Primera semana

Los funcionarios –aún los más encumbrados- hablan, visitan programas de televisión, responden preguntas, hacen conferencias de prensa donde los periodistas pueden formular preguntas. No es un mérito excesivo, claro. Pero estábamos muy desacostumbrados a hechos tan normales.

Por Gonzalo Neidal
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2015-12-17_MACRITras los primeros siete días de gobierno ningún balance es posible, por supuesto.

Pero se percibe un cambio de clima. Claramente.

El gobierno da la sensación de un grupo de personas trabajando a todo vapor. Intensamente. Sin descanso.

Aparentan gran seguridad en lo que hacen. Se muestran serenos. Pese a que van apareciendo cada vez más datos que revelan realidades aún más inquietantes que lo que ya se suponía.

Cada día hay una noticia importante. Es natural. Estamos al comienzo de una gestión. Hasta ahora, lo más fuerte fueron los nombramientos en la Corte y el levantamiento del cepo cambiario. Ambas fueron criticadas pero transcurrieron sin dramas mayores. El tipo de cambio se liberó y, al menos en la primera jornada, no hubo disparadas. Los economistas más prestigiosos no las prevén para el futuro inmediato.

Más aún: los principales asesores de Daniel Sciolidurante la campaña electoral, Miguel Bein y Mario Blejer, apoyaron el sentido general de las medidas económicas. Hicieron observaciones parciales pero aceptaron que de ninguna manera se podía seguir con un dólar tan retrasado y, además, encarcelado.

Otro cambio importante: los funcionarios –aún los más encumbrados- hablan, visitan programas de televisión, responden preguntas, hacen conferencias de prensa donde los periodistas pueden formular preguntas. No es un mérito excesivo, claro. Pero estábamos muy desacostumbrados a hechos tan normales.

El presidente se muestra distendido, concede entrevistas, se presenta con su familia, cuenta anécdotas, habla de todos los temas. Se ríe. No se muestra malhumorado ni hosco. Pone la cara.

No más cadenas nacionales por temas triviales. Uno pone la TV Pública y todavía puede ver 678 criticando al gobierno y defendiendo al anterior. Lo mismo ocurre en Radio Nacional. Esto va a cambiar, claro. Al menos eso esperamos.

Los partidarios de la “década ganada” actúan como si la caída del gobierno fuera inminente. Se movilizan y hacen marchas cuando apenas van siete días de gestión. Claro que sin el poder del estado, las cosas son más complicadas. Se mueve menos gente. Los manifestantes se muestran disconformes con el curso impreso por el nuevo presidente a su gestión. Anuncian catástrofes. Se han “carriorizado”.

Pero todo esto puede cambiar. Los que estuvieron, pueden volver a estar. Para eso, claro, deberán formar un partido, presentarse a elecciones y ganarlas.

No parece demasiado complicado.

Por ejemplo, Macri lo hizo.