Nuevo capítulo de la novela Macri – Massa



Por Gonzalo Neidal

macrimassaTras las PASO y con la confirmación casi exacta de los pronósticos de las encuestas, ha vuelto a resurgir la idea un tanto obvia e infantil, de un acuerdo entre las dos fuerzas que ocuparon el segundo y tercer lugar en las internas, las que acaudillan Mauricio Macri y Sergio Massa.
El cálculo es bien sencillo: si entre ambas alianzas llegaron al 50%, entonces es ése y ningún otro el camino para derrotar a la lista oficialista que lidera Daniel Scioli. Muchos dicen que está al alcance de la mano la posibilidad de terminar de una vez por todas con el ciclo kirchnerista, que sólo faltaría una actitud racional por parte de ambos dirigentes, que cada uno de ellos resigne egoísmos y ambiciones en pos de acceder al poder y desplazar al kirchnerismo.
Pero las matemáticas elementales no suelen llevarse bien con la política. Los fríos números no tienen en cuenta las emociones de los votantes, su frágil e indiscernible humor, que suele llevarse a las patadas con la pura razón, con el el pensamiento lineal y el llamado sentido común.
La pensadora política Beatriz Sarlo lanzó una idea contundente en su formulación pero dudosa en sus resultados probables. Dijo que, si María Eugenia Vidal y Massa retiraran sus candidaturas y decidieran apoyar a Felipe Solá para la Provincia de Buenos Aires y a Macri para la presidencia, ganarían ambos distritos. No dio otra explicación que las cifras de las PASO.
Apenas terminadas las internas hubo señales desde los bandos de Macri y de Massa a favor de conversaciones indeterminadas a fines de acercar posiciones para un acuerdo. Pero rápidamente, de uno y otro lado volvieron a tomar distancia y cada uno lo hizo con argumentos, en algunos casos, bastante sólidos.
El más expresivo de todos ha sido, sin dudas, Felipe Solá. Respondió con un “jódanse”, a la posibilidad de un acuerdo con Macri. Argumentó que el tiempo de un acercamiento ya había pasado y que “hubo mucho egoísmo por parte del PRO”. Pero inmediatamente afirmó que la alianza que integra tiene identidad propia.
Massa fue mucho más allá y aportó argumentos políticos irrebatibles. Primero aseveró, con gran liviandad: “¿Cómo voy a pactar con una persona que no sé cómo piensa? No le escuché ni una sola propuesta”. Flojísimo argumento, carente de todo sustento. Macri tiene un perfil bastante claro acerca de lo que su grupo político representa en la política argentina. Podrá coincidirse con él o no pero de ninguna manera alegar ignorancia acerca de lo que piensa.
En el mismo reportaje, el propio Massa vuelve sobre sus pasos cuando afirma: “Expresamos cosas distintas Macri y yo, y no hay nada más espurio que un pacto de espacios que expresen cosas distintas”. Esto ya constituye un argumento para tener en cuenta. No tanto en su primera parte: los acuerdos políticos se realizan, precisamente, entre fuerzas que piensan distinto y expresan cosas diferentes. De eso se trata un acuerdo, de buscar coincidencias y posponer las divergencias y distancias, en busca de un objetivo común.
Entonces, no es que Massa desdeñe un acuerdo con Macri en razón de que no sabe lo que piensa el Jefe de Gobierno porteño sino porque sabe muy bien lo que él representa a punto de comprender que ambos expresan “cosas distintas”, según dijo.
Teme, y es razonable, que ese acuerdo sea sancionado por el electorado por considerarlo espurio, es decir, carente de genuinidad y únicamente enderezado a la conquista del poder.
La franja electoral que representa Massa es predominantemente peronista no-K. Los votantes de Macri, por su parte, mayoritariamente rechazan el peronismo en todas sus variantes, a las que ven muy parecidas más allá de los matices.
Pero para los comicios de octubre el mazo electoral se vuelve a barajar, al menos en alguna medida. Es altamente probable que los que votaron por Scioli repitan su voto pues, en general, es gente muy satisfecha con el gobierno de Cristina y ven al candidato del Frente para la Victoria como el continuador de su proyecto.
Pero no sucede lo mismo con Macri y Massa. Para tener aspiraciones reales y tangibles, Macri deberá, primero, volver a seducir a los que votaron por Elisa Carrió y Ernesto Sanz en las PASO. Luego podrá pensar en intentar convocar el voto de sectores peronistas que se expresaron a través de Massa. No es para nada sencillo pero es su única oportunidad.
De tal modo, la mentada alianza entre Macri y Massa solo podrá verificarse, como se decía en los setenta, “en las bases”, es decir en los votantes. Ahora que se conoce la tendencia del electorado, es probable que muchos muden sus votos para hacerlo valer, con verdadera eficacia, conforme a su objetivo anti-K.
Quedan flotando también, por ejemplo, los votos que obtuvo Adolfo Rodríguez Saá y los de José Manuel de la Sota. En este caso, los votos cordobeses, sobre todo los obtenidos por el gobernador de Córdoba en el sector rural, es probable que rumbeen hacia Macri, por simple afinidad política.
Sin embargo, todas estas no dejan de ser meras especulaciones. Todavía falta mucho para las elecciones. Mucho, no tanto en tiempo medible sino en posibilidades de cambio en la situación política y en el humor social.