FpV desdobla estrategia: municipales y presidenciales



Por Juan Pablo Carranza
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El domingo 9 de agosto los rostros en el Orfeo Suites –donde se encontraba el búnker K- no podían disimular su desazón. El pálido resultado que cosechó el kirchnerismo en las PASO en este distrito sembró un derrotero de caras largas. Los caciques no ocultaban su frustración, pero como buenos escribas del relato, supieron camuflar los números en la provincia, para celebrar la performance nacional que dejó a Daniel Scioli como el precandidato presidencial más votado de las primarias.
En un primer momento, los caciques K locales se mostraron desconcertados. Jamás imaginaron que podían retroceder hasta las primarias legislativas del 2013, cuando Carolina Scotto, ahora fuera del sistema político, apenas arañó los 12 puntos en aquel frío agosto. El último porcentaje -14,66% para ser exactos- inclusive mostró una considerable retracción en relación a las elecciones provinciales, cuando Eduardo Accastello, camufló su condición K, y no llegó a superar los 18 puntos.
La primera evaluación mediática que hicieron los caciques la noche del 9 de agosto fue dirigida precisamente hacia ese blindaje con el que la dupla José Manuel De la Sota-Juan Schiaretti custodia el PJ. Desde su rol de primera candidata a diputada nacional, Gabriela Estévez, instó al electorado justicialista a acompañar a Scioli en octubre.
Luego sobrevino una autoexculpación de los caciques. Intentaron disfrazar este mal trago y evitaron compartir su apreciación sobre los pálidos resultados. No obstante, el pase de factura finalmente llegó.
Los caciques K se reunieron en el local que otrora cobijara la candidatura de Scotto dos veces (el miércoles y el domingo pasados) para analizar los detalles de la elección, es decir los errores. Para qué andar con eufemismos.
Sin emisarios de Villa María – feudo K por excelencia en donde Accastello tampoco pudo ofrendarle a Scioli una nueva victoria- los dirigentes cordobeses mantuvieron dos catárticas reuniones.

Peronización de UyO
Luego de los acalorados reproches e imputaciones cruzadas, los líderes de las tribus elaboraron un documento para intentar permear sobre el electorado peronista: (…)con vistas a las Generales del 25 de octubre y la situación particular de la Provincia de Córdoba, donde se buscará sumar los votos peronistas que no acompañaron al Frente para la Victoria en las PASO, y así hacer la mejor contribución desde este distrito para el triunfo de la fórmula (…)” oficialista.
Sin embargo no se puede obviar que el kirchnerismo puro (identificado con UyO) no seduce al electorado cordobés y que no es posible competir contra la aceitada maquinaria del peronismo, a pesar de contar también con recursos.

Intendencia: voto duro
En el calendario, los dirigentes K cordobeses tienen una parada anterior no menor en la que planean una estrategia inversa: apostar al voto duro. La elección municipal es un hito importante para el kirchnerismo vernáculo – no así para Scioli-, que por primera vez tendrá un candidato propio compitiendo por el Palacio 6 de Julio. Daniel Giacomino el soldado de la presidenta, fue el bendecido por la Casa Rosada para encabezar esta empresa.
Su candidatura está apuntalada por todas las tribus. Representantes de los más diversos espacios K tienen su lugar en la nómina municipal (exceptuando a Movimiento Evita). Este no es un dato menor para el kirchnerismo cordobés, que buscará reivindicarse frente a la Casa Rosada traccionando el voto propio para el actual diputado nacional.
En las municipales buscarán consolidar el voto duro. Una apuesta que antes de las PASO parecía más sencilla pero que ahora amanece un tanto más complicada. Por esta razón Giacomino y los candidatos de la lista K recorren los barrios haciendo campaña incansablemente.

Estrategia naranja
De todas formas, los embajadores naranjas no depositan sus esperanzas exclusivamente en Unidos y Organizados; sería necio hacerlo. Por eso despliegan también su propia estructura, tanto política como sindical. Así como los caciques K buscarán kirchnerizar la elección municipal, ellos saben que deben peronizar la campaña presidencial, así como hizo Accastello en la provincial.
Desde La Plata intentarán inocular sciolismo nacional para octubre; la intervención no sería incompatible debido a que De la Sota ya no encabezará la lista presidencial de UNA. En esta tarea están los dirigentes que no comulgan bajo el paraguas de UyO, pero refirman su fe K, ahora con matices anaranjados. Percutir sobre el peronismo de cara a octubre es la tarea que se han propuesto. Dos figuras locales amanecen en este armado: Ricardo Moreno y Martín Gill.
Mientras desde UyO buscan redimirse con su performance en las municipales, los dirigentes de inconfundible génesis peronista, como Moreno, apuestan a conseguir una nueva visita de Scioli. Esbozan la propuesta de realizar otro acto masivo, como fue aquel en el que debutó la fórmula presidencial. Aún no está confirmada la fecha, pero aspiran a concretar sus deseos antes de la elección municipal (entre el 21 y el 31 de agosto) en un escenario propiedad de un empresario dinosaurio afín al gobierno nacional. La agenda del presidenciable FpV hoy esta copada por la situación que afecta a la Provincia de Buenos Aires. Una vez que esté más alivianada recién se podrá tener alguna precisión.
Scioli sabe que si no quiere verse sometido al trauma de un ballotage deberá raspar una porción de votos que tiene en sus manos De la Sota. Habrá que ver cómo le va nuevamente buscando “predicadores”, como dijo Carlos Zannini, cuando discursó por primera vez en Forja hace unos meses.