Un trapecista va surcando el cielo

“Me iré en un dirigible a Plaza España
pues antes de morir quiero observar
los edificios, mis grises montañas
y mi alma errante por la peatonal.”
Ariel Borda

El capitan Silimbani rodeado de admiradores, Caras y Caretas, 1903. Atrás se ve a muchachos sosteniendo las bridas del globo aerostático.
El capitan Silimbani rodeado de admiradores, Caras y Caretas, 1903. Atrás se ve a muchachos sosteniendo las bridas del globo aerostático.

Un aerostato atraviesa el cielo, movido por un viento leve. De él va colgado un aeronauta, haciendo figuras en su trapecio. Desde las azoteas, desde las barrancas y las casas del alto, miles de cordobeses contemplan maravillados cómo el tripulante del enorme globo que va hacia el sudeste, se aferra de pronto con las piernas y deja caer su cuerpo y pender su cabeza, con las manos extendidas hacia abajo. Luego se tiende horizontal y forma una perfecta bandera a la que llevan la nave y el viento, recortando su trayecto contra el atardecer del domingo 15 de enero de 1903.
La escena, con algunos cambios relativos al paisaje y condiciones climáticas, ha sido contada en Santiago del Estero, en San Salvador de Jujuy, en San Miguel de Tucumán, en Mendoza, en Rosario, en Concordia y en varias otras capitales, durante esa temporada de 1903. En cada uno de estos puntos, contratado por los cigarreros rosarinos hermanos Flo, que explotaban las marcas Americana, Chinito y Snob, realizó aquella gira de vuelos en globo el Capitán Silimbani, junto con su esposa Antonieta Cimolini. Ambos habían nacido en Forli, Emilia-Romagna, en el noroeste italiano. Ambos se turnaban en tripular el aerostato, y lo hacían combinando la tarea con una rutina de acrobacias. También arrojaban volantes de publicidad, y se desafiaba a recoger una bandera argentina que antes era desplegada al viento y luego se dejaba caer, ofreciendo 5 pesos de premio al primero en recogerla.
La gira hizo pie en Córdoba en febrero, y así anunciaba un suelto del diario La Libertad del 10 de ese mes, la primera ascensión del globo que llevaba nombre de una marca de cigarrillos de los hermanos Flo: La Americana.
“Se ha resuelto ya que el domingo próximo tendrá lugar la primera ascensión del capitán José Silimbani y de su esposa en el globo La Americana.
El local designado se encuentra en el pueblo General Paz, al lado de la estación del tramway ciudad de Córdoba.
Es indudable que esta será la fiesta de mayor atractivo, por tratarse de un espectáculo nuevo para nosotros, pues es la primera vez que tenemos la ocasión de admirar la audacia de estos valerosos navegantes aéreos.”
En rigor, no era la primera vez que un aeronauta realizaba la proeza de mirar a los cordobeses y su capital desde arriba, porque –informa el omnipresente Bischoff- ya en 1877 el capitán Miguel Sanz había despertado entusiasmo y admiración con sus acrobacias en el trapecio que pendía de un enorme globo colgado del cielo. Pero un cuarto de siglo después la hazaña de los esposos Silimbani era inaugural para muchos. Citando el mismo artículo:
“Aun no hemos presenciado los trabajos del capitán Silimbani y de su esposa, pero si hemos de dar crédito a lo que de ellos dice la prensa rosarina, son verdaderas proezas de coraje las que realizan en el trapecio colgante del globo La Americana.
El espectáculo que ofrece una persona ejecutando ejercicios en un trapecio llevado a merced de los vientos y a una altura que alcanza hasta los quinientos metros, es fuertemente emocionante cuando se le admira por primera vez.
También el periódico refuerza el propósito comercial que rodea al acto aéreo, comentando que “los precios fijados para la entrada y localidades son sumamente módicos, y hasta se pueden obtener con etiquetas vacías de los cigarrillos elaborados por la casa Flo Hnos, que es la que ha traído hasta Córdoba a los audaces aeróstatas.” Luego tuvo lugar la versión cordobesa de la hazaña, el domingo y fue seguida por el cronista de La Libertad in situ. Va su descripción de primera mano:
“El lugar elegido al objeto fue el edificio en construcción para talleres de una empresa situada a una cuadra al sud de la estación del tramway de Córdoba en General Paz.
La concurrencia que afluyó desde las 4 de la tarde hasta las 7 p.m. en que se efectuó la ascensión del globo, situado en los alrededores del local, sin exageración pasaba de ocho mil, aparte de la gente que lo ocupaba interiormente.
Los coches de la empresa tramway de Córdoba iban llenos de pasajeros, teniendo ésta por necesidad, que aumentar el servicio.
Las azoteas de muchos edificios, tanto de General Paz como del centro de la ciudad, contenían numerosas personas que esperaban presenciar el espectáculo, varias con auxilio del anteojo.”
El relato da cuenta de que la ceremonia de inflado de la inmensa esfera mediante el calor duró dos horas. Cuando el capitán Silimbani consideró que se daban las condiciones, se aferró al trapecio y dio la orden a los muchachos que desatasen las cuerdas que cinchaban tironeadas por el globo. Y éste:
“se elevó contorneándose como una coqueta, hasta unos 80 metros más o menos, siendo llevado por el viento norte que soplaba lento a esa hora.
Muy presto empezó a descender y al cabo de dos minutos se perdió de la vista de los presentes.
El globo descendió quietamente a unos 25 metros al sud de la doble vía del tramway San Vicente, y como tres cuadras al este del molino Letizia, donde hay muchas casas y árboles que muy bien pudieron estos obstáculos comprometer la caída del navegante aéreo.
Cerca de allí lo esperaba al capitán Silimbani su esposa en un carruaje.
Desde el punto de ascensión del globo, hasta el de caída no hay más distancia que 9 cuadras en sentido recto al sud.
Un muchacho Carlos Damiani, alias Catenas recogió la bandera arrojada desde el espacio por el aeronauta, consiguiendo así la prima de cinco pesos.”
Otro día habrá que volver al tema, y en particular al vuelo y figura de ella, Antonieta Cimolini de Silimbani. Queda prometido.