Si los clubes quieren dinero deberán jugar limpio

Por Gabriel Cecchini
Coordinador del Centro de Gobernabilidad y Transparencia IAE

2015-05-27_FUTBOLISTA_webArreglo de partidos, doping, nepotismo, barras bravas, racismo, evasión fiscal y una larga lista de otros ilícitos graves ejemplifican las serias falencias y problemas que resultan del mal funcionamiento de las organizaciones deportivas y sus dirigentes. Esto sucede no solo a nivel local sino también regional y globalmente. Basta solo recurrir a noticias recientes de las últimas dos semanas referidas a escándalos éticos en el deporte para tener una idea de la dimensión de los problemas existentes: la condena a prisión por evasión fiscal de Uli Hoeness, gloria del deporte alemán y presidente del Bayern Munich, el juicio que se lleva adelante por soborno contra el fundador de la Fórmula 1 “Bernie” Ecclestone, las renovadas acusaciones por pago de sobornos para la adjudicación de la Copa del Mundo 2022 a Qatar, y el caso de Martín Araujo, jefe de la barra brava de River Plate quien, a pesar de tener prohibido por la Justicia asistir a los partidos de su equipo, fue detenido en plena tribuna con diversos carnets de socios “truchos”, armas blancas y dinero.
Todos estos problemas manifiestan no solo la disfuncionalidad de las entidades deportivas sino principalmente los grandes obstáculos que tendrán que superar para poder funcionar como organizaciones formalmente ordenadas e íntegras. La injerencia del poder político en su funcionamiento y las grandes cantidades de dinero canalizadas en actividades deportivas ciertamente no las ayuda a resolver el problema, en particular en los deportes más populares como, por ejemplo, en el caso paradigmático del fútbol.
Ante este panorama es tentador dejarse llevar por una visión pesimista del porvenir (in)mediato de las instituciones deportivas. Sin embargo, si se presta atención a cambios recientes ocurridos en distintas instituciones deportivas alrededor del mundo hay lugar para el optimismo, en especial en lo que respecta a la creciente conciencia en torno a la importancia de pensar a las organizaciones deportivas como organizaciones formales que deben adquirir las estructuras y controles necesarios de gobierno corporativo que existen en el sector privado y también público, y cuya adopción no hará más que beneficiarlas tanto interna como externamente. Entre otros casos, reformas recientes emprendidas por la FIFA, el Comité Olímpico Internacional con sus “Principles of Good Governance” y la Unión Ciclista Internacional con su implementación de controles y sanciones independientes de programas anti-doping han empezado a dar muestras de un consenso creciente en pos de un cambio real en las prácticas de instituciones deportivas.
El caso de la FIFA ha sido quizás el que ha tenido mayores repercusiones. En 2011 decidió establecer un Comité de Gobernanza Independiente, conformado por representantes de la comunidad futbolística y expertos anti-corrupción liderado por el prestigioso experto y profesor Mark Pieth del Basel Institute on Governance, que en dos años logró establercer un Comité de Ética (con un nuevo código de buenas prácticas, un sistema de cámaras dual investigativo y adjudicatario y un sistema de reporte interno) y un Comité de Auditoría y Compliance, que puso en práctica un programa de cumplimiento normativo integral y supervisa la compensación de dirigentes de la asociación. Ambas fueron instituidas con el nombramiento de autoridades independientes propuestas por el Comité. La reforma se basó entonces en la puesta en práctica de sistemas que no solo controlen, detecten y sancionen sino que también se extiendan a la prevención de hechos de corrupción, fomentando la creación de una cultura de integridad que ayude a impedir la ocurrencia de estos hechos en el futuro. Fue el Comité de Ética a través de su juez Joachim Eckert que dictaminó el año pasado la dimisión del histórico dirigente brasileño João Havelange como presidente honorario de la FIFA por “conducta moral y éticamente reprobable” a raíz de un caso de corrupción investigado en Suiza que encontró que tanto Havelange durante su presidencia en la FIFA como su yerno Ricardo Texeira – quien era dirigente de la FIFA y a la vez presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol – recibieron sobornos millonarios por parte de empresas por contratos de marketing.
Aunque algunas propuestas realizadas por la Comisión de Gobernanza de la FIFA, como la puesta de límites para los mandatos ejecutivos y topes de edad para ejercerlos, no han podido hasta el momento ser implementadas (sí, “Sepp” Blatter seguirá siendo presidente de la institución), las reformas emprendidas han sido vistas como la puesta en evidencia de un “no va más” de prácticas poco transparentes que no solo afectaban internamente a la organización y a sus asociaciones miembro, sino sobre todo crecientemente a su relación con diversos grupos de interés para los cuales los estándares de integridad y transparencia ya no son opcionales sino mandatorios.
Es aquí donde los stakeholders juegan un rol decisivo, en particular las empresas multinacionales: de hecho, estas últimas en su carácter de sponsors de diversos eventos, federaciones, equipos y estrellas deportivos se han dado cuenta de los altos riesgos reputacionales y legales involucrados y, en consecuencia, han empezado a considerar a las organizaciones deportivas como a un actor más de sus cadenas de valor que deben ser evaluadas en cuanto al riesgo que representan y a las cuales se les debe requerir estándares de transparencia y gobierno corporativo previamente existentes al establecimiento de una relación comercial. Las empresas se ven adicionalmente presionadas por las diversas leyes anti-corrupción extraterritoriales existentes de carácter global como la FCPA estadounidense, la Bribery Act británica o la reciente ley anti-corrupción brasileña que imponen a las primeras un estricto control sobre pagos a funcionarios de otros países que involucren contrataciones, licitaciones u otros proyectos públicos así como regalos y otras ventajas, los cuales muchas veces están entremezclados en el sponsoreo de eventos y entidades deportivas. Es así como estas últimas son entonces sometidas a procesos de “due diligence” en base al cual se hace un mapeo de riesgos potenciales, mayores y menores, e incluso en muchos casos deben firmar un código de conducta conjunto consensuado mutuamente.
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