La UNC, ínsula K en el océano opositor

ilustra tamarit atrincheradoLa UNC es, por lejos, el mayor presupuesto estatal administrado por el kirchnerismo cordobés. Sin embargo, la estabilidad del oficialismo K se ha visto supeditada desde su inicio a la benevolencia del gobierno nacional, canalizada principalmente a través de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU).
Fue dicho apoyo el que posibilitó, por ejemplo, amalgamar la heterogeneidad de espacios políticos que ungieron a Francisco Tamarit como titular de la Casa de Trejo. Ahora, el inesperado desempeño de Daniel Scioli y Mauricio Macri en la elección del pasado fin de semana, parece haber trastocado el devenir de los hechos planificado por el Rector: asambleas, estabilidad de su grupo político y reelección.

Una gestión con origen “nacional y popular”
El 5 de marzo de 2013, a menos de 20 días de la Asamblea Universitaria que elegiría al sucesor de Carolina Scotto en el sillón principal de la UNC, el por entonces decano de la Facultad de Ciencias Médicas, Gustavo Irico, lanzó su candidatura a rector, con críticas a la gestión que estaba finalizando y a Tamarit, su candidato.
Sin embargo, tan solo 15 días después, en las vísperas de la Asamblea, Irico bajaba su candidatura y anunciaba el apoyo de su Consejo Directivo a quien terminaría convirtiéndose en Rector. Aquí, la intervención del entonces titular de la SPU y hoy diputado nacional Martín Gill habría sido decisiva.
Los conocedores de los tejes universitarios señalan hacia barrio General Paz, donde coincidentemente el Hospital Italiano, del que Irico es socio, fue beneficiado con un aumento significativo de la cápita (pago proporcional por los pacientes asignados) del PAMI.
De esta manera, la actual gestión nació como un variopinto rejunte de clanes políticos que, lejos de querer sumar a un proyecto integrador o superador de las diferencias partidarias, tuvo que sobrevivir a constantes tensiones internas, que mantuvieron a los universitarios más entretenidos por echar a Monsanto o acordar con la ex SIDE que en mejorar la calidad de la educación que la UNC imparte.
Así, los aliados de Tamarit han sabido distinguirse entre un ala purista, que a través de “talibanes” como el decano de Filosofía y Humanidades, Diego Tatián, quisieron imponer sus dogmas ideológicos aun a costa de la libertad de expresión y cátedra, y un sector pragmático, donde facultades como Ciencias Médicas y Derecho supieron acompañar discusiones incómodas en pos de fines mayores.
La grieta oficialista
A tan solo dos días de la primera vuelta electoral, la página web de la Facultad de Filosofía y Humanidades exhibió un comunicado titulado “Por la defensa de la educación pública y el desarrollo de la ciencia”.
Con la firma de una buena parte del establishment político de esa Facultad y un tono tremendista, el texto advierte sobre los “peligros” que podría acarrear una resolución del balotaje del próximo 22 de noviembre.
“Ante el riesgo de un avance de programas privatistas en el escenario político nacional, (…) frente a cualquier eventualidad regresiva que pretendiera desmantelar los avances en educación, ciencia y técnica producidos en los últimos años por la democracia argentina, (…) vamos a defender las conquistas académicas, científicas, culturales, laborales y salariales alcanzadas con la recuperación del Estado, tras su desguace neoliberal en los años 90” declara el apresurado comunicado.
Con una posición contundente, el purismo le marca a Tamarit un límite claro y delinea lo que imagina como el futuro de la coalición gobernante: un bastión progresista en constante disputa con el futuro gobierno nacional. Aparentan conocer poco lo indispensable que son los fondos nacionales para lograr gobernar con calma una universidad pública.
Además, los firmantes parecen desconocer el cursus honorum de su propio candidato. Acaso desconocen que Scioli ocupó sus primeros cargos de la mano de su odiado Carlos Menem, a quien agradeció recientemente por introducirlo a la política, o que se acaba de egresar de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), fundada en 1957 por la Cámara Argentina de Sociedades Anónimas.

Próximos pasos, con dificultades
Si el empate técnico entre Scioli y Macri parece ya haber condicionado al Rectorado de la UNC, que aun no ha fijado fecha para la Asamblea Universitaria en la que pretende crear dos nuevas unidades académicas, un eventual triunfo de Cambiemos en el balotaje sumiría a Tamarit en la necesidad y el desamparo.
La explícita sumisión de Tamarit para con el kirchnerismo generaría un enfriamiento directamente proporcional en las relaciones con una SPU macrista o, aún más, radical. El Rector eligió desde un comienzo a los estudiantes de Franja Morada como su principal oposición.
Las dos nuevas Facultades que Tamarit querría crear antes de fin de año sustentan su factibilidad en supuestos aportes que la SPU realizaría, para así enmendar sus innumerables deficiencias presupuestarias, edilicias y docentes.
Por otra parte, encajar todas las piezas del rompecabezas que lo llevó al rectorado de la UNC sin la colaboración del gobierno nacional podría volverse una tarea titánica. Peor aún el sector pragmatismo decidiese acomodar su posición a los nuevos vientos.
Numerosas incógnitas comenzarán a vislumbrar una respuesta cuando el 22 de noviembre los universitarios conozcan el nombre del próximo presidente. Tamarit será sin duda el más ansioso de los expectantes, conocedor de que su futuro político podría decidirse en las urnas de todo el país.