno nacional y popular.

La solución permanente de esta situación no puede provenir de aportes estatales que despejen la ruta en este momento pero hagan que el problema permanezca a lo largo del tiempo. Se trata de una empresa privada, quebrada por una política de raigambre chavista, completamente inviable a lo largo del tiempo.

Y ahí está ahora la izquierda, sumada a agitadores kirchneristas, en búsqueda de una represión policial que les confirme que Macridefiende al capital contra los trabajadores.

En el colmo del cinismo, políticos kirchneristas hablan de que se trata de las “consecuencias del ajuste neoliberal”. Están ilusionados con crear el caos que lleve a una crisis prematura en el gobierno que recién asume.

Es el mismo voluntarismo de los setenta, de profunda raíz antidemocrática, que busca construir un escenario de violencia creciente, en nombre de los trabajadores y los pobres.

Buscan un enfrentamiento en el más alto nivel de violencia que se pueda. Es una de las herencias de estos años de locura populista.

Nadie dijo nunca que estos años serían un jardín de rosas.



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