Macri nos dijo que él no es De la Rúa

La pretensión de verdad no es independiente de la calidad y la historia de quienes la enuncian. No es fácil, por ejemplo, que la palabra de Alí Babá sea excesivamente prestigiosa si intenta hablar de honestidad.

Por Daniel V. González

Buenos Aires - Buenos Aires - El presidente provisional del Senado, Federico Pinedo le coloca la banda presidencial a Maurico Macri como nuevo presidente. Juan Roleri/belve

Macri nombró dos ministros de la Corte mediante un decreto.

Encontró una olvidada previsión constitucional que se lo permitía y la aprovechó. Y esto desencadenó una oleada de críticas en su contra.



Por empezar, la decisión del Presidente ha operado un milagro: muchos políticos cuya vocación republicana había permanecido aletargada durante largos años ahora, repentinamente, parecen haberla recobrado. Y eso está muy bien.

La dimensión jurídica

La decisión de Macri puede ser abordada desde diversos ángulos. El primero es el jurídico, que está lejos de ser nuestra especialidad. Pero existe un artículo de la Constitución Nacional que no era tenido presente por nadie y que permite al Presidente hacer lo que hizo. Su decisión será sometida al Congreso cuando sesione y podrá ser rectificada por éste.

Hay constitucionalistas que piensan que el decreto presidencial se aviene al Derecho. Otros, opinan que no. La situación da para que repitamos una frase clásica de la Ciencia Jurídica: existen dos bibliotecas. Los otros dos poderes decidirán, en el futuro más o menos inmediato, si el Poder Ejecutivo actuó correctamente.

Entre los juristas que se han mostrado a favor de la decisión del Presidente, hay uno que nos interesa destacar. Se trata de Eduardo Barcesat, especialista afín al kirchnerismo. Dijo: “Se trata de un mecanismo previsto en la Constitución. Se trata de una decisión que no resulta incorrecta desde el punto de vista de lo que establece la Carta Magna”. Agregó también que él propuso este mecanismo cuando un grupo de senadores se negó a tratar el pliego de Roberto Carlés cuando la ahora ex presidenta lo propuso para integrar el máximo tribunal.

Una opinión interesante y valiente, por provenir de quien la sostuvo. Claro que hay otros importantes constitucionalistas que piensan lo contrario. En definitiva, se trata de un tema controvertido. Lo dicho: dos bibliotecas. Y cuando esto ocurre, las leyes prevén una forma de resolver el conflicto: la Justicia.

Cabe señalar que el ministro Ricardo Lorenzetti se mostró satisfecho con los nombramientos realizados por Macri. “Son bienvenidos”, dijo.

La dimensión ética

Las objeciones más importantes hacia el decreto presidencial provienen de lo ético. Podrían resumirse de este modo: Macri hizo su campaña impugnando numerosas violaciones realizadas a la república y la democracia por el gobierno anterior. Y, apenas asumido, nombra jueces de la Corte Suprema mediante un decreto de dudosa validez jurídica. Esto configuraría una estafa hacia su electorado y una clara infracción al perfil exhibido durante la campaña electoral.

Esta es una crítica atendible pero es esgrimida tanto por gente que ha votado a Macri pero, con mucho más énfasis, por aquellos que respaldaron el régimen kirchnerista durante más de una década.

Los primeros deberían ir preparándose para aceptar que la realidad y la necesidad de transformarla, muchas veces crea una distancia entre las promesas (aún las realizadas con convicción y honestidad) y los hechos.

Seguramente Macri ha entendido que debe usar el poder que le ha sido conferido hasta el límite mismo de la legalidad. Y eso es lo que ha hecho en este caso, que no reviste gravedad ni riesgo institucional, por cierto.

Es muy alocado pensar que este decreto del Presidente pueda inaugurar un camino de violaciones sistemáticas al funcionamiento republicano de las instituciones del país. Ha sido, en todo caso, una decisión valiente y riesgosa, tomada en el momento en que el manual de Maquiavelo lo aconseja: al principio del gobierno, cuando el Príncipe es más fuerte.

Nada hace pensar que Macri torne hacia el estilo kirchnerista. Pero tampoco nada nos lleva a creer que el nuevo Presidente tendrá pruritos para ejercer su poder sin timidez.

La Justicia en la era K

Capítulo aparte merecen las críticas provenientes de personajes afines al gobierno que acaba de partir.

La pretensión de verdad no es independiente de la calidad y la historia de quienes la enuncian. No es fácil, por ejemplo, que la palabra de Alí Babá sea excesivamente prestigiosa si intenta hablar de honestidad.

Venimos de un gobierno que ha designado decenas de jueces de un modo similar y que ha tenido otros episodios gravísimos de presión a la Justicia.

Entre ellos, pueden mencionarse sin agotar la lista:

  • El auto baleado del Juez de la Corte Adolfo Vázquez, en agosto de 2004, cuando el kirchnerismo aspiraba a su renuncia.
  • El secuestro del hijo del fiscal Eduardo Taiano, el mismo día en que éste debía apelar un fallo favorable a Néstor Kirchner por enriquecimiento ilícito.
  • La separación del Juez Luis María Cabral cuando éste debía pronunciarse sobre el acuerdo con Irán.
  • Los fallos de Norberto Oyarbide siempre favorables al gobierno.
  • Las presiones para obtener la renuncia del Juez Fayt.
  • Y, por supuesto, la muerte del fiscal Alberto Nisman.

De tal modo, que no resultan demasiado creíbles quienes aceptaron en silencio o con ruidosas adhesiones el accionar del gobierno contra la Justicia durante todos estos años y ahora pretenden subirse al púlpito y dictar cátedra de Derecho Constitucional.

Macri y la política

Algunos de los votantes de Cambiemos están disconformes con la decisión del Presidente. Hartos de los tiempos K, le exigen a Macri una pureza que muchas veces está reñida con la política real, que se nutre de ripios, asperezas y trampas que hay que ir resolviendo sobre la marcha.

Hoy es impensado que el nuevo gobierno pueda tomar un camino sustancialmente distinto al propuesto en su campaña electoral: vigencia de libertades, diálogo, consenso, República, instituciones en funcionamiento, Justicia independiente, división de poderes.

Su decreto no infracciona ninguna ley y, si lo hiciera, la Justicia lo resolverá.

El mensaje de Macri es claro: usará el poder de que dispone para gobernar sin reticencias. Nos está diciendo que él no es De la Rúa.

Esto recién está comenzando.



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