Síndrome de abstinencia en UTA pone en riesgo tregua

La reconstrucción de poder interno que encaró Ricardo Salerno en el gremio de los choferes impactó de lleno en la contención de los conflictos. El presunto pacto de no agresión que Ramón Mestre y el referente nacional de la organización sindical nacional, Roberto Fernández, corre riesgo de quebrarse. No por voluntad de sus suscriptores, sino de los delegados díscolos.

2015-01-11_SALERNO_web (1)La reacción llegaría, más tratándose de los entrenados delegados de los choferes en el deporte del conflicto. ¿Cuánto más iban a soportar a un cabecilla sindical con voluntad de poner coto a la libanización de un gremio de corte verticalista?

Parece que fue suficiente el bimestre de tregua que siguió al sumario que le abrió la UTA Nacional a una treintena de representantes de base que desafiaron a Ricardo Salerno, secretario general que cuenta con los plenos avales de la entidad sindical nacional comandada por Roberto Fernández.

Quizás con el paro de 43 días de los municipales pasó desapercibida la asamblea de Autobuses Santa Fe del martes pasado en tres corredores. Si bien no superó la franja de tres horas sin servicio, la invocación de “falta de unidades” para justificar la acción invitaba a sospechar que subyacían otros motivos.

Esa fue la punta del ovillo de una movida sindical que podría poner puntos suspensivos a la normal prestación de servicios.

Sucede que puertas adentro de la UTA conviven distintas expresiones, que exceden la división casi exacta entre  simpatizantes de Salerno y su antecesor, Alfredo “Cuchillo” Peñaloza. Aunque, en la práctica, las banderas parecen concentrarse en la línea contraria a la conducción por el descontento que generó la mayor intervención de la UTA Nacional en los asuntos de la filial cordobesa.

Es probable que esto explique la pérdida del llamado “diferencial Córdoba” en los salarios de los empleados del sistema público de transporte (fuente de conflicto entre la central y la regional, durante la gestión de Peñaloza); y el hecho que peligren los fueros de delegados díscolos. El aspecto positivo es que Salerno logró el respaldo necesario para recuperar el equilibrio de fuerzas en un gremio que pretende ser democrático desde la elección de sus representantes hasta en su funcionamiento. También, acotar el uso de la presión sindical sólo a aquellas razones de justificada necesidad.

El beneficio estaría siendo ignorado por aquellos que extrañan el laissez faire, laissez passer que reinaba en la UTA Córdoba. Planean su acto de rebeldía; cansados, según se escucha, de la presunta pasividad de su cabecilla sindical. Nota al margen: es menester recordar que por primera vez en mucho tiempo, no tuvieron que andar con el “Jesús en la boca” por el cobro del medio sueldo anual complementario. El aguinaldo será cobrado hoy.

Según trascendió, sería el número dos de la conducción, Osvaldo Diani, quien estaría promoviendo la revuelta. El conflicto partiría –explican delegados-de una serie de demandas al gremio, municipio y empresas prestadoras por siniestros en la vía pública.

Aseguran que hay media centena de trabajadores que protagonizaron choques que estarían en proceso judicial con los damnificados, incluso al borde de embargos de bienes personales. La explicación que ofrecen a esta situación, que parece inverosímil, de los pelos es que las compañías no tienen seguros.

El dato de color: en audios circulantes a los que tuvo acceso este medio, el relato de la situación termina con un llamado a los choferes a “no chocar”, entre risas.

En una reunión en la sede de la UTA, Diani emplazó a Salerno a tomar cartas en el asunto antes del lunes. Caso contrario, movilizarán a más de 300 activistas al edificio donde funciona el sindicato. Incluso, aseguran que los servicios podrían verse resentidos. Habrá que ver cómo superan el síndrome de abstinencia los hombres de la UTA y la cintura de Salerno para capear la embestida.

Hasta al momento, el dirigente que proviene de las filas de Coniferal demostró su intensión de cumplir una de sus promesas de campaña: devolverle a la UTA un funcionamiento verticalista. La intensión de imponer un poco de orden al caos que es el gremio de los choferes es valedera, incluso necesaria. Pero por sobre todas las cosas, se trata de un real desafío si se tiene en cuenta que Salerno cuenta con sólo el 50 por ciento de los avales necesarios para construir un mandato sólido. Se asoma la primera prueba para el dirigente.