Vino para quedarse

Por Leandro Querido
Director Ejecutivo de Transparencia Electoral

Sin dudas este sistema de votación representa un avance significativo. Su impacto positivo quizá no sea tan evidente en un distrito como el porteño, ámbito en el cual las elecciones presentan una corrección difícil de encontrar en la mayoría de las provincias de nuestro país, pero seguramente esta experiencia podrá replicarse en otras provincias y además alentará un debate acerca de su aplicación en todo el país.
En Salta su puesta en práctica ha sido muy exitosa. Se aplicó de modo gradual y con el sello de política de Estado. Fue impulsada por el gobierno provincial, asumida por el Tribunal Electoral y legitimada por unanimidad en la Legislatura.
Solo en la última elección se escuchó una crítica al sistema que no por casualidad provino de un dirigente tradicional cuya acumulación política es la resultante de la manipulación del sistema de votación manual. Lo cierto es que la BUE mejoró la competitividad electoral, entre otras cosas por permitirle a los fiscales de partidos de menor envergadura controlar y computar el acto electoral, también impidió que se siguieran utilizando prácticas como el voto cadena o el robo de boletas, y trajo enormes ventajas en cuanto al desarrollo del escrutinio de mesa y provisorio.
En las últimas elecciones hicimos desde Transparencia Electoral un estudio de campo en donde todos estos elementos que hemos remarcado fueron así percibidos por los fiscales de la mayoría los partidos políticos.
El tratamiento mediático que se la ha dado a este sistema de votación no ha sido el mejor. Se confundió mucho cuando se intentó cuestionar a la BUE con argumentos propios de la urna electrónica. Para algunos especialistas la BUE se encuentra dentro de lo que clasificamos como Voto Electrónico, para otros, en cambio se trata de un sistema que se acopla al sistema de votación tradicional al dotarlo de tecnología. La urna electrónica contiene el padrón electoral, registra el voto del elector y luego lo envía para su totalización. En el caso de la BUE nada de esto ocurre. La opción electoral se imprime en la boleta y en un chip y solo se transforma en voto cuando esta se deposita en la urna convencional.
Los que presenciamos elecciones con urna electrónica (en Brasil o Venezuela por ejemplo) y con BUE (Salta, Marcos Juárez, Córdoba) tenemos muy en claro las diferencias entre ambos sistemas. Son el día y la noche, o mejor dicho: la noche y el día. En Brasil las máquinas no entregan ni un comprobante de “operación exitosa” como en el caso de Venezuela. En ambos casos se trata de una cuestión de fe. En el primero por la imposibilidad de controlar el proceso, en el segundo, por la reputación de la empresa que lo desarrolla que es prácticamente un apéndice del partido de gobierno de Venezuela.
La BUE es un sistema seguro, que no afecta el carácter secreto del voto como sí ocurre en el caso de la urna electrónica.
Ahora debemos resaltar algunas cuestiones que no hacen al sistema de votación sino a su implementación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esta ha sido apresurada y por momentos improvisada. El simulacro llevado a cabo por la Defensoría de la Ciudad de Buenos Aires en las primarias fue muy pobre. Una verdadera oportunidad perdida para capacitar de manera responsable a todo el electorado porteño que debía votar en aquella elección.
Los capacitadores no estaban a la altura de las circunstancias y además, como denunciamos públicamente en su momento, fue utilizado con fines proselitistas. Además no solo se advirtió una falta de articulación tanto entre las áreas de gobierno como entre este y el Tribunal Supremo de Justicia de la Ciudad, que ocasionaron muchas idas y venidas en la implementación de la BUE, sino que también se hizo evidente el error de no convocar a los partidos políticos y a las organizaciones de la sociedad que entienden en la materia a una instancia de seguimiento de la iniciativa. Lo que el gobierno no comprendió es que modificar un sistema de votación no representa una política pública focalizada o de alcance limitado, por el contrario, involucra a toda la sociedad y a la forma en que esta, a través de los partidos políticos, dirime los cargos que se disputan en el sistema de representación. Por lo tanto su implementación no solo debe ser planificada sino también consentida por todos los actores políticos y sociales intervinientes. El proceso de implementación no ha sido amplio ni inclusivo.
Más allá de esta limitación que ha demostrado tener el gobierno de la Ciudad, la BUE vino para quedarse. Los porteños, luego de votar, adoptarán este sistema por el hecho de simplificar aspectos complejos del sistema tradicional de votación. Al hacerlo provocarán un debate nacional acerca de la posibilidad de extender la BUE a nivel nacional para las elecciones nacionales que se realizarán luego de 2015.
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