Córdoba, capital nacional anti K

Por Gabriel Osman
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p03-1Sumando solo los votos del PRO (53%) y los de UNA (21%), el electorado cordobés se reveló como el distrito más anti K del país. En la ciudad de Ciudad de Buenos Aires, que prohijó al partido de Mauricio Macri y donde el candidato presidencial es gobierno desde hace ocho años, el PRO sacó el 50,5% y Massa 15%. Queda claro, entonces que, por lejos, Córdoba es la capital nacional del antikirchnerismo.
Esta antinomia que supo construir primero Néstor (con más eficacia) y después Cristina (con torpeza manifiesta), y que ahora ha jugado electoralmente en contra del Frente para la Victoria, marcó en la capital cordobesa su clímax, como lo marca el 60% de votos macristas, 10 puntos más que en la cuna del PRO, la ciudad autónoma de Buenos Aires.
En este nítido manifiesto electoral contra el oficialismo que ha gobernado durante 12 años el país, mucho ha tenido que ver la principal víctima propiciatoria que eligió Cristina de Kirchner: José Manuel de la Sota. Por lo cual habrá que reconocerle al gobernador alguna eficacia en la construcción social de “su” relato, aunque no lo haya podido capitalizar su alianza con Sergio Massa.
Finalmente, a la sanción en las urnas habrá que reconocerle justicia electoral. Córdoba es una de las mayores productoras de granos y la que aporta la mayor cantidad de toneladas de soja a la economía nacional. Consecuentemente, ha sido la que más aportó a las retenciones a las exportaciones agropecuarias, con el correlato de saldo de divisas y a la construcción del poder kirchnerista a través del reparto de ese fondo sin impacto en la coparticipación y de manejo discrecional.
Es cierto que Daniel Scioli no es el responsable del desaguisado de estos ocho años de cristinismo, y a su manera él también es una víctima. Pero sus ofertas no se diferenciaron del “relato” K (por la vulnerabilidad de la provincia que gobierna y también por la presunta imagen alta de la presidenta, probablemente una falacia más fácil de adulterar, no verificable y tan trucha como muchos sondeos preelectorales desmentidos el domingo categóricamente). Lo cierto es que el corrimiento fue excesivamente soft o terciarizado a través de ventrílocuos (principalmente, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey).
Este documentado humor social anti K no necesariamente indique que en el balotaje sea capitalizado totalmente por Macri. Es de suponer que el personaje que monte Scioli después de la reciente jornada electoral mute convenientemente. Si algo no debe sospecharse del gobernador de Buenos Aires es su notable darwinismo político para adaptarse a las condiciones que impone el contexto.
Si bien hay ya algunas señales de UNA en dirección al PRO, el electorado no es dócil a acuerdos o decisiones de cúpula, amén de que Massa y el propio De la Sota ya han sacado seguramente conclusiones más rápidas y precisas que el periodismo. Particularmente el gobernador de Córdoba que ha sufrido durante doce años un virtual apartheid. Además, calculadora en mano, sabe que la diferencia en la provincia que sacó en las PASO y que le faltaron ahora a Massa (17%), se corresponden casi linealmente con los 18 puntos que creció Macri (35% y 53).
Además, un Scioli con libreto kirchnerista no tiene ni remotas posibilidades en Córdoba, que es un auténtico páramo para que crezca armados y liderazgos. Carolina Scotto fue apenas una insinuación, encima fallida por su rápida deserción, y con Eduardo Accastello tampoco alcanzó. Tendría que dar un giro copernicano muy difícil y con muchos riesgos, de credibilidad incluso.
Otro factor decisivo para evitar conclusiones apresuradas es la falta de experiencia de balotaje. A nivel nacional no existe casuística, lo que le da cierta imprevisibilidad. No se pudo estrenar con la “enmienda Mor Roig” en 1973 porque Cámpora rozó ya en primera vuelta el 50%; tampoco en 1995 con Menem que, previsor, se anticipó a una contingencia planteando, en la reforma constitucional de 1994, una segunda vuelta con una exigencia del 45% o de hasta el 40% con 10 puntos de diferencia con el segundo; en 2003 el mismo Menem directamente lo boicoteó al no presentarse al balotaje con Kirchner; a Cristina no le hizo falta en 2007 y mucho menos en 2011.