¿Operativo retorno de Accastello al PJ?

Por Juan Pablo Carranza
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p04-1El fantasma del resultado que consiguió Carolina Scotto en el 2013, terminó por sobrevolar el búnker de Córdoba Podemos en la noche del domingo. El desfasaje entre las expectativas y la performance en las urnas de Eduardo Accastello provocó desánimo en el kirchnerismo local, que sobreestimó la hipótesis de conquistar un segundo lugar.
Más allá de esta pequeña diferencia de menos de dos puntos porcentuales (1,95%) con las legislativas de hace dos años, el debut del kirchnerismo en una elección ejecutiva tiene otras aristas atendibles.
A pesar del resultado, Accastello puede acreditar algunos méritos. En primer lugar, a través de la versión sui generis del kirchnerismo, el FPV conquistó por primera vez una bancada originaria –y también heterogénea- en la Legislatura.
En un escenario donde Unión por Córdoba no cuenta con la mayoría automática de la Unicameral, los legisladores pueden fungir como prenda de unidad para garantizar la gobernabilidad, puentes políticos mediante. De hecho, el propio Accastello envió gestos al oficialismo provincial y afirmó que “no serán oposición, sino alternativa”. Además, algunos de los primeros nombres de la boleta ya hicieron llegar su intención de buena voluntad a Juan Schiaretti.
Sobre estos lazos es que Accastello posiblemente diseñe una estrategia para su “operativo retorno” al PJ cordobés. En un probable escenario con Daniel Scioli en la Casa Rosada, las dos versiones del peronismo local podrán acercar sus márgenes después de diciembre, más fácilmente.
Abierto el proceso de recambio en la política provincial, Accastello palpita las próximas contingencias del peronismo cordobés. Revalidar su ciudadanía justicialista puede ser una empresa complicada, pero el intendente de Villa María tuvo la precaución política de no cerrar todas las puertas del partido. Si bien fustigó a Schiaretti durante la campaña, se cuidó de arremeter contra José Manuel de la Sota, quien el domingo tuvo un claro gesto hacia el candidato.
Teniendo en cuenta este dato vincular, Accastello puede esgrimir su despliegue como dirigente territorial gravitante. Fueron esas jinetas las que le valieron las consideraciones de De la Sota durante su primer gobierno, antes que se sumara a las filas del kirchnerismo, ahora en proceso de mutación hacia el sciolismo.
Los números le dan un crédito a su favor. Accastello puede lucir un porcentaje considerable de votos que lo dejó en el tercer lugar: 312.004 según muestra el escrutinio provisorio. Aunque no se trata de un resultado atribuible enteramente al villamariense, el número es más que atendible si se siente en cuenta que en el 2013 Martín Llaryora, por dentro de la estructura partidaria, desafió a la conducción del PJ y alcanzó el 6,65%: 129.998 sufragios en total.
Estas consideraciones tienen relevancia puertas adentro del peronismo. Seguramente desde La Plata esperaban un par de puntos porcentuales más. Una cifra cercana al 20% habría dejado más conforme a Scioli. De todas maneras, un 17,20 % en una provincia adversa al kirchnerismo no es una base despreciable para ningún candidato presidencial. Eso puede argumentar Accastello.
Aunque el kirchnerismo no lo tenga en cuenta, el intendente de Villa María también puede arrogarse ser el primero en arriesgar capital territorial en una elección ejecutiva, donde el voto tiende a la concentración, a diferencia de las legislativas donde suele ser más disperso.
Los desempeños de los intendentes K no lograron superar a Unión por Córdoba en varios de los pagos chicos que administra el kirchnerismo. Inclusive Fabián Francioni, uno de los favorecidos por la inclusión de Carlos Zannini en la fórmula presidencial oficialista, no pudo celebrar en su propia ciudad. No obstante, hay egos que siempre acusan y buscan llegar rápido a la Casa Rosada.
Pero para el kirchnerismo más duro la elección no estuvo a la altura de lo que indicaban los sondeos. Esperaban más que un crecimiento vegetativo en relación a la elección pasada. Esa factura Accastello sabe que tiene un costo. Toma fuerza entonces el nombre de Daniel Giacomino, en algún punto objetado por el accastellismo, para convertirse en el candidato a la Intendencia K.
Sin este veto, el exintendente goza de cierta primacía sobre el resto de los aspirantes, básicamente porque ninguno mueve el amperímetro electoral y carecen de exposición mediática. El resultado lo deja a Accastello casi sin poder de decisión sobre esta candidatura y podría tener otras consecuencias al interior del kirchnerismo local; pero por ahora recién están comenzando las evaluaciones. Resta ver cómo se expiden la Casa Rosada y La Ñata de la elección en Córdoba.