Grecia y Argentina

Por Gonzalo Neidal

El primer ministro de Grecia en la que se muestra al primer ministro griego, Alexis Tsipras, dirigiéndose a su país a través de un mensaje televisado desde su oficina en Atenas. Tsipras ha pedido hoy el ‘no’ en el referéndum que se celebrará el próximo domingo, pero ha recalcado que esta opción no implica la salida de Grecia de la eurozona, cuya permanencia su Gobierno no cuestiona, pues sigue dispuesto a negociar con los acreedores.
El primer ministro de Grecia en la que se muestra al primer ministro griego, Alexis Tsipras, dirigiéndose a su país a través de un mensaje televisado desde su oficina en Atenas. Tsipras ha pedido hoy el ‘no’ en el referéndum que se celebrará el próximo domingo, pero ha recalcado que esta opción no implica la salida de Grecia de la eurozona, cuya permanencia su Gobierno no cuestiona, pues sigue dispuesto a negociar con los acreedores.

Es inevitable que leamos la crisis griega en clave argentina.
Allá, salvando las diferencias, están presentes muchos de los elementos que han generado crisis recurrentes en la Argentina. Se compara con 2001 pero no estaría mal mirar la situación actual. Y reflexionar.
En economía, parece existir una clara línea divisoria en materia de opiniones para interpretar las crisis y proponer soluciones.
Podríamos utilizar términos que, aunque no del todo precisos, son un modo sintético de explicar las posiciones en danza. Entonces, digamos que de un lado están los “neoliberales”, los malignos partidarios de la economía centrada en el mercado. Del otro, los “populistas”, convencidos de que la economía carece de leyes rigurosas, que todo se puede manejar a voluntad.
Los unos sostienen que la historia reciente de Grecia es la de un país que se ha negado sistemáticamente, durante décadas, a poner freno al gasto público. Un país cuyo estado ha gastado sistemáticamente más de lo que recauda y que sus habitantes han consumido más de lo que producen, durante largos años. Cuando ingresó a la Comunidad Europea, allá por 1981, las tasas de interés de los préstamos que contraía se redujeron drásticamente, en atención a los compromisos de disciplina fiscal que asumía.
Para llegar a los 330.000 millones de euros a los que asciende su deuda actual, Grecia dio un gran salto a comienzos de siglo. El novelista PetrosMárkaris lo ha señalado más de una vez: las olimpiadas de 2004 significaron un enorme despilfarro de recursos contra deuda pública y, a partir de entonces, los problemas se multiplicaron.
Claro: hay quienes hablan de la irresponsabilidad de los bancos y de los países líderes de la CE al momento de dejar que la deuda pública griega aumentara sin problemas. Hay que recordar que los griegos ocultaron sus cifras verdaderas y dibujaban los números de sus cuentas públicas.
Un caso típico de aumento del gasto público, aparición y disparada del déficit fiscal y, como consecuencia de ello, una deuda pública que llega cifras inmanejables. Con los matices propios de la singularidad helénica, estamos ante uno de los problemas más clásicos de la economía de un país.
La adhesión a la CE y al euro, opera en los hechos como una suerte de convertibilidad. Lo decimos en el sentido en que los gobiernos nacionales no tienen capacidad de emisión, recurso populista por excelencia que permitiría devaluar, y crear por algunos meses una sensación de alivio pues habría “movimiento” en la economía y por algún tiempo podría pensarse que el ajuste no era necesario y que se pudo salir de la crisis sin dolor alguno.
En esta posición están los Premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Ellos proponen políticas que llevan inevitablemente al abandono de Grecia de la CE y del área del euro.
Los argumentos de ambos son muy claros: la disciplina lleva a la recesión sin fin, Grecia necesita devaluar y emitir moneda. Piensan que esta vía no lleva al receso sino a un nivel de actividad compatible con la paz social. Es la posición del gobierno de Syriza, encabezado por Alexis Psipras. Por eso, llaman a votar por el NO en el referéndum del domingo próximo, donde el SI representa la voluntad de acordar con la troika integrada por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional.
Krugman habla de la “independencia” de Grecia, que al parecer identifica con la posibilidad de emitir moneda propia, como si ese mecanismo permitiera sobrellevar el déficit presupuestario por un camino que evite el endeudamiento.

Los populistas de acá
No hace falta que aclaremos que los populistas de la Argentina proponen la salida de Grecia de la CE y de la órbita del euro. Ellos llaman a eso “recuperar la soberanía”. Equivale, mutatis mutandis, a la emisión de los “Lecor” y otros bonos provinciales emitidos durante la emergencia y que luego tuvieron que desaparecer. Sirvieron apenas para pedalear por un tiempo los urgentes vencimientos provinciales de sueldos y proveedores.
Si la economía permitiera la emisión permanente y el aumento sin límites del gasto público y el déficit fiscal, no habría escasez ni padecimiento alguno. La disciplina fiscal no es un invento del imperialismo norteamericano sino una práctica que más tarde o más temprano brinda resultados económicos tangibles.
Es un espejismo pensar que puede evitarse el ajuste mediante la emisión y el aumento del gasto público. Los resultados de estas políticas, los argentinos lo sabemos, son siempre transitorios y fugaces. Y luego, regresa la crisis.
Más tarde o más temprano, el ajuste llega. Y es más salvaje que el que se pretendía evitar. Razonar estas situaciones como un apriete de los ricos a los pobres, es una ficción en lo esencial.
Hemos leído con asombro que el Grupo Fénix, un conglomerado de economistas kirchneristas, ha dirigido una carta a la presidenta para pedirle que convoque urgente a una reunión del UNASUR a fines de que América del Sur ofrezca préstamos a Grecia, para salvar su situación actual. A veces, entre economía y humor existe una frontera muy tenue.
La pretensión de que la economía carece de leyes “duras”, el puro voluntarismo discursivo, son características centrales del populismo, que cree haber encontrado la fórmula para lograr el desarrollo de los países sin pasar por los ásperos caminos del sacrificio, el trabajo, la acumulación.
Miremos bien el caso griego. Es un espejo lejano en el que quizá pronto nos reconozcamos.