¿Qué pasó con el “voto útil”?

Por Gonzalo Neidal

DYN13.JPGTras el resultado de las internas abiertas, no pocos habíamos razonado los guarismos de un modo que resultaba obvio pero que, con el paso de los días, no se verificó como certero. Al menos, hasta este momento.
Muchos pensábamos que, al constatarse que Mauricio Macri obtuvo más de diez puntos de diferencia sobre Sergio Massa, entonces quedaba claro para todos quienes fueran opositores al gobierno, que en los comicios presidenciales debían desplazar su voto hacia Macri, si es que consideran que la derrota de Scioli –en tanto continuidad del gobierno kirchnerista- constituye una prioridad para el país y el destino más relevante que puede tener el voto.
Pero es evidente que esto no ha ocurrido. Al menos, no lo registran las encuestas ni la percepción que cada uno de nosotros tiene de la realidad política a través de amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo y demás.
Claro que muchos ciudadanos definen su voto recién en los últimos días. Por eso siempre hay margen para una sorpresa postrera que las encuestas no han registrado en los días previos. Pero lo cierto es que el fenómeno “voto útil” no se expresa en los niveles masivos que podíamos prever con el resultado de las PASO a la vista, allá en agosto.
Esta ausencia de traspaso de votos hacia la coalición Cambiemos es quizá lo que ha hecho que en los últimos días desde la vecindad de Macri haya comenzado a hablarse del “voto útil” de mil maneras, evitando nombrarlo por su ominoso nombre.

Buenos Aires, la provincia
En estos últimos días de campaña, la gente de Macri ha hecho foco en un hecho decisivo: en la provincia de Buenos Aires no existe segunda vuelta. El que gana por un voto de diferencia, es gobernador. No hay posibilidad de votar, primero, conforme a “principios” y reservarse para el ballotage la decisión final.
En este caso, parece estar más claro que las posibilidades se circunscriben a dos candidatos: el oficialista Aníbal Fernández y la candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal.
Aníbal, a diferencia de Daniel Scioli, convoca exclusivamente los votos del kirchnerismo puro y duro. En la cabeza de los votantes, el actual Jefe de Gabinete es un heredero directo, para bien y para mal, de la historia, los postulados, los puntos de vista y los vicios de Néstor y Cristina. Nada más y nada menos.
Si Scioli pudiera definir a quien prefiere como gobernador de Buenos Aires, no elegiría a Aníbal Fernández. Podría preferir, incluso, a la propia Vidal. Aníbal se insinúa como un gobernador que puede transformar a la provincia más importante del país en un aguantadero de La Cámpora, un reducto apto para hostilizar al propio Scioli, en caso de que éste fuera elegido presidente. Y también un territorio apropiado para preparar el regreso de Cristina tras el interregno de quien la suceda, según el imaginario kirchnerista.
La provincia de Buenos Aires es un enigma, incluso para los encuestadores. Resultaba impensable que Francisco De Narváez le ganara en 2009 a la primera plana del peronismo en el poder, incluidos Néstor, Massa y Scioli, testimoniales derrotados.
En ese momento, el propio Kirchner estaba enfurecido por la presunta “traición” de barones y punteros del conurbano, que trabajaron para De Narváez cuya estrella, de todos modos, se apagó en poco tiempo.
¿Ocurrirá algo similar esta vez con Vidal y Aníbal Fernández? Hasta el momento, la mayoría de las encuestas reflejan un triunfo del candidato kirchnerista.

Poncio Pilatos
Lilita Carrió logró enfurecer a Beatriz Sarlo. Ocurrió cuando dijo que “el voto a Stolbizer es un voto Poncio Pilatos”. La integrante de Cambiemos aludía a que se trata de un voto que no tiene en cuenta la batalla por el poder real en la Argentina.
En efecto, se trata de un sufragio “principista” que permite recostarse confortablemente en razones ideológicas presuntamente profundas e innegociables y, con tal argumento, ponerse afuera de la disputa real por el poder.
En el fondo de un voto tal, anida un concepto que ha sido claramente explicitado por la propia Sarlo cuando afirma que Scioli, Macri y Massa “son lo mismo”. Curiosa y elusiva idea que revela el placer de cubrirse con un paraguas que ponga a salvo de cualquier gobierno para, de ese modo, poder ejercer, siempre desde afuera, la crítica sabihonda.
La misma objeción que hace Carrió al voto a Stolbizer puede hacerse al que apunta su decisión hacia Adolfo Rodríguez Sáa, una candidatura inexplicable, alimentada con los restos de aquellas horas finales de su presidencia, en 2001, allá en Chapadmalal, donde se hizo evidente el abandono al que lo habían sometido los peronistas más prominentes.
Rechazado por la alianza UNA, decidió su candidatura más con ánimo de daño por despecho que como una propuesta que pudiera entusiasmar a algún sector importante.
El caso de Massa ya resulta distinto. Allí es donde están los votos que Macri tiene que conquistar si quiere ser presidente. Debe robarle votantes a Massa ya sea para la primera o, en caso de producirse, la segunda vuelta.
Y Macri ya ha comenzado. El lema tácito o explícito es: “El que vota por Massa, favorece que Scioli sea elegido presidente en la primera vuelta”.
Pero si no se ha dado un vuelco masivo hacia Macri tras las PASO, es quizá porque el candidato de Cambiemos provoca amplias e importantes resistencias entre los votantes de Massa. Es probable que, entre los que eligieron a Massa haya muchos que no estén dispuestos a votar a Macri de ningún modo en una segunda vuelta y prefieran inclinarse por Scioli quien, piensan, no es kirchnerista puro.
A menos de dos semanas de las presidenciales, esta vez hay todavía un margen de duda acerca de lo que puede ocurrir.