Doctor ciruela

En síntesis, con sus modales de almibarada afectación, y su tono grandilocuente y falsamente académico, resulta difícil decidir si el señor Castro es un periodista que realiza mala praxis médica, o un médico de malos hábitos periodísticos. El libro que comentamos es una simple regurgitación impresa de toda la pasión por el curanderismo con la que hace mucho viene fatigando a audiencias y lectores. Al terminar de leerlo, puede sobrevenirle al lector un impulso irrefrenable de solicitar la devolución del importe abonado. Solicitud que, sin mucha esperanzana, formulo humildemente desde aquí a sus editores.

Por Luis Alfredo Ortiz

Nelson Castro_tapaEl título de este libro —Secreto de estado: la verdad sobre la salud de Cristina Fernández de Kirchner— puede inducir a sus potenciales lectores a pensar que trata primordialmente de la salud de Cristina Fernández de Kirchner, o que se le va a revelar en él algún secreto sobre el tema. Pues bien, no es ese el caso. Este texto es, en realidad, un relato autobiográfico de Nelson Castro, en el que todo gira alrededor del papel protagónico que él se adjudica en relación con la salud de la presidente, que no es otro que el de celoso vigilante y atento censor, cuyas siempre desatendidas admoniciones e invariablemente desoídas predicciones conducen a la paciente, inexorablemente, a evitables desgracias que empeoran su salud, con el consiguiente perjuicio no sólo personal para CFK, sino para la sociedad que a ésta le ha tocado gobernar. Demás está decir que Castro trabaja casi siempre con el ‘diario del lunes’.

En realidad, si se quitaran del texto los extensos segmentos intercalados  —que corresponden a sus propios artículos periodísticos, a artículos de otros sobre Nelson Castro, y hasta a 30 (treinta) páginas de decretos sobre la Unidad Médica Presidencial, que no puede esperarse que alguien lea— la extensión del libro se reduciría a menos de la mitad. Aunque eso redundaría en el consiguiente perjuicio recaudatorio para la editorial y el autor, le ahorraría al lector más de un prolongado bostezo.

En todo momento llama la atención la ambivalencia con la que Castro intenta justificar un desaforado afán de protagonismo, que excede ampliamente lo periodístico para incurrir en liso y llano entremetimiento en la práctica profesional de los médicos que a lo largo del tiempo han estado a cargo de atender la salud de CFK: no se sabe si Castro es un médico que ejerce de periodista, o un periodista que ejerce de médico. Ello se debe a que alguna vez egresó de la UBA con el título de médico, profesión en cuya práctica no insistió demasiado, para pasar prontamente al periodismo. Sabido es que hoy en día no es posible ejercer la medicina sin el perfeccionamiento continuo en un área de especialización, lo que requiere una dedicación profesional de tiempo completo. Menos aún puede pretenderse abarcar varias especialidades de la ciencia médica. Y lo que excede toda razonabilidad es la pretensión de juzgar, desde lo mediático, los diagnósticos y decisiones terapéuticas de especialistas de primer nivel en diferentes áreas, y de impartir consejos y severas admoniciones a sus pacientes, que es lo que, según este relato autobiográfico, ha hecho continuamente Castro desde la prensa gráfica, radial y televisiva.



El fisgoneo, el acoso a los médicos para que revelen datos sujetos a secreto profesional —es decir, la obtención de información sin demasiados pruritos éticos— son una constante que el autor revela sin ambages en este texto autobiográfico. Esto, naturalmente, le ha generado problemas tanto con la paciente como con los que él llama sin sonrojarse sus ‘colegas’: «Efectivamente, la Presidenta dijo la verdad: muchos colegas médicos prestigiosos se molestaron por mi información y me criticaron y aún critican duramente. La tarea del periodista es así: genera molestias. Lo que seguramente no le dijeron a la Presidenta es que otros colegas médicos, igual de prestigiosos, dieron fe de mi información porque también hablaron con algunos de los participantes de este caso que contaron las mismas cosas que yo narré. Vaya mi respeto para los unos y los otros. La vida del periodista es así: está expuesta a críticas y polémicas, y está bien que así sea

El párrafo citado resume cabalmente la ambivalencia de Castro: se refiere a especialistas de altísimo nivel como ‘colegas médicos’, pero asume las críticas de estos como gajes de ‘la vida del periodista’. Esta forma de proceder se basa fundamentalmente en algo que Castro presupone —aunque se cuida muy bien de decirlo—: que su audiencia ignora la relación entre la profesión médica y las publicaciones. Los profesionales de la medicina no publican en diarios ni revistas de quiosco, sino en revistas académicas especializadas, en las que sus artículos son sometidos previamente al escrutinio de un comité integrado por pares, quienes no sólo evalúa el contenido científico sino también los aspectos éticos involucrados. Es decir, Castro no puede defender lo que publica valiéndose de su condición de médico, porque no sólo carece de las condiciones científicas requeridas (que no las confiere un diploma archivado), sino que tampoco respeta los canales y códigos éticos de las publicaciones médicas.

Castro llega a rozar la simulación académica cuando se toma la libertad de diagnosticarle a CFK el llamado ‘síndrome de Hubris’, concepto difuso y todavía no aceptado en la taxonomía de trastornos psiquiátricos. Se basa para ello en un ‘paper’ de Owen y Davidson, aparecido en 2009, donde proponen ese nombre para un conjunto de características observadas, según ellos, en las personalidades de mandatarios británicos y estadounidenses en los últimos cien años, pero que a la fecha no ha sido incluido en el DSM-V, Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, quinta edición. Es decir, los especialistas no pueden diagnosticar a ningún paciente una enfermedad que, a los efectos prácticos, no tiene existencia oficialmente reconocida en la nomenclatura universalmente aceptada.

Pero un detalle como el reconocimiento científico oficial de la existencia o no de una enfermedad no iba a disuadir a Castro de diagnosticársela por televisión a una paciente tan importante como CFK: «El jueves 15 de agosto, durante la primera emisión de ‘El juego limpio’  —el programa de televisión que conduzco por TN— […] comenté la preocupación de sus médicos por la situación que atravesaba la Presidenta en esos momentos. Fue entonces cuando sugerí que padecía el síndrome de Hubris, cuyas características básicas describí

El intelectual kirchnerista Horacio González ha criticado con acierto el proceder de Castro, al decir que «aconseja como un personaje extraviado de algún borrador de Molière, mirando a la cámara como un poseído curandero o un profeta desocupado…». La caracterización de esta práctica como curanderismo mediático es la que mejor define a la actividad del periodista-doctor, pues el diagnosticar vaguedades a partir de percepciones impresionistas y con un aplomo digno de mejor causa es lo que caracteriza desde siempre a los curanderos.

Si la paciente que tanto trabajo da al señor Castro es dueña de un ego monumental, el de su voluntarioso galeno no le va a la zaga. Tanto es así, que el doctor-periodista llega a atribuir a sus columnas un papel determinante en las decisiones que aquella toma sobre sus propias internaciones: «Dos fuentes diferentes coinciden en señalar que la lectura de la columna de mi autoría aparecida en la edición de ese día del diario Perfil le molestó tanto que tomó la decisión de retirarse inmediatamente del Otamendi

En síntesis, con sus modales de almibarada afectación, y su tono grandilocuente y falsamente académico, resulta difícil decidir si el señor Castro es un periodista que realiza mala praxis médica, o un médico de malos hábitos periodísticos. El libro que comentamos es una simple regurgitación impresa de toda la pasión por el curanderismo con la que hace mucho viene fatigando a audiencias y lectores. Al terminar de leerlo, puede sobrevenirle al lector un impulso irrefrenable de solicitar la devolución del importe abonado. Solicitud que, sin mucha esperanzana, formulo humildemente desde aquí a sus editores.

 

Ficha técnica

Título: Secreto de estado: la verdad sobre la salud de Cristina Fernández de Kirchner

Autor: Nelson Castro

Editorial: Sudamericana

Páginas: 256



Dejar respuesta