¿Es Reutemann un “forro de ensayo” (Duhalde dixit) del macrismo?

Por Pablo Esteban Dávila

52c435feb365cEn 1999, Eduardo Duhalde mantenía una guerra fría con el entonces presidente Carlos Menem. Aunque nominalmente era el candidato presidencial por el peronismo, era un secreto a voces que ni el riojano ni sus espadas políticas estaban cómodos con su postulación. Una alternativa que se barajaba en la Casa Rosada para sacarlo de carrera era impulsar a Carlos Reutemann, la eterna esperanza blanca del partido. Fue entonces que, cuando Duhalde tomó dimensión de la maniobra, acuñó una frase que devino inmediatamente célebre: “Reutemann es el forro de ensayo del menemismo”. No hizo aclarar que la adulteración de la grafía original “globo de ensayo” no había tenido pizca alguna de error.
A partir de aquella época, Reutemann pasó a la historia como el hombre que, pudiendo haberlo sido todo, optó por quedarse en la trastienda. Sin embargo, esta opción nunca terminó de erosionar el imaginario construido por el menemismo a finales de los ’90, esto es, que el “Lole” podría llegar a la presidencia cuando realmente se lo propusiera. Pese a los 15 años transcurridos, esta idea todavía conserva parte de su encanto original.
Uno de los que supo advertir, recientemente, la perdurabilidad del concepto fue Mauricio Macri. Gracias a las artes de Emilio Monzó (su operador político extra muros, hoy en entredicho) el actual senador Reutemann fue fichado entre las incorporaciones del PRO a inicios de año. El acontecimiento fue celebrado por partida doble. No sólo se incorporaba un justicialista de prestigio al partido amarillo sino que se lo sustraía –nada menos– que al Frente Renovador de Sergio Massa, el otro gran contrincante de la oposición. Al conocerse el pase, muchos políticos de gran experiencia descubrieron su cabeza en señal de respeto: “¡chapó para Macri!”.
¿Cuál era el destino que se le deparaba a Reutemann dentro del PRO? Inicialmente, las especulaciones fueron muchas, pero no necesariamente infinitas. Es un hecho que un dirigente del calibre del santafesino sirve, ante todo, para ser mostrado, y que tal cosa supone una candidatura. ¿Cuál de ellas entonces, entre todas las posibles, podría serle ofrecida? La conclusión más o menos unánime, cierto que fuera de aquella fuerza, es que su destino no podría ser otro que la vicepresidencia. Para estos observadores, obsequiarle con una cosa distinta sería dilapidar su potencial político en minucias.
Este consenso inicial, sin embargo, no parece haber tallado con fuerza dentro del macrismo. La reciente consolidación del poder oracular de Jaime Durán Barba y de su doctrina de la diferenciación política (reducida a la aliteración “pro puro” o “puro pro”, como se prefiera) arroja un manto de dudas sobre el futuro del Lole. No es necesario ser particularmente sagaz para darse cuenta de esta mudanza. En los últimos días han aparecido nombres del riñón como compañeros de fórmula de Macri, entre ellos, el de Marcos Peña, Rogelio Frigerio y Esteban Bullrich. El hecho que haya sido Horacio Rodríguez Larreta quién los mencionara públicamente suma aún más confusión. Las anteriores expresiones del jefe de gobierno, en el sentido que “sería un lujo tenerlo de vicepresidente” habrían caído en el desuso; casi nadie las repite hoy en el entorno del porteño.
Todo es, por supuesto, motivo de conjeturas y, por lo tanto, nada autoriza a emitir un juicio definitivo sobre el destino del Senador. Sin embargo, la ascendencia de Durán Barba en el armado de esta fase de la campaña sí es un dato objetivo. Esto desvaloriza las acciones que Reutemann pudiera tener dentro del PRO y coloca en entredicho cuál sería, a priori, su rol dentro de la estrategia presidencial de Macri.
Es natural que esta incertidumbre produzca interrogantes incómodos, entre ellos, uno inevitablemente relacionado con el aforismo duhaldista: ¿fue el pase de Reutemann, después de todo, un “forro de ensayo” hábilmente urdido por el macrismo? Si esto fuera cierto, ¿aceptaría un rol distinto al de la vicepresidencia o pegaría un portazo ante lo que podría considerar un desaire? Si alguna vez se consideró usado por Menem (alguien que, después de todo, era su mentor político y con quién estaba vinculado ideológicamente), ¿cómo reaccionaría ante su utilización –fuere real o imaginaria– por parte de la dirigencia del PRO, allegados recientes a su vida pública?
Sería humano de su parte, en definitiva, preguntarse qué quiso hacer Macri con él si, al final, lo dejase de lado al momento de optar por su compañero de fórmula. Difícilmente se haya pensado en Reutemann para cimentar las chances de Miguel Del Sel (no ha aparecido en su campaña y tal vez no lo haga nunca) o para hacerlo senador por Santa Fe, un distrito en el que no necesita de nadie para bregar por su reelección. La respuesta, en cualquier caso, podría no ser benévola para con el jefe de gobierno.
El PRO ya ha dado muestras de moverse con torpeza en el ámbito del los nombres propios y el prestigio personal. No hace mucho, en Córdoba, hubo un ejemplo a escala de esta situación. Ante las dificultades para el armado de la Triple Alianza, un Macri destemplado anunció por Cadena 3 que su candidato a gobernador era el empresario Ércole Felippa, otras de las promesas eternas de la política provincial. Al poco tiempo, sin embargo, el bueno de Ércole quedó en la banquina cuando Luis Juez y Ramón Mestre encontraron una forma de compartir un mismo espacio aunque sin soportarse. Este globo de ensayo demostró ser adecuadamente utilitario (forzó un acuerdo que estaba a punto de naufragar), pero es muy posible que su protagonista no haya quedado exactamente conforme con lo sucedido.
Nadie podría suponer que este tipo de conductas son gratuitas. En general, a las personas no les gusta –mucho menos a un político– que su prestigio sea utilizado para construir un proyecto que, a poco de andar, los excluye o que, sin hacerlo, sólo los haya considerado para cumplir con un fin distinto al comprometido originariamente. Este, sin dudas, fue el caso de Felippa… ¿lo será también el de Reutemann? Sería conveniente recordar que, cuando el propio Duhalde intentó sumarse a sus festejos tras obtener la reelección en Santa Fé hacia mediados de 1999, uno de los operadores del Lole le advirtió socarronamente que “el forro se usa una sola vez”. Aunque procaz, no deja de ser una lección llena de sabiduría.