¡Los quiero de rodillas!



Por Claudio Chaves *

p13-1Frase atribuida a Néstor Kirchner en el peor momento del conflicto con el campo. Felizmente  no lo logró. Por el contrario, si se aprecia el mapa con la distribución de los votos de Cambiemos en la Provincia de Buenos Aires  podemos observar que el sufragio del campo ha puesto de rodillas al Frente para la Victoria. María Eugenia Vidal pasó el rastrillo por la pampa húmeda y por alguno de los Municipios más emblemáticos.  En el resto del país Macri ha hecho una excelente elección.
El FPV debe perder. Debe ser vencido para salvar a la Argentina del estado de postración moral, cultural y económica a que nos ha llevado un gobierno fatuo que cargado de rencores envenenó la salud física y  mental de los argentinos. El pueblo ha encontrado en Cambiemos la herramienta para hacerlo. Para comenzar no está nada mal.
El FPV debe perder, también,  porque es la única posibilidad que tiene el peronismo de resetearse. Durante doce años acompañó la experiencia progresista sin chistar. Aguantando las flagrantes desviaciones doctrinarias y aceptando retrotraer la política a épocas remotas de enfrentamientos que estaban archivadas en la historia y que no debieron salir de allí. Pero no, el kirchnerismo echó sal en la herida y el peronismo fofo, ciego y mudo aceptó todo sin una mueca de dolor. Tiró por la borda el significado del retorno de Perón y lo bueno hecho en la década del ’90 por el mismo peronismo que años después   borró con el codo lo escrito con la mano. Posiblemente esa década  haya tenido  errores y  miserias, por supuesto, sin embargo tuvo dos grandes hechos políticos de enorme  magnitud que el sector progresista de la sociedad atacó con eficaz virulencia. Ellos han sido: borrón y cuenta nueva respecto de los enfrentamientos del pasado. Indulto a los responsables de uno y otro bando de la guerra subversiva. Indulto a los militares sublevados contra el gobierno de Alfonsín (los cara-pintada), indulto a los responsables de la Guerra de Malvinas, resarcimiento económico a las familias de los desaparecidos por el terrorismo de Estado. El abrazo con beso incluido al Almirante Rojas y el retorno de los restos del brigadier Juan Manuel de Rosas. Todo en el marco de cerrar viejas y nuevas heridas. Lamentablemente no pudo ser. Un sector de la sociedad no lo comprendió. Posiblemente ahora si lo haga luego de doce años de venganzas y dos años de Francisco y su Teología del Encuentro.
El otro hecho significativo fue el nuevo rol de la Argentina en el mundo. Ante la caída del comunismo se estrecharon  lazos con los EE.UU. y se buscó un acuerdo con Inglaterra, apartando al país del Tercer Mundo. Se habló en su momento de relaciones carnales cuando solo era reubicación en el tablero mundial.
Lo que se hizo bien,  el kirchnerismo lo destruyó. Y el peronismo acompañó.
Es muy difícil, diría casi imposible,  un giro copernicano por parte de Scioli.  El discurso de la noche aciaga lo inició agradeciéndole a Cristina lo hecho y luego, malhumorado, reafirmó su condición kirchnerista en un abierto desafío a la sociedad que rechaza al gobierno nacional. Es muy difícil la situación del gobernador que envía señales de no kirchnerismo, apoyándose en Cristina.
 (*)Historiador