¿Qué deja esta campaña?

Por Facundo Larralde(1) y Nadia Kohl(2)

2015-05-05_SCIOLI_MACRI_MASSA_SANZ_webA sólo días del 25 de octubre, llegamos a la recta final de la campaña tal vez más pobre de los últimos tiempos, sobre todo si tenemos en cuenta qué está en juego: nada más ni nada menos que la continuidad del proceso iniciado por Néstor Kirchner en el año 2003 o bien, por primera vez desde ese entonces, la posibilidad de una alternancia con otra fuerza en el gobierno.
Luego de la PASO del mes de agosto, que oficia de gran encuesta nacional para algunos y de elecciones internas para otros, seis candidatos presidenciales superaron el piso de votos necesarios. Cinco de ellos orbitan alrededor del centro político, a excepción de Nicolás del Caño que representa al Frente de Izquierda, de orientación trotskista. De estos seis candidatos que llegan a octubre, sólo tres de ellos pueden aspirar a llegar al 10 de diciembre: Daniel Scioli, Mauricio Macri y, en el tercer lugar pero superando un piso del 20%, el ex intendente de Tigre Sergio Massa.
Daniel Scioli, primero en todos los sondeos, aparece como el candidato natural que siempre tuvo el Frente Para la Victoria para suceder a Cristina Fernández. Sin embargo, en el camino quedaron otros kirchneristas que aspiraban a competir en una gran interna, entre ellos, el favorito entre los sectores más progresistas del FPV: el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo. A pesar de su gestión en materia de transporte ferroviario y trámites de documentación, se ve no fue suficiente para granjearse el apoyo de sectores clave del PJ, intendentes del conurbano y gobernadores por lo que tuvo que pasar por el baño de humildad que le solicitó su jefa, junto a otros candidatos “menores” que, con incluso aún menos que él, querían pasar por las primarias.
En un solo movimiento, entonces, Scioli dejó de ser el candidato de los buitres para convertirse en el compañero Daniel, garante del futuro del proyecto político. Al ser ungido como un kirchnerista indiscutido, todas las críticas al actual Gobernador de Buenos Aires quedaron detrás. Una vez que sonó el gong de la disciplina, el FPV se volvió a transformar en una máquina electoral compacta.
No obstante, referentes del peronismo como el salteño Urtubey ya están adelantando medidas largamente negadas por los sectores más duros del kirchnerismo como la negociación con los holdouts. A través de un emisario, le envía señales a los mercados pero sin perder la confianza del votante kirchnerista más exigente. Scioli tratará de conservar el delicado equilibrio entre promesas a ajenos y garantías a los propios.
Mauricio Macri, por su parte, tuvo dos etapas en esta contienda. Si bien el slogan “Cambiemos” -sin muchas especificaciones sobre qué y cómo- fue su principal caballo de batalla desde el principio, luego de las PASO eligió pegar lo más posible su discurso al del kirchnerismo, en el sentido de recordar ante cada micrófono al que tenga acceso que conservará las principales medidas redistributivas del kirchnerismo. Lo que ofrece a cambio es diálogo, consenso y la promesa de una administración más transparente. Hace algunos días, inauguró una estatua de Juan Domingo Perón en la Ciudad de Buenos Aires, por si queda alguna duda de dónde está tratando de obtener votos.
Por último, entre los tres candidatos con posibilidades encontramos a Sergio Massa que, a pesar de haber sido multifuncionario del kirchnerirsmo hasta hace no mucho, supo construirse a sí mismo como una opción opositora en poco tiempo. En la necesidad de desmarcarse de los dos primeros, apeló a una estrategia osada: el de hacer una o dos propuestas concretas sobre problemáticas concretas. Sumado a la exhibición permanente de sus equipos de trabajo y al lugar privilegiado que le dio a su competidor en las internas devenido en socio, el cordobés José Manuel de la Sota, Massa encontró la forma de diferenciarse tanto de Macri como de Scioli. Lo sintetizó bien en su slogan: “El cambio justo”. De todas formas, parece estar lejos de la posibilidad de la segunda vuelta.
Mientras Scioli descansa en su relativa ventaja sobre el segundo, Macri y Massa están más ocupados triangulando números para ver cuál de los dos sí llega al ballotage. Parecería, entonces, que el premio mayor es arañar una segunda vuelta. Macri recordó tarde la posibilidad de armar un acuerdo más amplio para evitar esta incertidumbre, pero él mismo la liquidó antes del cierre de la presentación de las candidaturas para las PASO ya que el ingeniero optó por un armado partidario lo más puro posible. Ahora, con todos los espacios delimitados y números que no permiten el festejo anticipado de nadie, Macri carga culpas por adelantado en otras fuerzas, como en los votantes del Frente Progresistas que lidera Margarita Stolbizer por no cederle a Cambiemos su voto graciosamente, tal vez bajo la presunción que el antikirchnerismo es incentivo suficiente para semejante variación del voto, aludiendo al siempre desesperado “voto útil”.
Massa, por su parte, parecería no tener la presión de ser él el derrotado por Scioli. Su tercer lugar hasta podría verse como un resultado que lo consolida y que le provea una proyección inmediata de cara a 2019, que si bien es sumamente lejano en el país de la coyuntura, no sería extraño que se le cruce por la cabeza a un presidenciable de 43 años.
Con este marco definido después de las elecciones primarias, llegamos a un escenario muy distinto del de una polarización entre dos grandes bloques a-la-Venezuela como muchos esperaban. Todo lo contrario: no solamente la oposición está lejos de constituir un único bloque como tal, sino que tratan de suavizar lo más posible las diferencias con el oficialismo. Apuntan a dejar en claro que van a conservar las políticas insignia de estos tres períodos como las estatizaciones de YPF y las AFJP y la Asignación Universal por Hijo. Los cambios se orientan más a corregir los lineamientos macroeconómicos -aunque no es un aspecto secundario ya que éstos han moldeando en parte la configuración actual del gobierno-, los excesos en el plano institucional y colocan ahora la cuestión de la lucha contra el narcotráfico a la cabeza de la agenda de seguridad.
Esto exhibe a todas luces que el espíritu de estos últimos tiempos se ha basado en aferrarse al centro del espectro político con uñas y dientes. Incluso Scioli ha tomado nota de esto y trata de exhibir un perfil moderado y conciliador después de años de críticas por la renuencia al diálogo por parte del gobierno kirchnerista.
A nivel regional también ha cambiado el panorama considerablemente. Casi una década y media después del fin del predominio de los gobiernos neoliberales en gran parte de América Latina, ahora asistimos también al declive de las alternativas de la izquierda del siglo XXI como Brasil y Venezuela que enfrentan profundas crisis. A este clima de época se agrega también el renovado auge de la Alianza del Pacífico. Ante este nuevo escenario regional, desde ya que surge la pregunta sobre cómo se posicionará el próximo presidente, pero en especial Daniel Scioli ante una eventual victoria, ya que el FPV trae un peso discursivo y simbólico muy fuerte respecto a la integración latinoamericana. Seguramente el ala más progresista del kirchnerismo se haya formulado esta pregunta antes que nosotros. No obstante, para darle respuesta a este interrogante y a otros sobre el futuro inmediato de la Argentina, tendremos que esperar a la noche de este domingo.
(1)(Estudiante Ciencia Política UBA)
(2)(Politóloga UBA – Maestrando en Partidos Políticos CEA UNC)