Puro PRO



Por Sergio Morresi(*)

buenos-aires-el-precandi_417639Hasta hace pocas semanas, muchos creían que la Alianza Propuesta Republicana (PRO) terminaría pactando con el Frente Renovador de Sergio Massa. Sin embargo, en el partido que gobierna la Ciudad de Buenos Aires se decidió andar otro rumbo y lanzar al ruedo una candidatura presidencial “pura”. Sobre el filo del plazo legal para la presentación de fórmulas, se anunció que Mauricio Macri será acompañado por Gabriela Michetti.
La apuesta es fuerte y está destinada a afianzar la identidad y la imagen de un partido nacido de la crisis de 2001 y que busca no sólo ganar las próximas elecciones presidenciales, sino —quizás ante todo— instalarse definitivamente como una alternativa de poder en la Argentina.

Mauricio y Gabriela
No es la primera vez que Macri y Michetti comparten fórmula. En 2007, Macri acudió a ella cuando se presentó por segunda vez como candidato a Jefe de Gobierno de la CABA. Macri había perdido con Aníbal Ibarra el ballotage de 2003 y sus asesores le explicaron que, al menos en parte, aquel primer fracaso había radicado en el hecho de que la fórmula Macri-Rodriguez Larreta carecía del ángel necesario para triunfar. El perfil de ambos candidatos era seco, tecnocrático y demasiado cercano a las políticas neoliberales que habían hecho estallar el país poco tiempo antes. Por eso resultaba imperioso buscar otro co-equiper que sirviese para complementar y suavizar la imagen del ex-empresario. Fue el asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba el que sugirió que el acompañante de Macri fuera una mujer y que esa mujer fuera Michetti. Ella podía aportar el halo de sensibilidad y de frescura que le faltaba a Macri y, además, era “alguien nuevo”, que había llegado a la política partidaria después del “¡Que se vayan todos!”. Así, “Gabriela” se convirtió en el rostro de la sensibilidad PRO. Y PRO ganó en Buenos Aires.
Durante los años siguientes, Michetti revalidó su capacidad de convocatoria. En las legislativas de 2009 fue electa diputada y en las de 2013 accedió al Senado. Su imagen descontracturada y su discurso más centrista que derechista, más humanista que técnico, sirvieron para convertirla en una figura atractiva, no sólo para los porteños, sino también para los electores de otras ciudades argentinas. Sin embargo, en 2015 Gabriela tuvo su primer traspié, al perder en las primarias abiertas y obligatorias (PASO) que ella misma había forzado.

Rebeldía, derrota y reivindicación
A fines de 2014, Macri parecía tener un panorama más o menos claro. Su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, lo sucedería al frente del ejecutivo de la CABA y la senadora Gabriela Michetti lo acompañaría en una fórmula presidencial. Sin embargo, como ya sucediera algunos años atrás, cuando Michetti se negó a “pasar a la provincia (de Buenos Aires)”, la idea del líder de PRO colisionó con la firme decisión de la ex-vicejefa de gobierno que estaba decidida a continuar su carrera política en la Capital. Quizás para evitar que se produjera una ruptura, Macri optó por ceder y permitió que sus delfines se enfrentasen en las urnas. De todos modos, no se mantuvo neutral y brindó su apoyo claro a “Horacio”. “Gabriela” protestó indignada por el favoritismo, pero sus reclamos no sirvieron de mucho.
De todos modos, el triunfo del jefe de Gabinete no fue apenas el resultado del apoyo del líder. Rodríguez Larreta, un político que gusta presentarse como técnico, había estado construyendo pacientemente una red de apoyos territoriales mientras que Michetti había confiado en que su popularidad y su carisma iban a alcanzar. Pero una parte de la política, aún de la nueva política y aún en la mediática y mediatizada Buenos Aires, todavía se juega en los barrios y en las relaciones cara-a-cara. Y allí Rodríguez Larreta demostró superioridad.
Algunos analistas interpretaron que la derrota de Michetti en las PASO iba a resultar en un obligado ostracismo de la senadora y aseguraron que Macri iba a buscar otro compañero de fórmula, uno que no hubiese sido derrotado en ninguna elección. Pero esos pronósticos eran apresurados. Al fin y al cabo, Macri ya había hecho explícita su intención de ofrecer una fórmula sin aliados, candidaturas PRO-puras. Y a la hora de buscar a alguien de su propia fuerza para complementarlo, Michetti seguía siendo la indicada. Mujer, con buena imagen, ejemplo de la “nueva política” con la que PRO gusta identificarse y con un alto nivel de conocimiento por parte del electorado nacional, el nombre de “Gabriela” estaba mejor posicionado que aquellos que se barajaron en los mentideros políticos.

La apuesta de PRO
La apuesta de PRO por una fórmula presidencial pura —para peor porteñísima— ya ha sido interpretada como un reconocimiento de que el macrismo no busca ganar o, lo que es lo mismo, de que se resignó a perder a manos del Frente para la Victoria (FPV). No obstante, es posible ensayar otra línea de lectura, según la cual PRO tiene una prioridad clara: postularse como una alternativa de poder, como una opción (de propuesta, de gestión y de estilo) distinta tanto del kirchnerismo como de otras fuerzas políticas no peronistas. En este sentido, PRO (como el resto de los partidos) pone sus fichas en las próximas elecciones, pero también parece levantar su mirada un poco más allá del mes de octubre y aspira a seguir creciendo aún si no consigue llegar a la presidencia. Porque, cualquiera sea el resultado de los comicios, PRO parece haber llegado al escenario político argentino para quedarse.
La decisión de PRO de integrarse plenamente al paisaje de la democracia no debe ser subestimada. Después de muchas décadas en las que las fuerzas de la derecha y la centro-derecha optaron por caminos no electorales al poder, la apuesta por la urnas de este sector político es quizás la más importante de las novedades del nuevo siglo.

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(*) Dr. en Ciencia Política (Universidad de San Pablo)
Investigador-Docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento, investigador del Conicet. Es autor de libros y artículos de teoría política, análisis sociopolítico e historia reciente. Autor del libro “Mundo PRO. Anatomía de un partido fabricado para ganar”, Planeta, 2015.