Nos vemos en la imprenta de Vicente Rossi

Por Víctor Ramés
[email protected]

Cosas de negros portada sepFigura atractiva la de Vicente Rossi, hombre oriental que se aquerenció en esta Córdoba y fue una pieza clave de lo más genuino de la producción cultural que enriqueció la merecida fama de la docta ciudad y provincia, durante la primera mitad del siglo XX. Periodista, escritor, tipógrafo, editor, investigador, opinólogo irredento y sobre todo polemista profesional, Rossi nació en Santa Lucía, Departamento de Canelones, Uruguay, y vino a establecerse en Córdoba a los 27 años, en 1898, donde residió hasta su muerte en 1945.
Desde 1904 estuvo al frente de su Imprenta Argentina, usina de ediciones indeleblemente inscripta en el origen de la actividad editorial cordobesa. A través de ella, Vicente Rossi dio a conocer a una generación entera de intelectos locales como Arturo Capdevila, Raúl y Arturo Orgaz, Martín Gil, Enrique Martínez Paz, Ignacio Ferrer, Dardo Rietti, Justino César, Leopoldo Velasco, Carlos R. Melo, entre otros. Algunos de esos nombres fueron parte de un círculo de ideas que conectó con la reforma universitaria de 1918. La Imprenta Argentina era además foco de encuentros que mantenían viva parte de la vida pensante progresista, a una década de comenzado el siglo. Allí se podía ver, por ejemplo, a Leopoldo Lugones, al pintor y poeta Octavio Pinto, o incluso en ocasiones a los actores y empresarios Pepe y Pablo Podestá, de quienes Rossi era paisano y amigo.
A su intensa labor como editor, sumaba don Vicente su maestría como artesano tipógrafo. Una nota del prólogo de Horacio Jorge Becco a la edición de 1958 de Cosas de Negros, informa que “la Imprenta Argentina obtuvo en la Exposición Industrial del Centenario (Buenos Aires, 1910) medalla de plata y diploma de honor por ‘artes gráficas’. En la Primera Exposición del Libro Argentino, año 1928, recibió diploma de honor por sus ediciones.”
Por supuesto, Vicente Rossi también se editó a sí mismo, y aunque dio frutos que todavía se pueden saborear, nunca dejó de ser “un escritor mal conocido y situado al margen del sistema literario, que se nutría de la investigación histórica como de la crónica de costumbres”, según lo define Sergio Pujol en un artículo. No obstante su nombre ha sobrevivido a su época, y fue Vicente Rossi pródigo y también multifacético. Su primer libro fue Cardos, una serie de relatos gauchescos editado en 1905. Entre 1907 y 1910 publicó en una revista porteña una serie de cuentos que firmó con el seudónimo William Wilson -homenaje explícito a Edgar Allan Poe- y que reunió luego y editó con el título de Casos policiales, en 1912. Esa publicación supuso un temprano antecedente de la narración policial detectivesca en la Argentina, que seguía los modelos de Poe y de Arthur Conan Dolyle.
En 1910 dio a luz sus ensayos sobre Teatro Nacional Rioplatense, contribución al análisis y a la historia del género dramático de esa región cultural. Su vínculo con los hermanos Podestá le dio acceso a información de primera mano para algunos estudios del libro. Y esa relación también animó a Rossi a meterse a dramaturgo, cosa que hizo e incluso se estrenaron sus dos obras por la Compañía de Gerónimo Podestá: Cambio de Firma, en 1913 y La vida es cuento en 1917. En este último año Rossi comenzó a publicar una serie de cuadernillos sobre temas filológicos e idiomáticos, los Folletos lenguaraces, que aparecieron hasta 1945. Fueron la tribuna del autor para opinar y arremeter contra el academicismo. Rossi se preocupaba por resaltar la lengua popular viva, el cocoliche inmigrante, el habla del criollo, del negro y del indio.
El Rossi polemista se caracterizaba por hacer afirmaciones tajantes, a veces con escasos respaldos documentales, y en algunos casos incluso ofensivas y descalificadoras para sus rivales.
Su obra más renombrada y también ignorada o desestimada por sus contemporáneos, fue Cosas de negros, publicada en 1926. Aun hoy se discuten sus tesis sobre la raíz afro del tango y la milonga, o sobre suorigen uruguayo, pero el aporte de Rossi sobre la cultura afro-rioplatense mantiene el valor de ser fuente próxima a una época, y el aporte de una persona apasionada por los temas que abordaba.
En los intersticios de sus obras, Rossi se dio tiempo para editar una Guía Serrana Cordobesa de 1927 a 1933, al decir de Horacio Jorge Becco, “con característicos comentarios folklóricos e históricos, muy discutible como la mayor parte de sus escritos”.
Sin duda la actitud desafiante de Rossi obedecía a una básica necesidad de comunicación intelectual. Borges, su declarado admirador, menciona la soledad del autor uruguayo entre sus contemporáneos, en una cita que nadie osa omitir cuando se trata de Vicente Rossi:
“Este, ahora inaudito y solitario Vicente Rossi, va a ser descubierto algún día, con desprestigio de nosotros sus contemporáneos y escandalizada comprobación de nuestra ceguera.”
El juicio de Borges, certero, le dio una pátina dorada al nombre del incansable luchador oriental desde el llano, alumbrando su figura para siempre. Concluir con una cita borgeana es golpe bajo en manos de cualquier autor, pero efecto irresistible a este modesto divulgador y juicio ejemplar sobre Vicente Rossi:
“Los ahora indiscutibles desméritos de su autor (parcialidad en la información, desconsideración en el modo) servirán para dramatizar su carácter. Sus incorrecciones no importan. Nadie ha sido inhabilitado para la gloria por causa de su incorrección, así como nadie ha sido promovido a ella por buena ortografía”.