Una bravuconada

De un solo plumazo, Mauricio Macri ha puesto al Congreso a la defensiva y a sus aliados radicales en el limbo. Más allá de las alarmas que despierta una decisión poco democrática e ilegítima, los nombramientos por decretos muestran que Macri es macho y se la banca. A eso ha apostado. Pero sus brazos torneados en forma de martillo no mejoran su poder de negociación en un Congreso en el cual no dispone de mayorías.

Por Ernesto Calvo*
Ph.D. en Ciencia Política, Northwestern University

111215macriscioliDSC_7821 (1)Dejemos en suspenso, por un rato, la discusión sobre cuán ilegítima es la decisión de nombrar jueces de la Corte Suprema a través de esta pobre e inadecuada reinterpretación de la Constitución Nacional. Asumamos por un momento que la viveza criolla de Mauricio Macri paga, sumando dos jueces de la Corte Suprema, mostrando que él no es ningún chirolita, que su decreto es más largo que el de todos los otros políticos, que a él no lo van a pasar por arriba porque él es macho y se la banca. ¿O acaso puede entenderse esta decisión como otra cosa que una bravuconada?

A fin de cuentas, si esta fuera una decisión racional, antes de mostrar su veta menos republicana Mauricio Macri debería haber esperado a que se conforme la Comisión Bicameral revisora de los decretos de necesidad y urgencia. Muchos de sus decretos sólo pueden ser sostenidos si esa comisión está presidida por un miembro del PRO y, por tanto, puede administrar los llamados, las reuniones y la agenda de la comisión. Pero, después de esta decisión poco acertada, ¿Qué Senador o Diputado en su sano juicio le daría al PRO la presidencia de la Bicameral?

En efecto, hay veces en las cuales ser “el hombre más inteligente en la habitación”, como solía ser llamado el VP de Enron, Kenneth Lay, es malo para los negocios y para la política. Usar espejitos de colores para sacar ventaja cuando recién comienza una relación de como mínimo de 4 años es una mala idea. En tan sólo unos días Macri ha demostrado que sus críticas al Congreso no eran porque esta institución era un sello de goma al servicio del ejecutivo sino que, más bien, no era su sello de goma. Y así como muchos de los políticos del PRO adujeron que el Congreso aprobaba sin críticas ni enmiendas los proyectos de ley de Cristina Fernandez, Mauricio Macri pareciera estar convencido de que este Congreso no va a estar dispuestos a trabajar con él y, por tanto, él está dispuesto a mostrar quien manda.



El Congreso, sin embargo, nunca fue un sello de goma. Es una institución difícil de manejar para todos los presidentes, con muchos recursos legales y con prerrogativas constitucionales que no pueden ser simplemente obviadas. Los decretos de necesidad y urgencia son políticamente difíciles de sostener y mucha legislación, incluidos todos los proyectos de ley en áreas impositivas, no puede ser sancionados mediante decretos de necesidad y urgencia.

El número de bancas de las que dispone el PRO en diputados no aumenta mágicamente cuando el presidente muestra que tiene huevos del tamaño de dos bolas de boliche. Los 4 senadores del PRO no se duplican como panes cuando el Presidente de la Nación muestra que en lugar de pectorales tiene dos placas de titanio. Y, por tanto, no es cierto que sus brazos torneados en forma de martillo mejoran su poder de negociación ante este Congreso en el cual no dispone de mayorías. Lo que esta decisión demuestra es una increíble falta de entendimiento de los tiempos políticos que tienen las instituciones democráticas.

Para Mauricio Macri no hay aliado político más importante en el Congreso que los Radicales, quienes pueden darle los números para evitar que una insistencia de dos tercios de por tierra con sus vetos. A fin de cuentas, estos vetos pueden ser la moneda de reserva para que sus decretos sobrevivan los malhumores del Congreso. ¿Cuál sería el motivo por el cual, recién empezada la partida, Macri le muestra a sus aliados que está dispuesto a avasallar a la Corte Suprema, una de las instituciones que ellos consideran sagradas? De un solo plumazo, Mauricio Macri ha puesto al Congreso a la defensiva y a sus aliados radicales en el limbo. Más allá de las alarmas que despierta una decisión poco democrática e ilegítima, los nombramientos por decretos muestran que Macri es macho y se la banca. A eso ha apostado en su relación con el Congreso, porque estos Diputados y Senadores parece que de Democracias con “D” mayúscula no entienden nada.

(*)Profesor de Ciencia Política (Universidad de Maryland, Estados Unidos). Lic. Ciencia Política (UBA)

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